Agencia EFE

Foto: Jiayuguan, el final de la Gran Muralla
Madrid, 17 nov (EFE).- Ciudad por la que pasan alrededor de 800.000 turistas, en su mayoría chinos de las ricas regiones del este, pero también muchos europeos, norteamericanos, japoneses y coreanos es, con sus 220.000 habitantes, amplias avenidas, una urbe con carácter. Ha tenido la firme determinación de ganarle terreno al desierto con zonas verdes de las que puedan disfrutar sus habitantes y con sus once lagos alimentados con agua de los trece glaciares de las cercanas montañas Qilian, ha c
Madrid, 17 nov (EFE).- Ciudad por la que pasan alrededor de 800.000 turistas, en su mayoría chinos de las ricas regiones del este, pero también muchos europeos, norteamericanos, japoneses y coreanos es, con sus 220.000 habitantes, amplias avenidas, una urbe con carácter. Ha tenido la firme determinación de ganarle terreno al desierto con zonas verdes de las que puedan disfrutar sus habitantes y con sus once lagos alimentados con agua de los trece glaciares de las cercanas montañas Qilian, ha conseguido que las precipitaciones pasen, de una o dos, hasta veinte al año.
Hace sesenta años, en el territorio que ocupa hoy la ciudad de Jiayuguan, provincia de Gansu, en el norte de China, lo único que existía eran los inhóspitos paisajes del desierto de Gobi, las vistas a las cordilleras que forman el estrecho corredor montañoso de Hexi y el tramo final de la Gran Muralla, conocido como "el paso de Jiayuguan", en su día el único acceso occidental a China para los mercaderes de la antigua Ruta de la Seda y uno de los puntos estratégicos más importantes del país.
Actualmente Jiayuguan es una población de 220.000 habitantes, amplias avenidas polvorientas y una firme determinación en la difícil tarea de ganarle terreno al desierto con zonas verdes de las que puedan disfrutar sus habitantes.
Un estadio con capacidad para 15.000 personas, un teatro con 1.200 butacas, once lagos artificiales o un museo de la historia de la ciudad, son sÓlo algunos de los ejemplos del fuerte desarrollo urbanístico que ha experimentado esta localidad china en los últimos tiempos.
La historia de Jiayuguan como ciudad oficial es sorprendentemente corta. Hasta 1971 estuvo bajo el dominio administrativo de la vecina Jiuquan, de 2.000 años de antigüedad y situada a tan solo 30 kilómetros al este. A partir de ese momento ya solo dependería jerárquicamente de la provincia, Gansu, una de las más pobres de China debido a su áspero clima y a su aislamiento.
El esfuerzo de las autoridades por crear una ciudad donde el ambiente desértico no sea tan evidente se percibe en cada rincón de esta urbe. "Nuestros políticos han intentado crear una ciudad habitable construyendo lagos artificiales y zonas verdes que nos hagan olvidar que vivimos en medio del desierto de Gobi" explica Ma Xiao Ying, una mujer nacida en Jiayuguan hace 38 años.
Son precisamente esos lagos artificiales los responsables de que en la ciudad se haya logrado un clima más agradable. Se trata de once lagos alimentados con agua de los trece glaciares de las cercanas montañas Qilian. Con ellos se ha conseguido que las precipitaciones en Jiayuguan pasen de una o dos hasta veinte al año.
Una enorme torre con forma de delfín en uno de los parques locales es el centro de predicciones meteorológicas desde hace menos de un año y da una pista de la importancia que tiene el clima para esta zona.
Pero por lo que es realmente conocida Jiayuguan es por el trecho de la Gran Muralla china que está situada a tan sólo cuatro kilómetros de su centro urbano. Fue durante la dinastía Ming (1368-1644), concretamente en el año 1372, cuando se construyó el "paso de Jiayuguan", el tramo final de la Muralla, hecho de arena y barro, que alberga la fortaleza militar de observación mejor conservada de las cien que todavía existen a lo largo de los más de 7.000 kilómetros de longitud de esta construcción. En aquel tiempo, a los territorios del otro lado del paso se les llamaba "territorios del oeste". Son las actuales provincias chinas de Tíbet y Xinjiang.
Anualmente, visitan este paso alrededor de 800.000 turistas, en su mayoría chinos de las ricas regiones del este como Jiangsu, Zhejiang, Shanghai, Pekín o Cantón, pero también muchos europeos, norteamericanos, japoneses y coreanos.
"Si el turismo de la provincia de Gansu fuera un dragón, Jiayuguan estaría en la cabeza", explica Li Yong, concejal de turismo de la ciudad, aunque reconoce también que el verdadero número uno del turismo de la provincia "es la ciudad de Dunhuang, donde están las famosas cuevas de Mogao", con decenas de piezas de arte budista.
Jiayuguan es, desde el año 2000, una de las 156 ciudades condecoradas por el Gobierno chino como "ciudad turística destacada". Además, fue uno de los lugares por los que pasó la antorcha olímpica de camino a Pekín antes de que comenzaran los Juegos.
Pero al contrario de lo que se pueda pensar, el turismo no es la industria principal de la ciudad. En 1958, el líder comunista Mao Zedong, que pretendía desarrollar económicamente esta deprimida parte de China, envió una expedición de 11 hombres a la cordillera de Qilian, a solo unos pocos kilómetros de Jiayuguan, en busca de recursos minerales en la zona. Encontraron una mina de hierro y Mao decidió construir una fábrica de acero que pudiera sustentar a la población de la nueva ciudad que tenía proyectada.
Poco después, alrededor de 35.000 trabajadores de una factoría de Anshan, en la provincia costera de Liaoning (noreste), fueron obligados por los miembros del Partido Comunista de China (PCCh) a mudarse a Jiayuguan para poblar la ciudad en proyecto y trabajar en la nueva fábrica. En 1960, otras 15.000 personas, esta vez de la capital, Pekín, se trasladaron allí para construir hospitales, escuelas, desarrollar el sector servicios y dirigir las actividades de la fábrica. Actualmente, el 98 por ciento de los habitantes de la ciudad son de etnia han, la mayoritaria en China, mientras que casi la totalidad restante son de la minoría hui, un grupo de origen turcomano y religión musulmana que se integró en China hace más de diez siglos.
En 1975 se inicia una época de gran desarrollo para Jiayuguan. La fábrica, el gran motor económico, importa maquinaria de alta tecnología de Alemania y la producción se incrementa. Esto atrae a los ciudadanos de las provincias colindantes con pocos recursos, como Sichuan, que comienzan a trasladarse allí para trabajar en el sector servicios.
Actualmente la fábrica cuenta con 38.000 empleados que elaboran diversos productos de acero como cables, chapas para la construcción de puentes, barcos y edificios, y soportes para grandes estructuras.
El estadio olímpico de Pekín, conocido como el "Nido de Pájaro", fue construido en parte con el acero de la fábrica de Jiayuguan, y muchos de los edificios de la propia ciudad se han hecho con este material.
El incremento de los salarios de los trabajadores, el aumento del nivel de vida y el crecimiento económico del que actualmente disfruta China ha provocado un "boom" en el mercado inmobiliario de la ciudad en los últimos cinco años. Las decenas de idénticos nuevos bloques de viviendas sucediéndose unos tras otros forman ahora uno de los paisajes más habituales del centro de Jiayuguan, mientras que para 2010 se espera que finalicen las obras de la nueva zona de la ciudad, que se extenderá al otro lado del río Taolai, que a partir de ahora dividirá esta próspera ciudad.