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Andropausia vs Menopausia. ¿Cómo envejecemos?

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Las mujeres se enfrentan a cambios físicos importantes derivados del fin de su etapa fértil. ¿Pero cómo les afecta a ellos el paso del tiempo? ¿Existe un equivalente masculino a la menopausia?

Menopausia

Fertilidad. Durante la perimenopausia, los ciclos ováricos y menstruales son irregulares y en la menopausia desaparecen. Esto sucede por la disminución de los folículos ováricos y de la producción de estrógenos y progesterona. El descenso en los niveles hormonales va acompañado de alteraciones del ritmo del ciclo menstrual o cambios en la cantidad de menstruación y por otra serie de síntomas característicos.

Huesos. La pérdida de masa ósea se acelera drásticamente. Tras la menopausia, los ovarios dejan de producir estrógeno, la hormona que ayuda a mantener los huesos fuertes. Incluso durante la perimenopausia (el periodo anterior al cese de la menstruación), los niveles de esta hormona pueden bajar. Con el tiempo, la pérdida de hueso puede causar osteopenia (disminución de la masa ósea) y después osteoporosis, lo que incrementa el riesgo de fracturas.

Longevidad. Las españolas viven una media de seis años más que sus compañeros masculinos. Pero lo verdaderamente importante es cuánto de ese tiempo se disfruta con una salud y calidad de vida adecuada. Y ahí ellas salen perdiendo. Según un estudio del Programa de Salud de la Unión Europea, los años de vida saludable que esperan a los españoles tras cumplir 50 años son más en el caso de los varones que en el de las mujeres.

Cardiovascular. La producción de estrógenos protege las paredes de los vasos sanguíneos y favorece una buena circulación sanguínea. De ahí que el porcentaje de mujeres jóvenes que sufren infartos sea inferior al de los hombres. Esta protección disminuye progresivamente cuando se acerca a la menopausia, una etapa en la que definitivamente aumentan los trastornos cardiovasculares hasta igualar a los masculinos.

La piel. Está regulada por las hormonas femeninas que tienen una influencia decisiva sobre su grosor, hidratación, pigmentación, renovación y regulación de la cantidad de sebo. En la menopausia, la disminución de la producción de estrógenos también provoca una aceleración del envejecimiento cutáneo. El déficit hormonal propio del climaterio provoca una pérdida del 25% de los lípidos de su superficie, del 25% de agua y del 30% de colágeno.

Hormonas. Contrariamente al hombre, que no sufre cambios hormonales bruscos, la mujer presenta un periodo de gran revolución hormonal cuando deja de ovular. De hecho, muchos de los trastornos clásicos de este nuevo periodo, como son los golpes de calor, la irritabilidad, la sequedad vaginal, el aumento de peso... se deben a estas oscilaciones hormonales. Pero no son sistemáticos y, en la actualidad, pueden ser tratados.

Sexualidad. La disminución de estrógenos también favorece la contracción y estrechamiento de la vagina, así como la pérdida de elasticidad y humedad natural. Estas transformaciones en los genitales femeninos pueden producir sequedad vaginal y hacer que las relaciones sexuales con penetración resulten molestas. Aunque en este caso la solución es sencilla, ya que existen diferentes formas de lubricar la vagina.

Andropausia

Fertilidad. La cincuentena se acompaña con una modesta bajada de la fertilidad masculina. Al cumplir los 35 años, la producción de espermatozoides disminuye. Pero es importante destacar que existen grandes diferencias entre los individuos: algunos hombres son poco fértiles a los 20 años, mientras otros son muy fértiles a los 65. Para los donantes de semen, la edad límite es los 50 años por el aumento, aunque leve, de riesgo genético.

Huesos. Entre los 20 y los 80 años, el hombre pierde, aproximadamente, el 25% de la masa muscular y ósea inicial. Esta pérdida es progresiva, nunca de forma brusca ni drástica como en el caso de la mujer. Sin embargo, tiene consecuencias: la más importante es que ellos también pueden sufrir osteoporosis. Actualmente, se estima que el 29% de los hombres mayores de 60 años tienen probabilidades de sufrir una fractura debido a esta enfermedad.

Longevidad. La esperanza de vida de los hombres es de 71,3 años, frente a los 79,4 de las mujeres. O lo que es lo mismo, ellas viven más. Según un estudio realizado por el Instituto de Investigación Nodai de Tokio (Japón), esto es así por culpa de un gen, que nos llega por vía paterna, y que alarga la vida de ellas y acorta la de ellos. Aunque otros estudios científicos apuntan a la testosterona o los factores ambientales como los culpables.

Cardiovascular. El sistema arterial masculino no está protegido como el de la mujer por los estrógenos. De ahí, que sufran más accidentes cardiovasculares a lo largo de toda su vida, un problema que se acentúa con la edad. Además, ellas tienen ventaja: según un estudio de la Universidad John Moores (Reino Unido), el corazón femenino permanece joven más tiempo. El masculino pierde el 25% de su capacidad entre los 18 y los 70 años.

La piel. La epidermis del hombre es más gruesa y protege mejor la dermis, un motivo por el que los síntomas del paso del tiempo, como el descolgamiento o la aparición de las arrugas, tarden más en hacer acto de aparición. Además, las glándulas sebáceas masculinas, que dependen de una hormona llamada testosterona que se sintetiza en los testículos, producen una fina película de grasa que protege el cutis masculino como si de una crema hidratante se tratara.

Hormonas. A partir de los 60 años, los hombres presentan una disminución progresiva del nivel de andrógenos, las hormonas masculinas por antonomasia. Las consecuencias de estas variaciones hormonales pueden acarrear fatiga, disminución de la vida sexual, insomnio, sudores... Sin embargo, estos síntomas no aparecen con la misma fuerza que en las mujeres y, además, raramente se presentan todos a la vez.

Sexualidad. A partir de los 40 años, la respuesta sexual cambia. Por lo general, hace falta un estímulo mayor para obtener una erección y ésta es menos firme. Además, la eyaculación sufre un retraso (lo que en ocasiones se aprecia como una ventaja) y es más escasa, y la intensidad y duración del orgasmo disminuye. También se aprecian síntomas externos, como la pérdida de vello en la zona genital y una aparente reducción en el tamaño del pene.

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