Redaccion

Tuna

Tengo tantas anécdotas de mi perrita que podría llenar un libro, pero baste ésta para demostrar su inteligencia y su bondad:

Tuna llegó a mi vida justo cuando más la necesitaba. Acababa de fallecer mi padre repentinamente, sumiéndonos en un profundo dolor. Tenía apenas un mes cuando mi vecina la pasó a casa. Mis tres sobrinos, que estaban de vacaciones, no quisieron separarse de ella, así que, sin verlo ni desearlo, nos vimos con la perrita en casa. Pronto le cogimos cariño y fue el juguete de todos.

Paso el verano. Los niños se fueron a la ciudad y Tuna se hizo adulta. Un día, sin que yo pudiera evitarlo, se escapó de casa. La buscamos por todo el pueblo sin encontrarla. Al anochecer volvió, sucia y llena de barro. Algo en su mirada nos hizo comprender que había encontrado novio. Tres meses después nacían sus tres cachorros, Lucas, Fusi y Golfito. Tres semanas después empezaron a abrir los ojos y a salir de su rincón.

Un día, Golfito, el más pequeño, amaneció con un enorme bulto en el cuello que apenas le dejaba respirar. Cuando lo llevamos al veterinario, nos dijo que era muy pequeño para operarlo, y que probablemente moriría; nos recomendó ponerle un corticoide en la zona inflamada para aliviarle el dolor y nos dijo que lo apartáramos de la madre, porque si ésta le lamía podría cortársele la leche y no podría dar de mamar a los otros dos, con lo cual morirían los tres. Así lo hicimos, pero Tuna, como buena madre, no quiso separarse de su cachorro enfermo. Se olvidó totalmente de los otros dos, instalándose con el enfermito, sin que pudiéramos apartarla en modo alguno de él.

Tuvimos que alimentar a Lucas y Fusi con biberón, mientras Tuna lamía una otra vez el tumor que había llegado a tener un tamaño casi tan grande como su cabeza. Asi estuvo tres días y tres noches, sin comer nada y sin separarse de su pequeño, tan celosa de su deber que no nos permitía ni tocarlo. Al cuarto día, Tuna me vino a ver al dormitorio, despertándonos con alegría, y mostrándome a Golfito, que la seguía a duras penas. Me acerqué al pequeñin y pude comprobar, asombrada, que el bulto había desaparecido por completo, de lo cual deduje que no había sido un tumor como sospechó el veterinario, sino alguna picadura de algún insecto. De todas formas, me dejó muy emocionada su comportamiento.

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