Cuando vi la convocatoria del concurso supe que tenía la obligación moral de escribir porque, mi querido “Mus”, tú siempre has sido mi muso y creo que, en realidad, podrías serlo de cualquiera de las secciones de la revista”Mujer Hoy” y si no, vamos a comprobarlo haciendo algo que a los dos nos encanta: dar un paseo por algunas de sus páginas.
Desde que eras un cachorro has demostrado tener unas dotes innatas para la creatividad que podrían rivalizar con las de los diseñadores más afamados. Así que a cualquier zapato que se cruzara en tu camino lo acababas transformando en mule, que ya sabemos que es mucho más glamouroso. Claro que la última vez que tuviste un arranque de esos fue en una casa rural que, como era de un amigo, no tenía pensado cobrarnos y, la verdad, no fue muy delicado por tu parte que le convirtieras en cabriolet sus mejores zapatos de caza.
En la sección de estilo tienes mucho que aportar y no sólo por esas maneras aristocráticas que despliegas caminando sino porque es tal tu vigor, que en la mayoría de nuestros paseos acabo adoptando una pose de esquiadora acuática que es el colmo del estilo. Prometo que, si Dios me da salud suficiente y para entonces la artrosis no me llega a las pestañas, el día que acabe de pagar mi hipoteca me compraré un yate para aprovechar esta rutina de entrenamiento que con tanto tesón me has aplicado.
Quizá sea en la sección de nutrición donde puedas dar unos consejos más polivalentes, desde las recetas anticrisis – pues siempre estás bien dispuesto a comer cualquier tipo de sobras – hasta las cardiosaludables, ya que hiciste un considerable esfuerzo por recuperar el casi olvidado bocadillo. Te comiste las dos barras de pan que había comprado para la cena que les preparé a mis amigos este verano y eso que, ingenua de mí, las había dejado en lo más recóndito de la encimera. Al día siguiente completaste el mensaje: aprovechaste que me levanté un minuto a responder al teléfono para comerte mi filete, pero eso sí, con tus habilidades de prestidigitador, añadiste un toque de suspense muy cinematográfico, dejando la tapadera del microondas exactamente en la misma posición que estaba antes, como si no hubiera pasado nada.
En la sección de belleza, es obvio que a ti te sobra, pero lo más loable de tu actitud es ese afán por desmaquillarme cada vez que regreso a casa. No sé si es que sabes que eso es algo esencial para el cuidado de la piel, o si es que ya te has enterado de lo de la hipoteca y quieres echarme una patita ahorrándome un gasto, o si más bien, es que te has hecho partícipe de los mensajes de Eva y Lilith que aprecian la belleza de las mujeres más allá del maquillaje.
Pero, sin duda es en la sección de “hablemos de sentimientos” donde mejor se transluce tu hondura. Cada vez que apoyas tu pata sobre mi mano, ladeas tu cabeza y me miras directo a los ojos, me transmites toda tu sabiduría perruna. Esa que se resume en una sola frase: “Lo afectivo es lo efectivo”.