Andrea Arabia
49 noches al año sin dormir, casi una por semana. Picor, irritación, enrojecimiento, calor, ansiedad... Son los síntomas más frecuentes de esta patología que afecta, sobre todo, a los más pequeños.
Entre el 5 y el 10% de los españoles sufre dermatitis atópica, una enfermedad crónica de la piel, muy frecuente en niños, y que debe tratarse de por vida. Este trastorno es altamente molesto y afecta a la calidad de vida de las personas que la sufren, entre otros motivos porque es una enfermedad visible.
En España, los más de 4,6 millones de afectados se enfrentan durante los próximos meses de otoño e invierno a un recrudecimiento de los síntomas, debido al frío, a la mayor humedad en el ambiente, el aumento de uso de la calefacción y el contacto con tejidos (lana), factores que alteran la piel atópica y aumentan el picor.
Esta patología no se manifiesta por igual en todas las edades. De hecho, es la enfermedad crónica de la piel más frecuente en los niños, ya que la sufren un 18% de los menores de dos años. Al llegar a la adolescencia, 2 de cada 3 niños dejan de tener brotes, mientras que sólo 1 de cada 5 enfermos son adultos.
Actualmente no existe una cura definitiva, aunque sí existen tratamientos para controlar los síntomas. Es más, la complejidad de este enfermedad hace que sus causas sean todavía desconocidas.
Prevenir y espaciar los brotes
Se trata de una patología inflamatoria crónica que cursa en brotes, y que surge porque el sistema inmunitario del paciente responde de forma exagerada a los estímulos externos, ya sean sudoración, sustancias irritantes o gérmenes. El principal síntoma es un intenso picor que lleva al paciente a rascarse, lo que provoca lesiones en forma de placas rojas. También es frecuente el enrojecimiento local de la piel, hinchazón y calor. Tras la remisión del brote y una vez tratada la inflamación visible, las zonas de piel afectadas del paciente tienen una apariencia externa normal. Sin embargo, bajo la piel de dichas zonas, y desde el punto de vista inmunológico, sigue persistiendo una inflamación subclínica que a la larga propicia la aparición de nuevos brotes de la enfermedad ante la presencia de cualquier desencadenante.
La buena noticia es que existe la posibilidad de tratar los brotes, pero además estos se pueden prevenir, reducir y espaciar”, según el Dr. Raúl de Lucas, Responsable de la Unidad Dermatología Pediátrica del Hospital de la Paz.
Calidad de vida
La dermatitis atópica puede tener un gran impacto en la calidad de vida del paciente. A lo largo del año, estos pacientes pierden un promedio de tres días laborales o escolares debido al eczema. El sueño se ve alterado un promedio de siete noches durante cada brote, lo que repercute en la persona en forma de irritabilidad y cansancio; teniendo en cuenta que una dermatitis moderada se expresa al menos con siete brotes al año, los pacientes con esta dolencia duermen mal un promedio de 49 noches al año.
Componente genético
En la actualidad, se desconoce la causa de la dermatitis atópica, si bien parece tener un componente genético. Cuando uno de los progenitores padece la enfermedad, los hijos tienen un 40% de probabilidades de sufrirla también, y la cifra se eleva al 80% cuando la dolencia la padecen los dos progenitores. El estilo de vida occidental es determinante (exceso de higiene, humedad, calor, elevada edad de la madre…). Las alergias alimentarias (huevo, leche de vaca, cereales, fruta…) pueden también influir en el desarrollo de la enfermedad, especialmente en los niños más pequeños. También los estados emocionales, como el estrés, pueden afectar a la evolución de la enfermedad.
Síntomas
El síntoma principal de la dermatitis atópica es un intenso picor que habitualmente induce a los pacientes a rascarse, lo cual provoca frecuentemente lesiones en forma de placas rojas que pueden o bien desprender líquido, o bien estar resecas y sufrir descamación. La reacción del sistema inmunitario causa además enrojecimiento, hinchazón y calor en la piel.
En los bebés de hasta dos años, los síntomas principales consisten en piel enrojecida con eccemas localizados sobre todo en las mejillas, aunque también en el cuero cabelludo, en las flexuras de brazos y piernas y en el área del pañal.
En los niños, la dermatitis atópica suele manifestarse en forma de piel seca y agrietada. Aunque los brotes son menos frecuentes, las lesiones son más crónicas porque la piel se hace más gruesa en las zonas de rascado. A partir de los cuatro años, los síntomas suelen ser intermitentes, y sólo un 20% de los niños mayores de siete años cuya enfermedad se manifestó antes de los dos años continúa presentando síntomas.
En los adolescentes, el inicio de la enfermedad es menos común, y en el adulto es muy inusual.
Durante el embarazo, “por lo general, las pacientes con dermatitis atópica presentan una remisión de los síntomas durante la gestación debido a la producción de hormonas”, asegura el dermatólogo Raúl de Lucas. Este experto insiste en que existen tratamientos específicos para las mujeres embarazadas y que en ningún caso se debe suspender.
Hidratación y evitar productos con alcohol
La sequedad intensa y la descamación en la piel de los pacientes con dermatitis atópica hacen que sea imprescindible una continua hidratación de la piel para evitar una posible irritación. Es necesario que el paciente mantenga una buena higiene corporal con productos que no sean irritantes, y que complete su aseo personal con la hidratación de la piel. Es aconsejable no sobrepasar los 10 minutos de baño, y evitar la sudoración excesiva, por ejemplo, tras practicar deporte. Es preferible evitar los lugares con polvo y los objetos que tiendan a acumularlo, como alfombras, moquetas, cortinas y edredones de plumas. Los productos de limpieza suelen ser irritantes, por lo que se aconseja el uso de guantes.
Toda la ropa que entre en contacto con la piel debe estar compuesta principalmente de algodón y lino, y deben evitarse los suavizantes. Además, los expertos recomiendan limitar el uso de cosméticos, perfumes y fotoprotectores con alcohol.
Aunque no hay ningún alimento que esté contraindicado en pacientes, debe tenerse especial cuidado con aquellos alimentos que puedan provocar alergias, ya que éstas pueden empeorar los síntomas de la enfermedad. No son recomendables los cambios bruscos de temperatura ni el exceso de calor, ya que la sudoración es irritante. A la hora de tomar el sol, los pacientes con dermatitis atópica deben utilizar un fotoprotector adecuado para evitar lesiones en la piel.
¿Se puede prevenir?
Los tratamientos disponibles pueden prescribirse bien para atenuar los síntomas durante los brotes de la enfermedad o bien para prevenir su aparición en los casos en los que el paciente presente brotes frecuentes. En el caso de la prevención, el problema es que tras la remisión del brote y una vez tratada la inflamación visible, las zonas de piel afectadas del paciente aunque tengan una apariencia externa normal, por debajo presentan una inflamación subclínica persistente. Y dicha inflamación subclínica a la larga propicia la aparición de nuevos brotes de la enfermedad ante la presencia de cualquier desencadenante.