San Sebastián, 24 sep (EFE).- El cineasta madrileño Javier Rebollo consolidó en San Sebastián su vocación de autor con "La mujer sin piano", mientras que también en pugna por la Concha de Oro se presentó la cinta turca "11´e 10 kala", que apostó por el cine pequeño pero directo.
El autor de "Lo que sé de Lola", que también concurrió en San Sebastián hace dos años, presentó hoy su segunda película, protagonizada por la actriz Carmen Machi, que ha exportado a Latinoamérica con éxito su serie "Aída" y que desarrolla un registro totalmente diferente en esta cinta.
"La mujer sin piano" es una cinta rodada prácticamente en su totalidad de noche, en la que filma con mimo un Madrid rancio pero magnético y que es como "una habitación con muchas puertas y se puede entrar por la que uno quiera", explicó en rueda de prensa.
Aunque debido a su lenguaje reposado, críptico y silencioso, muchos prefirieron buscar la puerta de salida, "La mujer sin piano" arrancó también aplausos de los que comulgaron con una propuesta que "no es minimalista. Es simple pero muy cargada, llena de detalles".
Machi interpreta a Rosa, una mujer que vive inmersa en un mundo de monotonía al lado de su marido taxista, ansiosa por la reciente emancipación de su hijo y entregada a su trabajo de depiladora.
Una noche, la del 16 de marzo de 2003, mientras el mundo se metía en la Guerra de Irak, ella decide iniciar su propia batalla y romper con todo.
Con peluca y una maleta, se va a la Estación Sur de Madrid, un lugar "que tiene mil películas" y donde Rosa busca la vida que nunca ha tenido. "Lo esencial de lo carnavalesco no es ponerse la máscara, sino quitarse la cara", reflexionó Rebollo.
Su nuevo disfraz y su nueva vida estarán llenos de un "humor alcohólico", según lo definió su director, que le emparenta con el finlandés Aki Kaurismaki o el georgiano Otar Ioselliani, y que consideró fundamental para romper "la solemnidad, que es el escudo de la estupidez".
El director riega gota a gota la sensación de patetismo que desprende esa mujer que, tras una decisión vital tan importante, sólo encuentra desorientación, negativas y a un solo compañero: un polaco interpretado por el actor checo Jan Budar. La escapada de Rosa, por si quedaban dudas, nada tiene que ver con la de "Thelma y Louise".
Pero la daga se clava aún más cuando el espectador descubra que, a pesar de que esa aventura tiene la palabra fracaso inscrita en cada situación, se alza para la protagonista como lo más memorable de su gris de su existencia.
Todo eso, sugerido, nunca explicitado, en una magnífica y comedida interpretación de Machi. "Busqué contar con poco mucho, que al fin y al cabo es uno de los ejercicios de interpretación más antiguos del mundo", resumió la actriz.
También añejo es el conflicto del protagonista de "11´e 10 kala": se agarra tanto a los tiempos pasados que no quiere dejar el hogar donde ha pasado la mayor parte de su vida, por mucho que el cambio sea a un edificio más nuevo y más cómodo.
Dirigida por la cineasta Pelin Esmer, la película aborda un síndrome hasta ahora poco visto en el cine, el de Diógenes, pero tan estupenda idea inicial, por desgracia, no se sustenta durante las casi dos horas de duración del filme, que acaba siendo demasiado reiterativo.
A pesar de que la película gustó, quedó ensombrecida por una fórmula que es preocupantemente similar a la que utilizó "La caja de pandora" el año pasado para hacerse con el máximo premio de este certamen.
Aquélla abordaba de una manera plácida el mal del Alzheimer, igual que ésta afronta el coleccionismo enfermizo de su personaje principal y ambas comparten el canto tranquilo a las raíces y al valor sentimental de los recuerdos.
En la rueda de prensa, la directora explicó: "La ciudad tiene suficiente ruido y todo lo que sucede en cuanto al coleccionismo es una cosa cotidiana, diaria. Forma parte de su vida, está incrustado en él, no lo vive como algo extraordinario".
Mateo Sancho Cardiel