Una pareja de argentinos, que recorrió durante cuatro años el continente americano a bordo de un Graham-Paige de 1928, se aventura ahora a Asia, con el mismo coche, la intención de comprar un barco, y con sus tres niños que quieren que sean cuatro y que nazca en aquel continente.
Una pareja de argentinos, que recorrió durante cuatro años el continente americano a bordo de un Graham-Paige de 1928, se aventura ahora a Asia, con el mismo coche, la intención de comprar un barco, y con sus tres niños que quieren que sean cuatro y que nazca en aquel continente.
Candelaria Chovet y Herman Zapp siempre tuvieron un sueño: hacer un viaje desde su ciudad natal, Buenos Aires (Argentina) hasta el norte del continente americano, Alaska.
En 2000 decidieron dejar por unos meses sus vidas normales de secretaria y electricista para realizar un viaje que llevaban postergando años "por el trabajo, la casa, la familia..., los típicos compromisos que atan a uno" y, también, por las dudas y temores que se planteaban, explica la pareja a Efe durante una entrevista en Buenos Aires un día antes de partir hacia su próximo destino, Asia.
No se imaginaban entonces que tardarían cuatro años en alcanzar su destino y que, además, lo harían con un hijo nacido en California (EE.UU), ni que se quedarían sin dinero en la mitad del mundo (Ecuador) ni que la gente se volcaría con ellos hasta el punto de que aseguran orgullosos que "el 90 por ciento del tiempo que no viajamos estamos en casas de familias".
Familias de todos los países por los que han pasado (Chile, Bolivia, Perú, Ecuador, Panamá, Colombia, Costa Rica, Honduras, El Salvador, Brasil, México, Venezuela, Guatemala Cuba, Estados Unidos, Canadá y Alaska) les han acogido o les han ayudado, ofreciéndoles lo que podían para que la pareja pudiera continuar persiguiendo su sueño.
Y no parece fácil en principio perseguirlo en un coche de 1928 con ruedas de madera y un motor de 55 caballos que circula a una media de cincuenta kilómetros por hora. Pero, sorprendentemente, "Macondo Cambalache" -así es como lo bautizaron- ha sobrevivido al cruce de los Andes, a los sofocantes desiertos de Centroamérica, a las montañas heladas de Alaska y a todo lo que sus dueños aventureros le han propuesto.
"Va tan despacito que nos da tiempo a que uno conduzca y el otro se baje a hacer unas fotos y vuelva a subirse en marcha", explica la pareja.
El coche ha sido parte de la aventura -fue arreglado con las piezas de un modelo similar expuesto en un museo de antigüedades, fue impulsado por los perros que tiran de los trineos en los climas más fríos y recorrió el Amazonas sobre una barca construida por sus dueños- y según Herman, más que una complicación muchas veces ha sido "pura solución, un imán".
"Cuando llegamos a un pueblo la gente se acerca a ver el coche y a partir de ahí los conocemos, contamos nuestra historia, vendemos nuestros libros y nos invitan a ir con ellos a comer o dormir", cuenta este argentino de 39 años que lleva marcados en su constante sonrisa los buenos momentos que le ha proporcionado el viaje en "Macondo Cambalache".
El libro que vendieron a lo largo de su itinerario y continúan comercializando ahora se llama "Atrapa tu sueño" y cuenta sus aventuras a lo largo de los 93.000 kilómetros que recorrieron en esos cuatro años.
"Pero el libro, más que mostrar lo que nosotros hicimos, muestra lo que cada uno puede hacer", explica Herman, que defiende que cada persona "debe hacer realidad lo que desee hacer porque sólo tenemos una vida para vivir".
No niegan que surjan dificultades y momentos duros durante el viaje pero en ocasiones complicadas Herman, dice, no siente que "el mundo se le venga encima" sino que se siente "encima del mundo".
Pero insisten en que son muchos más los grandes momentos que los baches, sobre todo gracias a la generosidad de toda la gente que han ido encontrando y porque "cuando vas a por tu sueño todo está a favor".
