Ana Calvo
La polémica en España saltó con la llegada del tratamiento postcoital comúnmente conocido como la “píldora del día después”. Anti-abortistas y abortistas aun hoy, después de varios años de comercialización en nuestro país, discrepan en su planteamiento de entender este fármaco que evita el embarazo en los casos esporádicos en los que se han mantenido relaciones sexuales no protegidas o en las que el preservativo ha sufrido algún tipo de ruptura o deterioro con la ingesta de dos dosis de pastillas, la primera de ellas antes de las 72 horas posteriores a la relación de riesgo.
Al margen de la polémica y los juicios morales que al respecto se han extraído, lo que está claro es que recurrir a este tipo de tratamientos postcoitales debe ser algo excepcional, y en ningún caso debe utilizarse como un anticonceptivo de uso habitual o cotidiano, no sólo por el alto riesgo que se tiene de contraer ETS, sino por las fatales consecuencias sobre la salud y la fertilidad que puede acarrear en las mujeres que hagan un uso reiterado del mismo.