“Hoy, los 50 son los nuevos 30”, dictan las revistas de tendencias. Sesentonas fabulosas como Jane Fonda, Susan Sarandon o Helen Mirren no sólo siguen triunfando, sino que encabezan las listas de las
mujeres con más estilo. Otras, se estrenan en la maternidad a los 40 o pasean novios 20 años enores, sin complejos. Llegar a una edad avanzada en buenas condiciones físicas y mentales no depende sólo de comer sano y hacer ejercicio (aunque ambos son imprescindibles), sino también de evitar el mal de nuestros días: el estrés. Vivir bajo presión, en estado de frustración o ansiedad, al ritmo de las obligaciones y la insatisfacción, afecta negativamente al sistema inmunológico y es la causa de que el organismo se oxide, envejeciendo prematuramente. Por eso, la edad cronológica y la biológica no necesariamente coinciden, pero una actitud positiva nos mantiene jóvenes.
Plan de vida “joven”
Fuera toxinas.
¿Quién quiere convertirse en Mr. Scrooge, el viejo gruñón que odiaba la Navidad? Los pensamientos negativos, la costumbre de juzgar y criticar, la queja constante, el catastrofismo, el “adónde vamos a ir a parar”... arrugan el ceño, envejecen mucho y nos hacen dar una imagen de persona amargada y decadente.
Comparte.
Aunque vivimos en la sociedad del culto al cuerpo y la juventud, las personas mayores tienen muchas posibilidades de relacionarse con sus semejantes y compartir inquietudes, impresiones y conocimientos. Existen viajes y universidades para mayores, cursos y talleres, e incluso grupos de apoyo para los que han superado una enfermedad.
Adiós, rutina.
Hay muchos hábitos que nos aportan orden y placer, pero hacer siempre lo mismo aburre a las ovejas. Viajar, aprender algo nuevo, relacionarse con personas de otras razas, edades o condición social o cambiar de barrio alejan el aburrimiento y la pereza.
Muévete.
Los científicos dicen que, si se pudiera concentrar en una cápsula, el ejercicio físico sería la mejor medicina para casi todas las enfermedades. Pero no sólo porque previene los infartos o la obesidad: mover el cuerpo hace que la mente también se vuelva más ágil, abierta y flexible.