Paloma Corredor
El calor rebaja los efectos de las tensiones musculares y de las articulaciones, reduce las contracturas y calma el malestar menstrual. El frío es muy beneficioso contra la hinchazón causada por una lesión o un esguince, y también para combatir el dolor de cabeza y la sensación de pesadez típica del verano. Eso sí, la clave está en aplicarlos en sesiones cortas (10-15 minutos) varias veces al día. Te ofrecemos consejos sencillos que puedes hacer en cualquier parte y que te permitirán afrontar el verano con otro “cuerpo”.
A MÁS DE 50 GRADOS
Cómo actua el calor:
• Bloquea la transmisión de las señales de dolor al cerebro, reduciendo el malestar.
• Aumenta el flujo sanguíneo, por lo que los nutrientes de la sangre llegan fácilmente a las zonas lesionadas.
• Reduce la rigidez, deshace las contracturas y tiene un efecto relajante.
Utilízalo...
• SÍ: contracturas musculares, lesiones por un esfuerzo excesivo o malas posturas, estrés y dolores menstruales.
• NO: embarazadas y en zonas con inflamación, hematomas o contusiones. Con problemas cardiacos e hipertensión es preciso consultar al médico.
Cómo se aplica
La forma más sencilla consiste en dejar caer agua caliente sobre la zona afectada. Otros métodos:
• Calor local. Bolsa de agua caliente, manta eléctrica... Dan un calor seco (unos 50º C), regulable y local. Se deben aplicar cada 10-15 minutos con descansos. Idóneo si te duelen las lumbares, tienes tortícolis o contracturas en la espalda y para aliviar el dolor de la menstruación.
• Almohadillas relajantes. Búscalas en tiendas de productos naturales o fabrícalas con hierbas relajantes (lavanda, azahar...). Al calentarse en el microondas liberan sus aromas, aliviando la tensión y tonificando el sistema nervioso, lo que induce al sueño.
• Sauna o baño turco. Renuevan y ayudan a respirar mejor. El primero (70º C) es calor seco y elimina toxinas, relaja la espalda y regula la presión sanguínea. El segundo (50º C) es calor húmedo: acaba con las impurezas de la piel y mejora la capacidad respiratoria. Se deben acabar con una ducha fría y unos minutos de descanso.
• Piedras calientes. En balnearios y centros de bienestar. Ayudan a regular la circulación sanguínea y linfática, oxigenan la piel, revitalizan el organismo y acaban con el estrés.
TEMPERATURA MÍNIMA
Cómo actua el frío:
• Mejora el dolor y el espasmo muscular de las lesiones deportivas. Tiene un efecto analgésico.
• Produce vasoconstricción, lo que evita que la lesión se propague y disminuye la inflamación.
Utilízalo...
• SÍ: lesiones en músculos, tendones y articulaciones, para esguinces, dolor de cabeza y piernas hinchadas.
• NO: hipersensibilidad al frío, enfermedades cardiovasculares graves, dolencias renales y propensión a contraer infecciones urinarias.
Cómo se aplica
• Hielo (-10º C). Es un constrictor de los vasos sanguíneos. Ayuda a detener o ralentizar las inflamaciones de golpes y torceduras. Ponte durante dos o tres días hielo, envuelto en una toalla o una bolsa especial, para reducir la llegada de sangre. Pasados esos días, aplica calor.
• Antifaces. Se enfrían en la nevera y calman el dolor de cabeza, el estrés o la hinchazón de los ojos, sobre todo si descansamos en un sitio oscuro y silencioso o reforzamos con un masaje.
• Geles “efecto frío”. Elaborados a base de extractos vegetales (menta, eucalipto, romero...), descongestionan, tonifican, alivian y refrescan las piernas. Además, favorecen el drenaje.
• Ducha fría (10-12º C). Estimula las defensas y aumenta los glóbulos blancos, lo que eleva la resistencia a enfermedades como gripe, resfriados o asma. Por la mañana es energizante y por la noche ayuda a dormir bien.
COMBINADOS, MÁS EFECTIVOS
Hay casos en los que podemos aplicar tanto frío como calor o combinarlos.
Ducha de contrastes: típica de los spas, también se puede hacer con la ducha de casa. Primero, un chorro caliente para masajear y relajar los músculos. Después, progresivamente agua más fría para mejorar la circulación. Repite varias veces y termina con agua fría. Es ideal para calmar el dolor de espalda o tonificar el organismo.
En lesiones crónicas: lumbalgias, ciáticas y otras enfermedades de tipo reumático. El calor debe aplicarse antes del ejercicio de rehabilitación para elevar la temperatura. Esto aumenta la movilidad de músculos, tendones y articulaciones. Al terminar la sesión, debes ponerte frío para evitar la inflamación de los tejidos afectados.