Apatía, demencia, pérdida de olfato... los otros síntomas que acompañan a este trastorno son tan graves como los motores. Nuevas terapias buscan paliarlos.
"La enfermedad me ha hecho más sensible, pero no me deja llorar cuando yo quiero”. José Luis Molero, de 54 años y presidente de la Federación Española de Parkinson, lleva más de 12 años conviviendo con esta enfermedad, que afecta a 80.000 personas en España, y que va mucho más allá de los clásicos temblores con los que suele relacionarse.
José Luis, auditor de la empresa aeronáutica EADS CASA hasta hace cuatro años, desarrolló esta dolencia neurodegenerativa con apenas 42 años, mientras que el 70% de los enfermos supera los 65 años. “Cuando me lo diagnosticaron yo no sufría el más mínimo temblor, lo único que tenía era una rigidez muy fuerte en el cuerpo y dolores de espalda que achacaba al estrés“, explica. Y, aunque los avances son extraordinarios, lo cierto es que todavía son muchas las incógnitas que acompañan a este trastorno que, además, se ha revelado como el principal factor de riesgo para padecer demencia. Según la Sociedad Española de Neurología, y contrariamente a lo que se piensa, el 85% de los casos diagnosticados se debe a causas desconocidas y sólo entre el 10% y el 20% tiene un componente hereditario.
En este sentido, el doctor Javier López del Val, jefe de Servicio de Neurología del Hospital Clínico de Zaragoza, apuntaba en el seminario sobre Parkinson organizado por Lundbeck, a su origen multifactorial, implicando factores genéticos y ambientales (toxinas, pesticidas, medicamentos, aguas blandas...), además de la edad.
De origen incierto
Mientras los expertos siguen estrechando el cerco a su misterioso origen y estudios recientes apuntan incluso a un virus, lo que sí se sabe es que se produce por la degeneración de las células que fabrican dopamina (el neurotransmisor responsable de la rapidez y la precisión de los movimientos). El problema es que la enfermedad empieza mucho antes de la aparición de sus síntomas característicos (temblor, inestabilidad postural, rigidez etc.) y, de momento, es imposible detectarla en sus etapas iniciales.
Gurutz Linazasoro, director del Centro de Investigación de la Policlínica Guipúzcoa de San Sebastián, asegura que “la lentitud del movimiento asociada al temblor son síntomas que alertan de que algo no va bien, pero cuando estos signos aparecen, esa persona ya ha perdido el 80% de las neuronas implicadas. Además, la destrucción es mayor al principio de la enfermedad, de ahí nuestro interés en diagnosticarla cuanto antes”. Paralelamente a encontrar un indicador fiable que delate su presencia durante el periodo asintomático (que dura entre tres y 10 años), los neurólogos recomiendan prestar mayor atención a los síntomas no motores, como la apatía, la depresión, y los trastornos del olfato y sueño.
Descubrir los síntomas
Para Jaime Kulisevsky, jefe clínico del Servicio de Neurología del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona, las dificultades de movimiento son sólo la punta del iceberg: “Debemos profundizar en los síntomas colaterales. Es muy significativo que un 90% de los pacientes presente alteraciones del olfato antes de que el Parkinson aparezca, y un 50% sufre insomnio y depresión”. Asimismo, insiste en que no se debe pasar por alto que el Parkinson es el principal factor de riesgo para una demencia semejante a la del Alzheimer. La buena noticia es que, cuanto más joven sea la persona diagnosticada, menor será su probabilidad de perder sus capacidades cognitivas.
Con todo, los síntomas más característicos son los siguientes:
• Temblor: es mucho más llamativo cuando el paciente está en reposo y aparece en una o varias extremidades.
• Rigidez: las articulaciones están bloqueadas y son difíciles de mover. Cualquier acción se ejecuta entrecortada.
• Hipocinesia: es la falta o reducción en los movimientos espontáneos. El paciente encuentra dificultades para que los músculos trabajen de forma coordinada. La rigidez, junto a la hipocinesia, provoca dificultad para tragar, masticar, llorar, disminución del tamaño de la letra al escribir...
• Inestabilidad postural o deterioro del equilibrio, lo que provoca caídas frecuentes.
• Trastornos del habla: los pacientes articulan peor, tienen voz ronca y el tono varía.
• Problemas del sistema nervioso autónomo: se alteran muchas funciones corporales que los sujetos sanos controlan de forma automática y no consciente. La salivación de los pacientes aumenta de forma considerable, se producen cambios en la temperatura corporal, sudan más o tienen problemas de estreñimiento.
Nuevas opciones
Al no existir ningún marcador analítico o radiológico que ayude a detectar la enfermedad, el diagnóstico es fundamentalmente clínico y las terapias farmacológicas, encaminadas a mejorar y eliminar los síntomas, se basan en la reposición de dopamina en forma de levopoda. Pero, últimamente, se han producido grandes logros que supondrán un avance en el tratamiento de esta patología en un futuro no muy lejano.
Rosario Luquin, especialista del servicio de Neurología de la Clínica de la Universidad de Navarra, explica que los adelantos más interesantes se centran en la genética y en las nuevas técnicas de tratamiento: “La identificación de determinados genes ha permitido conocer los mecanismos moleculares relacionados con la degeneración neuronal, posiblemente, sirvan para el diseño de fármacos. El otro avance importante se basa en el desarrollo de nuevas técnicas, entre las que se encuentran la estimulación cerebral profunda del núcleo subtalámico y la terapia génica (que consiste en la inserción de genes sanos para tratar una enfermedad), todavía en desarrollo”.
• La estimulación cerebral: esta técnica no detiene el curso progresivo de la enfermedad, pero mejora de forma significativa las fluctuaciones motoras y reduce los movimientos involuntarios. Consiste en introducir en el cerebro dos electrodos para revertir las alteraciones en las descargas neuronales de los pacientes.
• La terapia génica: permite que determinadas neuronas puedan sintetizar una proteína concreta. Para ello, se introduce un gen terapéutico infectado con un virus no patógeno, que se encarga de transportar al gen hasta la región afectada del cerebro. Aunque los resultados de las primeros estudios son esperanzadores, todavía está en fase experimental.
En cifras
• Cuatro millones de personas en el mundo y 80.000 en España padecen Parkinson.
• El 70% de los enfermos supera los 65 años y un 20% son menores de 40 años.
• Es la segunda enfermedad degenerativa más frecuente después del Alzheimer.
• 1.000 millones de personas sufren enfermedades neurológicas en el mundo.
• Los hombres presentan una incidencia 1,5 veces superior a las mujeres.
• Entre el 10% y 20% de los casos es de origen hereditario.
PARA SABER MÁS
www.fedesparkinson.org
www.parkinsonblanes.org
www.parkinsonmadrid.org