Redacción Internacional, 11 jun (EFE).- De Grecia a Brasil, el mito de Orfeo llegó al cine hace 50 años en su versión más racial de la mano del francés Marcel Camus, que decidió situar la acción en el Río de Janeiro más desfavorecido, lo que no impidió que desbordara riqueza visual y, sobre todo, musical.
Cincuenta años después de su estreno, "Orfeo negro", versión de la trágica historia de la mitología griega que cuenta cómo Orfeo pierde a su amada Eurídice, sigue sorprendiendo como el primer día gracias a sus colores, a su ritmo y a sus bailes, aunque destila un cierto aroma a cómic envejecido.
Lo que no ha envejecido en absoluto es su maravillosa música, compuesta por Antonio Carlos Jobim y Luiz Bonfá, que utilizaron un ritmo casi desconocido entonces, la "bossa nova".
Canciones como "Manhã de Carnaval" o "A felicidade" se convirtieron en éxitos mundiales que difundieron la música creada por Jobim al añadir ritmos de jazz a la popular samba.
El éxito lo demuestra el sinfín de versiones que se hicieron de estas canciones, especialmente de "Manha de Carnaval", que ha sido cantada o tocada por Frank Sinatra, Paco de Lucía, Luciano Pavarotti acompañado de Caetano Veloso, Carly Simon, Miriam Mekeba, Joan Baez, Julio Iglesias, Daniel Barenboim o Luis Miguel.
La "bossa nova" pasó a ser inmediatamente una música de culto y cuando ahora se cumplen 50 años del estreno de "Orfeu negro", puede que no todo el mundo recuerde la película, pero sí las melodías que la acompañaron.
Porque Camus decidió que la música fuera un protagonista más de la historia y por ello ubicó la historia en Río y en los días del carnaval, aunque obviando en gran manera la miseria real de la vida de las favelas.
"La felicidad del pobre parece una gran ilusión de carnaval, la gente trabaja un año entero por un momento de sueño, para hacer su fantasía de rey o de pirata o de jardinera, para acabarse todo en cuarta feira" (miércoles de ceniza), dice la canción "Manha de carnaval".
Un pensamiento que está presente en la película no sólo a través de los protagonistas, sino de los personajes que los acompañan.
Porque el trágico amor que viven Orfeo (Breno Mello) y Eurídice (Marpessa Down) está rodeado de sus familias, de sus amigos, de la novia de él, y de unos niños, Benedito y Zeca.
Estos dos niños creen que es Orfeo con su guitarra el que hace que el sol se levante cada mañana y después de la muerte de su ídolo, repiten el milagro desde una colina de Río, en una preciosa escena en la que bailan al son de la bossa nova.
Ganadora de la Palma de Oro de Cannes en 1959, y del Óscar a la mejor película extranjera al año siguiente, "Orfeo negro" es sin duda la película más destacada de la filmografía de Camus, un director formado en la pintura y la escultura, algo que siempre se dejó sentir en sus trabajos cinematográficos.
Con "Orfeu negro", su segundo largometraje, asumió un gran riesgo con la adaptación del mito de Orfeo, sobre la base de un cuento de Vinicio de Moraes.
En su filme, Orfeo es un conductor de tranvía que toca la guitarra (y no el laúd original de la leyenda) y que conoce a Eurídice, una joven campesina de la que se enamora a pesar de que está a punto de casarse con su novia, Mira.
Camus decidió trasladar la historia a Río de Janeiro y, por si eso fuera poco arriesgado, utilizó actores no profesionales, incluido el protagonista, Breno Mello, que era un famoso futbolista del Fluminense.
Una película que se estrenó el 12 de junio de 1959 en Francia y que obtuvo un inmediato éxito de público y de crítica, aunque no faltaron las voces discordantes.
El director francés Jean-Luc Godard no dudó en calificar el Orfeo de Camus como "una falsedad total".
Alicia García de Francisco
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