Cuando nació su primer hijo en California, por ejemplo, recibieron entre otros muchos regalos 14 carritos de bebé, una pequeña muestra de todos los presentes y detalles con que alimentan su sueño.
Tras este niño, llamado Pampa, llegaron Tehue (nacida en otro viaje hasta el sur de Argentina, de tres años) y Paloma (nacida en Canadá), tres pequeños que han vivido en la carretera y han crecido al ritmo del viejo motor del viejo Graham-Paine.
En "Atrapa tu sueño", aunque han tenido que dejar muchas cosas fuera, Hermán y Candelaria recogen cantidad de anécdotas y experiencias desde divertidas hasta dolorosas, miles de personas que se vuelcan con los viajeros, miles de complicaciones que se acaban resolviendo de las maneras más inesperadas, y miles de paisajes y lugares inolvidables para ellos.
Entre tantos lugares visitados, imposible elegir uno con el que quedarse, ambos se atropellan citando pueblos, montañas, desiertos, monumentos..., y son incapaces de decidirse por uno sólo, pero terminan contando su experiencia en el Amazonas.
Aunque no entraba en sus planes cruzar el río, cuando se vieron en Ecuador sin dinero y tuvieron que quedarse más de lo previsto surgió la idea de construir una balsa y navegar el río.
Dicho y hecho, con ayuda de decenas de indígenas y a pesar de que los encargados de los puertos aseguraban que sería imposible, Candelaria y Herman construyeron una enorme balsa en la que montaron el coche y, acompañados de dos indígenas y dos viajeros ingleses, recorrieron el Amazonas hasta la triple frontera entre Perú, Brasil y Colombia.
En el viaje conocieron a una tribu que vivía en una isla flotante construida con troncos en medio del río y de ellos salió una de las lecciones que mejor aprendieron los argentinos.
Herman, sorprendido de que cada hombre sólo dispusiera de un camastro y unas pocas herramientas preguntó inocentemente dónde estaban el resto de sus cosas.
"¿Qué más cosas? si tienes mucho te hundes", fue la respuesta que recibió y la filosofía que adoptó desde entonces, ese día Candelaria y Herman sacaron decenas de objetos del coche y los abandonaron en el camino.
Ahora es inevitable que "Macondo Cambalache" vuelva a llenarse de cosas porque tres niños a bordo -los tres nacidos en viaje- generan kilos de juguetes, pañales, papillas, ropa...
Para poder cargar con todo, el coche ha sido alargado 40 centímetros de forma que en su próximo viaje al continente asiático podrán dormir más cómodos, tener un pequeño mueble para la cocina y un baño químico y le han adaptado, además, un techo rígido donde duermen y juegan los niños y un viejo baúl en la parte trasera para guardar ropa.
Con el coche remodelado piensan recorrer durante unos tres años Sri Lanka, India, Nepal, Bhutan, Laos, China, Vietnam, Camboya, Malasia, Indonesia, Tailandia, Filipinas y Japón.
Pero además, en esta nueva aventura incorporarán un nuevo medio de transporte, un barco que comprarán en Estados Unidos y con el que cruzarán el Pacífico y recorrerán las costas asiáticas sin abandonar, por supuesto, el que ha sido su compañero de viaje hasta ahora, "Macondo Cambalache".
En Asia planean que nazca su cuarto hijo y estar de vuelta para cuando el mayor, Pampa, tenga nueve años y pueda incorporarse a la escuela, aunque ya está cursando con la ayuda de sus padres y de internet las materias que corresponden a su edad.
Candelaria y Herman ya llevan el viaje metido en las venas, escucharon decir que la vida es un libro en blanco y decidieron "salir a llenar unas hojas".
Después de su viaje a Asia, que han llamado "Otra huella", les gustaría viajar a África y, para más adelante, Europa "será el postre" de una vida de trotamundos con la que muchos sueñan pero pocos se atreven.