Hay factores en el cáncer de mama que no podemos controlar. Sin embargo, existen estrategias que pueden ayudarnos a reducirlo. Según el doctor César A. Rodríguez, oncólogo del Hospital Universitario de Salamanca y portavoz de la SEOM (Sociedad Española de Oncología Médica), “la prevención pasa por conocer los factores y las medidas preventivas que podemos adoptar, que no son pocas”. Hemos consultado los últimos estudios y, con la ayuda de los expertos de la SEOM, hemos resumido los mensajes clave en estos puntos.
Lo que no puedes evitar
• Tener un historial personal de cáncer de mama. Las mujeres que han ya han sufrido un tumor en una mama tienen mayor riesgo de desarrollar este patología en el otro pecho.
• Ciertas alteraciones genéticas. Las mutaciones en los genes BRCA1, BRCA2 y otros aumentan notablemente el riesgo.
• Antecedentes familiares. Una madre o una hermana con un historial de esta enfermedad incrementan la probabilidad.
• Mamas densas. Los tumores se desarrollan casi siempre en tejido mamario denso. Además, las mamografías no dan imágenes claras en este tipo de pechos y los pequeños tumores pueden pasar desapercibidos.
• Radioterapia. Recibirla antes de los 30 años es uno de los factores que influyen en la aparición de este cáncer, sobre todo si se utilizó para el linfoma de Hodgkin (que conlleva irradiar el tórax). En mujeres con propensión genética, incluso los rayos X pueden aumentar las probabilidades. En cambio, la radioterapia para tratar el cáncer en una mama no parece aumentar la incidencia.
Estrategias preventivas
• Ejercicio. Su efectividad es clara. Según un estudio, cuatro horas semanales reducen la probabilidad un 37%.
• La vitamina del sol (D). Varios estudios han comprobado una clara asociación entre la escasa exposición a los rayos UV y la incidencia del cáncer de mama. Se recomienda tomar media hora diaria de sol sin protección y luego protegerse adecuadamente.
• Grasas bien elegidas. Las saturadas o animales y las vegetales parcialmente hidrogenadas (trans) aumentan los estrógenos, lo que implica mayor probabilidad de cáncer de mama. Un estudio sueco sugiere, en cambio, que una dieta rica en grasas monoinsaturadas (aceite de oliva, aguacates) y en ácidos grasos omega-3 (pescado azul) reduce el riesgo. Se aconseja moderar también el consumo de grasas poliinsaturadas omega-6 (aceites de girasol o maíz). En grandes cantidades, pueden tener efecto cancerígeno.
• Fibra en la dieta. Arrastra el exceso de estrógenos al exterior del tracto intestinal. Son buenas fuentes de fibra las legumbres, el pan, los cereales integrales, las frutas...
• Fibra en la dieta. Arrastra el exceso de estrógenos al exterior del tracto intestinal. Son buenas fuentes de fibra las legumbres, el pan, los cereales integrales, las frutas...
• Verduras de la familia de la col. Repollo, brécol, berza, coliflor... han demostrado especiales propiedades anticancerígenas.
• Alimentación natural. Compra carne y lácteos de ganado criado sin hormonas. Asegúrate de lavar bien las verduras y frutas para eliminar restos de pesticidas, que se comportan como hormonas en el organismo, y centra tu alimentación en productos lo más naturales y menos procesados posible.
• Especias, olores y colores. La cúrcuma, la cebolla y las frutas y verduras de colores intensos contienen agentes anticancerosos.
• Soja integral para las niñas. Su consumo a edad temprana parece ayudar a reducir el riesgo futuro de cáncer de mama. En mujeres adultas, los estudios arrojan resultados contradictorios y si se ha sufrido la enfermedad está prohibido consumirla.
• Vitamina E. Un estudio señala que las mujeres con historial familiar de cáncer de mama reducen el riesgo en un 80% si sus dietas contienen 10 UI (unidades internacionales) de vitamina E al día. Búscala en los aceites vegetales y los frutos secos.
• Alcohol moderado. Más de una ración al día (la que contiene una copa de vino) aumenta la aparición de la enfermedad en un 20-25%. El alcohol altera la forma en que el organismo metaboliza los estrógenos y aumenta los niveles de esta hormona, incrementando el riesgo de tumores.
• Peso justo. Cuanto más kilos gana una mujer adulta, peor. La posibilidad de sufrir cáncer también aumenta con dietas ricas en grasas y carnes rojas.
• Fuera tabaco. Tras un cáncer de mama, una mujer que sigue fumando tiene un 120% más de probabilidades de desarrollar un nuevo tumor.
• Medicación. Si tu riesgo es alto, los SERM (moduladores selectivos de los receptores de estrógeno) pueden ayudarte. El tamoxifeno se usa como preventivo en mujeres con esta característica, aunque se cree que los efectos adversos podrían superan a los beneficios y por eso se emplean otros SERM (como raloxifeno) con menos efectos secundarios. Por otra parte, los inhibidores de la aromatasa (AI) bloquean la acción de esta enzima, que el organismo emplea para fabricar los estrógenos. Así se reduce la aparición de nuevos tumores en mujeres postmenopáusicas. Entre los efectos no deseados: mayor riesgo de osteoporosis.
DOS MEDIDAS DRÁSTICAS
Algunas mujeres con alto riesgo genético de cáncer de mama (portadoras de mutaciones en BRCA) optan por la extirpación de ambas mamas (mastectomía doble) e incluso de los ovarios (ooforectomía) antes de que aparezcan signos de cáncer. Esta opción debe evaluarse con el asesoramiento de oncólogos especializados en consejo genético y tras descartar todas las demás opciones. La mastectomía puede provocar depresión y la ooforectomía, adelantar los síntomas de la menopausia: sofocos, insomio, depresión, bajo deseo sexual, osteoporosis...
HORMONAS FEMENINAS: ¿AMIGAS O ENEMIGAS?
Más del 85% de los cánceres de mama necesitan estrógenos para desarrollarse. Por eso, cuanto más tiempo estemos expuestas a estas hormonas, mayor será el riesgo. Los estrógenos endógenos (producidos por el organismo) alcanzan su máximo en los años fértiles. Así, el riesgo es mayor en mujeres que menstrúan antes de los 11 años o después de los 54, y en las que no tienen hijos (el embarazo reduce los estrógenos) o los tienen después de los 35 años. Tambien aumenta la probabilidad en las féminas que han seguido terapia hormonal sustitutiva para combatir los síntomas de la menopausia y las que consumieron dietilstilbestrol, forma sintética de estrógeno utilizada entre 1940 y 1971 para prevenir abortos.
+ INFO: www.seom.org / www.todocancer.org