Casi tres millones de españoles son asmáticos. El 80% además padece alguna alergia. Pero no todas las alergias acaban en asma ni todos los casos de asma están relacionados con alergias. Para algunos especialistas, se
están administrando fármacos a personas que no los necesitan. Reconocer los síntomas puede evitar complicaciones.
“Tienes unas ojeras que asustan”, dijo Silvia a su hermana Consuelo, después de casi un año sin verla. Consuelo pensó enseguida en la posible causa: llevaba varios meses sin dormir bien a causa de una tos persistente y agotadora que empezaba en cuanto se acostaba y que no cedía en toda la noche. “Creí que se debía a un catarro mal curado y pensé también en alergia, porque tenía estornudos y lagrimeo y desde niña he sido alérgica a las gramíneas. Pero cuando mi hermana insistió en que no era normal que siguiera con los síntomas en invierno, consulté a un alergólogo”, explica.
Buscando causas
Una espirometría –prueba que consiste en soplar en un tubo provisto de un medidor– reveló obstrucción del flujo aéreo, un claro signo de asma. El especialista pidió entonces a Consuelo que usara un broncodilatador (Ventolín). “A los 15 minutos de inhalar, repitieron la espirometría y el flujo y el volumen pulmonar eran casi normales. El especialista me dijo que mi tos era síntoma de asma”. Además del diagnóstico, lo que sorprendió a Consuelo fueron los resultados de las pruebas de alergia: aunque seguían indicando sensibilidad al polen de gramíneas, revelaban una fuerte sensibilidad a la caspa de los gatos. “Mis padres regalaron dos gatitos a mis hijas hace seis meses y fue entonces cuando empezaron mis toses”, cuenta Consuelo.
“El 80% de los casos de asma están asociados a alguna alergia”, afirma la dra. Milagros Lázaro Sastre, vocal de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC). Caspa de animales, ácaros del polvo, moho, polen y cualquier alergeno (agente capaz de provocar alergias) puede desencadenar asma, una enfermedad que afecta a casi tres millones de españoles (más mujeres que hombres) y se caracteriza por la inflamación y el estrechamiento de las vías respiratorias. “Mucha gente identifica las toses como síntoma de alergias o catarros mal curados y se automedica (con antitusígenos o antihistamínicos) y no consulta al médico, con lo que el problema bronquial queda sin tratar, afectando al bienestar y la calidad de vida de quien la padece”, explica la especialista de la Clínica Alergoasma de Salamanca. El asma provoca más de 180.000 muertes al año en el mundo y millones de hospitalizaciones. Muchas podrían evitarse si el paciente consulta a tiempo y recibe un tratamiento adecuado.
¿Y cómo distinguir un proceso asmático de uno alérgico? “En el asma hay siempre afectación bronquial, con síntomas como toses, falta de aire (disnea) y/o pitidos (sibilancias)”, explica la dra. Lázaro. “Esos síntomas pueden darse juntos o por separado y ser constantes (“asma persistente”) o darse sólo en situaciones concretas (“asma intermitente”), por ejemplo, al hacer ejercicio o al reír, en ambientes con humo, en presencia de sustancias químicas, cuando hace frío o por sensibilidad a un alérgeno”.
Suma de respuestas
Cuando el asma está asociado a alergias, los síntomas bronquiales (tos, disnea y pitidos, entre otros) pueden ir unidos a toda la cohorte de síntomas alérgicos: estornudos, congestión y destilación nasal, lagrimeo y picor de ojos... “En el paciente alérgico pero no asmático, sólo se daría ese tipo de respuesta inmunitaria; no habría afectación bronquial”, añade la dra. Lázaro.
Y es que no todos los casos de asma están asociados a alergias. De hecho, en el 20% de asmáticos no se identifica ningún alergeno desencadenante. “En estos casos, la inflamación bronquial no se produce como reacción del sistema inmunitario frente a un alergeno, sino por otros mecanismos”, aclara la especialista. “De todos modos, el tratamiento farmacológico es el mismo que en el asma alérgica: los síntomas mejoran con una combinación de corticoides inhalados (que reducen la inflamación de las vías aéreas) y broncodilatadores (que dilatan los bronquios). Si se utilizan adecuadamente, se consigue controlar la enfermedad en muchos pacientes”.
