El pionero de la revolución científica, Francis Bacon, pronunció una de las frases más aceptadas sobre el poder: “¡Cuán extraño deseo ambicionar el poder y perder la libertad”. Lo más curioso de esta cita, no es su contenido, sino quién la pronunció, el hijo de una de las mujeres más ilustradas del Siglo de Oro de las Bellas Letras, Ann Cooke Bacon. Mujer de carácter fuerte y muy inteligente, que educó, e ilustró, a su hijo Francis Bacon, por lo que no es de extrañar que tuviera esta concepción sobre el poder, ya que su madre fue una líder en la Casa Real de la Reina Isabel.
Cuanto más poder tiene una persona menos libertad puede ejercer. Una libertad entendida como la “condición de las personas no obligadas por su estado al cumplimiento de ciertos deberes”, según acepción recogida por el Diccionario de la Lengua Española.
Las mujeres apreciamos bastante más poder disfrutar de nuestra libertad, al poder en sí mismo y, así lo demuestran las estadísticas. El Instituto Nacional de Estadística (INE) ha editado “Mujeres y hombres en España 2008”, en el que se recoge que los hombres en activo dedican una media de algo más de cuarenta horas semanales al trabajo, una dedicación que se reduce a las treinta y cuatro horas en el caso de las mujeres. Según este estudio, los hombres destinan más horas semanales al trabajo y por periodos más dilatados de tiempo. Si a este tiempo de dedicación laboral le sumamos que la tasa de actividad de las mujeres solteras es significativamente más alta que la de las casadas, tenemos otro punto de reflexión sobre el liderazgo y la mujer.
La mujer tiene unas cualidades, algunas innatas y otras a desarrollar, que la convierten en una potencial líder. Sin embargo, el liderazgo también se nutre de tiempo y de dedicación en porcentajes que las mujeres (sin generalizar) no están dispuestas, ni interesadas, a alcanzar.
Hace un tiempo, cuando surgió el debate sobre la Ley Orgánica para igualdad efectiva de mujeres y hombres, durante la celebración de una conferencia sobre dicha ley, cuyo auditorio estaba compuesto sólo de féminas, una oyente levantó la mano para declarar que para ella dicha ley era discriminatoria para la mujer, a lo que el resto del auditorio contestó con abucheos. Esta señora pidió que le dejaran continuar y, preguntó a las presentes cuántas de ellas eran trabajadoras, todas levantaron la mano; después preguntó cuántas eran casadas, un porcentaje bajo las manos; seguidamente consultó cuántas eran madres, la representación volvió a disminuir. Finalmente preguntó cuántas de esas mujeres trabajadoras, casadas y madres estaban dispuestas a invertir más horas en su trabajo a cambio de un puesto de mayor responsabilidad y poder, todas bajaron las manos.
Las mujeres valoran mucho, y consideran importante, el tiempo en familia, y por eso, en términos generales (siempre hay excepciones) no ocupan más puestos de responsabilidad porque esto supone invertir más tiempo en el trabajo en detrimento de la familia.
El cuarto trimestre del 2007 registró 2.383.000 personas ocupadas a tiempo parcial, según estudio del INE, de las cuales un 80,4% corresponde a mujeres. Los motivos de la elección de la jornada parcial son varios: obligaciones familiares; imposibilidad de encontrar un trabajo a jornada completa; y para cerca de un 14% de mujeres con jornada laboral a tiempo parcial es porque no quieren trabajar la jornada completa. Este análisis hay que completarlo con los datos facilitados por la Encuesta de Población Activa (EPA) que indican que el número de mujeres españolas casadas y que trabajan se ha ido incrementando anualmente.
La situación laboral de la mujer en España está mejorando e irá ocupando más puestos de responsabilidad o de poder, cuando ella quiera. Es cierto que llegar a la cima cuesta trabajo, tiempo y dinero, un esfuerzo ya de por sí de “héroes”, sin contar con los contratiempos que pueden poner en el camino los “villanos”. No se puede analizar una situación fijándose solamente en las patologías, en el llamado “techo de cristal”. La experiencia de una parte de la población femenina no es representativa de este sector de la sociedad. Esto no significa que haya que obviarlo, al contrario, hay que invertir trabajo, tiempo y dinero para erradicarlo.
En definitiva, la mujer es lo suficientemente inteligente y valiente para valorar su situación familiar y laboral y, decidir qué es lo que realmente quiere para que su vida sea plena y actuar en consecuencia. Y como susurró Laura Dern en la película Jurassic Park :”El hombre crea a los dinosaurios. Los dinosaurios se comen al hombre. La mujer hereda la Tierra…”. ¿Realmente es lo que queremos?