Consumo

Alimentos funcionales, el nuevo mito dietético

Madrid, 30 mar (EFE).- Semillas de lino y bayas de Goji son algunos de los alimentos funcionales que encontramos ya sin problemas en establecimientos del ramo. Se trata de unos productos que se anuncian como beneficiosos para la salud , al margen de sus propiedades nutritivas. Algunos especialistas en nutrición, sin embargo, alertan sobre las supuestas bondades de estos alimentos que están inundando el mercado y algunos de ellos son fruto de una modificación genética.

Los prospectos publicitarios más habituales de los alimentos funcionales indican que “cuentan con todos los nutrientes, vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales que se necesitan para conseguir una dieta equilibrada y un estilo de vida activo”.

Estos productos han comenzado a inundar los mercados y han obligado al tiempo a los legisladores a avanzar con ellos para garantizar que el consumidor reciba información veraz sobre sus propiedades. Algunos de estos alimentos ya forman parte de muchas canastas básicas, como la leche con Omega-3, que previene enfermedades cardiovasculares, o ciertos tipos de yogures, que mejoran la flora intestinal.

Otro producto muy característico del sector, las bayas de Goji, procedentes de China, contienen ocho aminoácidos esenciales y se anuncian como especialmente beneficiosas para la reparación muscular, ósea y dérmica, el rejuvenecimiento celular así como “un magnífico antioxidante”.

Estas bayas pueden tomarse solas o mezcladas con semillas de lino, al parecer muy ricas en Omega-3, el ácido graso esencial que, además de favorecer al sistema cardiovascular, estimula el desarrollo cerebral y la memoria. Los distribuidores de los envases con la mezcla de estos dos alimentos funcionales aseguran que el producto resultante ayuda a reducir el colesterol, a bajar de peso y a mejorar la salud gastrointestinal debido a la gran cantidad de fibra que aportan. También indican los prospectos que, si se ingieren a diario, “pueden aportar salud al cabello, las uñas y los dientes”.

Gracias a la ingeniería genética, el horizonte de la alimentación funcional se amplía de manera casi infinita con los productos transgénicos, a pesar de que ello supone un frente abierto para los legisladores sanitarios. Uno de los más sorprendentes hallazgos en este ámbito es el conocido como "arroz dorado", al que por primera vez se ha conseguido añadir vitamina A y que podría mejorar la nutrición de los 800 millones de personas en el mundo que según la Organización Mundial de la Salud sólo comen este tipo de alimento.

Asimismo, el aumento de la demanda de los alimentos funcionales ha provocado que se reutilicen de los residuos vegetales que generan las compañías agroalimentarias, los cuales se purifican hasta obtener fibra, que luego se utiliza en panadería, bollería o productos cárnicos como aporte extraordinario.

Expertos en nutrición cuestionan sin embargo las bondades de los alimentos funcionales, que ya facturan solo en España más de 3.500 millones de euros (5.562 millones de dólares) anuales, con un ritmo de crecimiento del 14 por ciento, según datos recientes de la consultora Nielsen.

De acuerdo con estas mismas cifras, la facturación de los alimentos funcionales en el mercado mundial se multiplicará por diez en los próximos cuatro años y superará los 500.000 millones de euros (795.030 millones de dólares) en 2010, mientras que las ventas de los alimentos tradicionales aumentarán a un modesto ritmo del tres por ciento. El auge de este tipo de comida, siempre más cara que la tradicional, se debe al envejecimiento de la población, al aumento del poder adquisitivo y al cambio de estilos de vida asociados a los hábitos laborales en los que la "comida casera" pierde terreno frente a los preparados y al "almuerzo rápido" en horas de trabajo.

Estos productos, y su publicidad, a veces ambigua, si no engañosa, han alertado a las autoridades sanitarias. La Organización Mundial de la Salud trabaja en la elaboración de una estrategia global sobre dieta, actividad física y salud, y en los reglamentos sobre la "publicidad engañosa" de los "productos milagro".

La Confederación de Consumidores y Usuarios (CECU) de España ha pedido a las autoridades que se tomen medidas frente a esa publicidad engañosa, como por ejemplo la confusión que existe en torno a la eficacia de estos alimentos, cuyos envases destacan expresiones como "rico en calcio" o "con fibra y vitaminas", lo que provoca que "muchos ciudadanos acaben desorientados y, al final, no consigan el equilibro óptimo para su dieta".

No obstante, los especialistas coinciden en que estos alimentos han llegado para quedarse, por lo que la normativa comunitaria sobre su etiquetado está en pleno desarrollo, un proceso complejo por los estudios científicos que requiere y los intereses económicos de las industrias de alimentación.

Hasta la fecha existían lagunas legales sobre los mensajes que los fabricantes de alimentos funcionales lanzaban los beneficios de sus productos para la salud. Para cubrir esta carencia, el año pasado entró en vigor un reglamento en el ámbito de la UE para regular estos mensajes, un texto considerado por los entendidos como "muy difícil y que todavía se está modificando. El reglamento exige estudios científicos que prueben las declaraciones de los fabricantes, particularmente estrictos para aquellas que aleguen la prevención del riesgo de enfermedades, que deberán ser autorizadas por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria.

Con todo, un estudio titulado "Probióticos, ¿fantasía o realidad?”, publicado recientemente en la revista hispánica "Anales de la Medicina Interna", subraya que ante la confusión sobre la normativa que regule la fabricación de los alimentos funcionales, muchos productos etiquetados como bioalimentarios no contienen ni el número, ni el tipo de microorganismos que afirman contener.

Por Francisco Galindo


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