Redaccion

Zerli

Hola, ojitos azules: ojitos azules, grandes y redondos, curiosos y desconfiados, formando triángulo con un botón rosa, frío, húmedo y suave en una carita diminuta. Aquel fué el peor día de tu vida. Unos "extraterrestres" llegan a tu hogar donde vives felizmente con tu mamá y tus hermanitos, te meten en una bolsa, te llevan a un lugar desconocido llego de bestias feroces que pasan muy deprisa por un especio enorme, te introducen en una de esas bestias que se mueven horriblemente y te alejan de todo lo que hasta entonces conocías. Gritos desgarradores difícil de creer que puedan salir de una cosa tan pequeña. Terror.

Llegas a un lugar desconocido, y los monstruos que te han secuestrado
se van a dormir dejándote solita. Te escondes. Por la mañana, los monstruos te buscan y no te encuentran en ninguna parte. Preguntan a los vecinos: nadie te ha visto. Se angustian. Finalmente apareces de banjo de una mesilla de noche, en un espacio tan pequeño que a nadie se le pudo ocurrir ue pudieras meterte en él. Los monstruos te miman y de dan de comer y de beber. Te aferras a ellos, al fín y al cabo no puedes defenderte tu sola, no tienes otra opción. Desde entonces no has dejado de ser feliz un solo día de tus ocho años de vida.

Adoras a los "exmonstruos" y actuales "servidores" que te proveen de calor, cariño, buena comida y bebida, cuidados sanitarios. Bien es verdad que te mereces un buen "servicio": eres cariñosa, sana, adorable, educada... y guapa a rabiar. Un placer para la vista. Bueno, quizá no fué un día del todo redondo el día que trajimos al pesado de tu hermano. Te sentó como un tiro tener que compartir a tus servidores con un gato que siempre está por medio pidiendo mimos y caricias, pegajoso y empalagoso, y al que inexplicablemente le tratan con tanto cariño como a tí, que te consideras superior.

No te gustan los extraños, ni humanos ni felinos. Ni siquiera podemos presumir de tí. En cuanto viene alguien que no es de casa, no te dejas ver. ¡Ah!, pero tenemos un truco: sacamos de aperitivo cortezas de cerdo. Entonces, pierdes la vergüenza y a veces... hasta la educación; hueles las cortezas y haces tu aparición estelar: la cola, rubia y frondosa, erguida en cascada, como una fuente de luz; miras a los extraños con indiferencia y algo de desprecio, y a mí me miras implorante; te doy pedacitos; intentas subirte a la mesa, y por supuesto se te impide. Otro pedacito. Bueno, hasta una princesa como tú tiene sus debilidades.

Has sido una gata maravillosa durante estos ocho años, y esperamos seguir disfrutando de tí y que nos des la oportunidad de seguir haciéndote feliz muchos años más. Creemos que ya has debido olvidar aquel día en que unos extraterrestres te secuestraron de tu hogar, al que nunca más volviste. El peor día de tu vida. ¿Ya nos has perdonado? Ojitos azules, Zerli, te queremos.

Publicidad
Publicidad
Publicidad