Quizá lo que más preocupa a los expertos es el aumento de casos de asma y alergias. Sólo en Europa Occidental, la prevalencia de asma se ha duplicado en apenas 10 años y el asma es ya la enfermedad crónica grave más común en Pediatría (afecta al 12% de los niños). “Aunque tener antecedentes familiares aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad, la contaminación ambiental, el estilo de vida, la dieta y otros elementos del entorno son responsables de este aumento de casos”, señalaban recientemente expertos de la Organización Mundial de la Salud, que calculan que el coste total del asma (gastos sanitarios y horas de trabajo perdidas) es mayor que el del sida y la tuberculosis juntos.
Sin diagnóstico
El desconocimiento es el gran caballo de batalla. “El asma es una enfermedad infradiagnosticada”, declara el dr. Julio Ancochea, presidente de la Sociedad Española de Neumología Cirugía Torácica (SEPAR). En su opinión, “hay demasiados asmáticos que desconocen que padecen esta enfermedad y que asocian sus síntomas con alergia, catarros, ansiedad, cansancio... Por eso s necesario sensibilizar a la población en general y comunicar a los pacientes que el asma es una enfermedad crónica que requiere tratamiento continuado y personalizado. Con él y un seguimiento adecuado, podemos conseguir que el paciente lleve una vida activa y normal”.
¿Qué puede desencadenar el asma?
Aunque varían en cada persona, son comunes estos factores:
• Alergenos: polen, moho, caspa de animales, polvo casero y ácaros, cucarachas y algunos alimentos.
• Infecciones: tanto virales como bacterianas.
• Sinusitis: la mucosidad que fluye a la boca, la garganta o los pulmones puede provocar síntomas de asma.
• Irritantes: pueden tratarse de productos de limpieza, pinturas, polvo de escayola o polvos de talco; contaminantes del aire; cambios meteorológicos (por ejemplo, un frente frío)...
• Humos: los del tabaco, de la chimenea o de la combustión de derivados del petróleo.
• Ejercicio: el esfuerzo físico puede provocar un ataque. Para evitarlo conviene mantener los síntomas a raya.
• Sensibilidad a los medicamentos: entre un 5% y un 20% de los adultos con asma tienen intolerancia a medicamentos como la aspirina y otros fármacos antiinflamatorios.
DOS PERFILES BIEN DIFERENCIADOS
Alergia
• Taponamiento y destilación nasal, estornudos, goteo postnasal, rinoconjuntivitis.
• Dependiendo del alergeno, puede darse en estaciones concretas (polen) o a lo largo de todo el año (ácaros, gatos, moho).
• Sustancias que, en personas no alérgicas, resultan inocuas (polen, caspa de animales...) provocan en los alérgicos una respuesta inmunológica (de las defensas) que da lugar a los síntomas inflamatorios.
• Puede prevenirse (si se evitan los alergenos) y combatirse mediante fármacos antihistamínicos e inmunoterapia (vacunas).
• La hospitalización de urgencia puede ser necesaria si produce un shock anafiláctico, un síndrome poco frecuente –por ejemplo, por la picadura de insectos–, pero que puede ser mortal si no se trata rápidamente.
Asma
• Falta de aliento, disnea y tos persistente.
• Los síntomas pueden ser intermitentes o persistentes.
• Puede ser alérgica, no alérgica, asociada al ejercicio, a ciertos medicamentos (como la aspirina)...
• Requiere tratamiento farmacológico continuado con broncodilatadores y corticoides. Si está relacionada con alergenos, el tratamiento incluye evitación de éstos y puede recomendarse inmunoterapia.
• Causa decenas de miles de hospitalizaciones de urgencia cada año en nuestro país.