“Ellas tienen que mandar en la cama”, ha sentenciado el director del Infectious Diseases Institute (IDI), Alex Coutinho, ante la paradoja de que el grupo de mayor riesgo de contagio del SIDA sean las mujeres de las ciudades africanas con cierta formación y recursos, porque no saben decir no a las demandas sexuales de los hombres ni exigirles el uso del preservativo.
La amenaza más elevada de nuevas infecciones se sitúa en las zonas urbanas, un 6% por encima de la existente en las áreas rurales. ¿El motivo? El sexo se ha convertido para ellas en "una mercancía para conseguir favores y privilegios, en su lucha por una mejor calidad de vida y un salario remunerado".
"Esto es una paradoja, porque no son las más pobres ni las más ignorantes las que más se contagian, sino aquellas que comienzan a ganar dinero trabajando en las ciudades", ha declarado a Efe.
"La última zona de la sociedad donde las mujeres tienen que alcanzar poder es en su propia habitación, en su vida sexual, también en Asia y en Europa, determinando lo que un hombre puede o no debe hacer", ha insistido Coutinho, con el objetivo de que, al menos, pierdan el miedo a exigirles que usen condón.
Muchas mujeres, concluye, empiezan a tener sexo antes, a los 15 años frente a los 17 de los varones, cuando todavía no están totalmente desarrolladas, de modo que se agravan las consecuencias de la infección. Además, es más fácil que se contagien porque en los genitales femeninos hay muchas más zonas expuestas al virus que en los masculinos.
"En África, a menudo un hombre tiene tres mujeres y, si es seropositivo, contagiará al resto", ha comentado Coutinho sobre un continente donde la poligamia es todavía frecuente.