Consumo

¡Todos tenemos talento!

  • Comentarios

El simple ejercicio de poner atención sobre nuestras propias capacidades y aspectos más positivos, no sólo es uno de los mejores tónicos para la autoestima y el optimismo, sino también una forma de sacar a la luz toda nuestra potencialidad.

Este sencillo ejercicio, puede cambiarle la vida. ¿Quiere comprobarlo? ¡No se arrepentirá! Elabore una lista amplia de sus aptitudes. Incluya alrededor de quince cualidades o virtudes. Quizá al principio le cueste, pero si se concentra comenzarán a aflorar.

Piense: ¿Qué le gusta hacer? ¿qué se le da bien? ¿con qué cosas disfruta más?

Seguramente muchos de sus valores serán fáciles de practicar: bailar, dibujar, cocinar, cantar, cuidar niños, nadar, pintar… Elija dos de ellos, entre los que les resulten más representativos.

El paso siguiente consiste en tomar uno de esos talentos y comprometerse a dar, a lo largo de la semana siguiente, al menos un paso práctico y concreto que requiera el desarrollo ese “don”.

Es decir, que si su cualidad elegida ha sido la de cocinar, hay que organizar una cena con amigos, mientras que si el talento seleccionado es el de escribir a máquina, habrá que pasar a limpio notas o apuntes a buena velocidad.

Este sencillo ejercicio, para el que sólo hacen falta papel y lápiz, unos poco minutos y una buena disposición, tiene efectos maravillosos”, explica el terapeuta y experto en misticismo cristiano José Julio Olmos Rodríguez.

Explica que esto sucede porque “quien vive y desarrolla sus propias posibilidades, se expande, crece, se vuelve más consciente y creativo”.

Se trata de un buen ejercicio de concienciación de las propias capacidades. El mero hecho de llevar a la práctica un paso en la dirección de experimentar un talento, crea tanto poder y fuerza que seguirán más y más ocasiones de compartir esa cualidad positiva, con unos resultados que son inimaginables”, señala el experto.

Para reforzar este ejercicio se puede llevar siempre consigo, a modo de recordatorio, el listado de talentos, y leerlo en el transcurrir diario, como una forma de reafirmar la personalidad en la vida cotidiana.

Durante la próxima semana póngalos en práctica y procure observarse mientras los utiliza asiduamente. ¿Cómo los vive? ¿qué siente al aplicarlos? Esas cualidades, a su vez, van a llamar y despertar otras aptitudes innatas, en un “circulo virtuoso”.

EDUCACIÓN PARA LA EVOLUCIÓN

En diversos pasajes bíblicos y numerosos episodios históricos nos encontramos con que para realizar una transacción de tipo económico, los pagos se realizaban en “talentos”, los cuales eran originalmente una moneda de cambio común cuando todavía no se habían establecido los cursos actuales”, comenta Olmos.

Teniendo presente el carácter simbólico y parabólico de los textos bíblicos, nos encontramos con que la palabra talento puede considerarse como sinónimo de valor, riqueza, prosperidad.

Desde tiempos ancestrales, se reconoce la capacidad y valía de un ser, es decir, sus talentos, como su mayor riqueza y fuente de generación de valor. Siendo esta explotación del potencial lo que genera prosperidad, bienestar, y riqueza, tanto interior como exterior”, señala el experto.

En las sociedades desarrolladas, un niño en edad escolar suele ser fomentado en aquellas áreas que no domina bien, es decir, que un pequeño con problemas para entender las matemáticas, recibirá clases particulares para entender esta asignatura.

El enfoque es diferente entre algunos pueblos nativos americanos, que suelen estudiar cuáles son las posibilidades que un niño tiene, en qué aspectos demuestra facultades innatas y entonces se intenta apoyar y fomentar el desarrollo en estas áreas.

Esto significa, que “si un niño no es bueno montando a caballo, pero sí leyendo huellas de animales, es esta última faceta la que se le alienta, consiguiendo en muchos casos que llegue a ser un experto en la materia”, señala Olmos.

Al igual que toda persona nace con una conciencia y una capacidad innata de transcender, también es un hecho “casi matemático” que todo ser tiene una serie de capacidades y valores interiores, que pueden servir de mucho apoyo para generar un bienestar social a sí mismo y a su entorno.

Muchos casos de falta de autoestima se deben a que la persona ha sido contaminada con frases desalentadoras desde la infancia y la juventud, tales como “no sabes hacer nada” “no vales para nada” “deja que lo haga yo que tú lo vas a estropear” “no tienes ni idea”.

Se trata de una serie de elementos críticos y negativos que sólo conducen a que quien los emite se sienta superior, mantenga a quien los recibe bajo su control y mine la autoestima del destinatario.

Publicidad
Publicidad
Publicidad