Debemos congratularnos de los éxitos logrados por muchas mujeres, alcanzados, en la inmensa mayoría de los casos, tras un largo camino de esfuerzos y sacrificios, donde nunca habrán sentido que se les esté regalando nada, sino todo lo contrario, pero seguro siempre, envueltas en una entusiasta espiral de ilusión por llegar a la meta previamente fijada con objetivos realistas y realizables, compaginando en muchas ocasiones situaciones familiares complicadas, pero sin desfallecer.
Que la mujer está alcanzando cotas de poder, poco a poco, pero de manera firme y sin retroceder un paso es un hecho, pero no sólo en Política y Empresa, sino en todos los ámbitos, con presencia, al menos en España, en los tres poderes del Estado, algo que debería ir en aumento en base a las cifras destacadas de universitarios mujeres frente a hombres; pero esto es otro cantar, porque aquí entraríamos en terreno pantanoso, arena movediza de la conciliación familiar y laboral versus puestos directivos y de responsabilidad (que a nuestro pesar, sigue siendo en la mayoría de los casos un binomio casi incompatible que obliga a realizar una amarga elección/decisión que implica, en la mayoría de los casos un punto de inflexión en el que no habrá marcha atrás).
Centrándonos en la pregunta que lanzaba al aire el artículo en el que se hacía referencia al libro Dirigir e femenino, sobre si existe un tipo distinto de liderazgo de la mujer, no me aventuraría a afirmar sin más que exista un liderazgo distinto entre hombre y mujer, porque no hay nada más injusto que las generalizaciones. Incluso hablando de mujeres tampoco se puede generalizar porque cada persona es un mundo y hay muchas formas de ser mujer.
No obstante y sin querer caer en este error, es lógico que las mujeres puedan ejercer un liderazgo distinto al de los hombres, en cuanto a matices, y que, en base a ello, el efecto que tenga en el clima de trabajo sea diferente. Debemos partir de la base de que el liderazgo es un mundo, tan complicado como la propia mente humana que es la que, al fin y al cabo, da lugar a la creación del líder. El líder nace o se hace, cuestión controvertida. Yo creo que nace y se hace, no olvidar que lo que natura non da Salamanca non presta ( y esto afecta tanto a hombres como mujeres).
Existen distintos tipos de liderazgo, hasta seis tipos detectados y resaltados en el artículo de Daniel Goleman “Liderazgo que obtiene resultados”, según la cualidad de inteligencia emocional que subyace en cada uno de ellos, debiendo ser utilizados los distintos tipos de liderazgo según la situación a enfrentar.
Partiendo de la base de existencia de los distintos estilos de liderazgo siendo sus manifestaciones externas fruto de un proceso interior, que entre hombres y mujeres puede ser distinto, ni mejor ni peor simplemente distinto, y quien sabe si más eficaz, se podría hablar de un liderazgo diferenciado entre hombres y mujeres.
Hablar de liderazgo femenino puede ser ambiguo y dar lugar a una visión estereotipada de la realidad. Como ya hemos dicho existen estudios que constatan los diferentes clases de liderazgo. Y dentro de esos tipos de liderazgo ¿se podría crear subtipos según sea liderazgo femenino o masculino? Puede ser, yo considero que sí. Es un hecho, una certeza que las mujeres piensan, sienten y actúan diferente a los hombres, por lo que dará lugar, inevitablemente a un estilo de liderazgo y dirección diferente.
La mujer es, por lo general:
· Mediadora, empática.
· Democrática, dialogante, con actitud receptiva y participativa, multidireccional y multidimensional, potencia relaciones interpersonales, cooperación.
· Tiene disponibilidad para el cambio.
· Preocupación hacia el abuso de poder, utilizando la coacción como último recurso.
· Potencia el aprender con los demás.
· Muestra una clara preferencia por enfoques consultivos y cooperativos.
· Desarrolloa políticas de cuidado y apoyo mutuo.
· Presta mayor atención a los sentimientos y al uso de una “inteligencia emocional” más sensible a las emociones y situaciones personales de los demás.
Todas estas características influirán en el estilo de liderazgo y favorecerá el desarrollo de valores y acciones colectivas, ejercicio firme, constante y creativo a la hora de ejercer la dirección. Yo creo que la cualidad básica de inteligencia emocional en las mujeres líderes es la empatía, el saber escuchar, el ponernos en el lugar del otro, el saber comprender con instinto cuasimaternal e intuición femenina que tanto nos ha dado. Así como el emprender y tener en mente proyectos que por ambiciosos que sean no darán nunca miedo.
De entre los distintos tipos de liderazgo el ejercido por las mujeres en su mayoría quedaría encuadrado dentro de alguno de los siguientes: orientativo, afiliativo y democráctico. Si éstas son las características que tienden a definir el ejercicio de las mujeres que tienen el poder, tendríamos entonces que preguntarnos qué pasaría si todos los cargos de influencia y poder en el mundo estuvieren en mano de las mujeres?¿dejarían de existir guerras, industria armamentística y cultura machista?.
Terminar concluyendo que debemos seguir luchando, ya que hoy en día, el ser mujer, por inverosímil que parezca, en algunas culturas, sigue siendo símbolo de oscuridad, infelicidad e infanticidio femenino. No debemos conformarnos nunca, siempre debemos seguir luchando, haciendo continuos análisis de nuestras debilidades y fortalezas para una vez detectadas combatirlas y convertirlas en fortalezas y oportunidades, que nos harán más competitivas.
Igualmente destacable es resaltar la necesidad de superar el handicap de la edad que nosotras mismas nos autoimponemos, hay que tener presentes a las mujeres que han conocido el éxito y llegado al poder a partir de los 60, por ejemplo Pratibha Patil (Presidenta De la India, abogada, llegó al poder a los 72 años), Ellen Jonson Sirleal (Presidenta de Libia a los 67 años) Tarja Halonen (llegó al poder a los 64 años, primera Presidenta de Finlandia).
No obstante queda mucho por hacer. La función de la mujer ha estado reducida de forma tradicional al ámbito de lo doméstico y privado y por ello cuando accede al mundo laboral y público, en puestos de responsabilidad, se encuentra con dificultades de tipo familiar y del entorno sociocultural por las influencias ideológicas, ya que aún hoy lo que se espera socialmente de una mujer es que sea madre de familia y esposa, y que en ningún caso sacrifique su vida familiar por la laboral, en cuyo caso se encuentra la mujer sometida a críticas que le pueden afectar psicológicamente, y abandonar la lucha por su carrera.
Debe abrirse la brecha de la normalidad futura de la visión de las mujeres ejerciendo el poder en nuestra sociedad, posibilitando el cambio en el estilo de ejercer el poder en las organizaciones en las que forman parte. El cambio es posible y cada vez lo tenemos más cerca, todo depende de nosotras.