Marisol Guisasola

Autor: FOTOLIA
Catarros de repetición, alergias, asma, bronquiolitis, tics nerviosos, problemas de aprendizaje, ansiedad, irritabilidad,eccema, hipertensión, fibromialgia, migrañas, náuseas del embarazo... son algunas de las patologías tratadas con esta terapia.
Ana acaba de salir con Iván, su hijo de tres años, de un centro de salud de la Seguridad Social. En el bolso, lleva una receta de un tratamiento homeopático para la otitis. No es la primera vez que el pediatra trata a Iván con este tipo de terapia. “En nuestro caso, el cambio al nuevo pediatra y a la homeopatía ha sido muy positivo para Iván –cuenta Ana–. No sólo superó una bronquiolitis gracias a él, sino que está mucho menos irritable y hasta come mejor”.
Las autoridades sanitarias son conscientes de la creciente aceptación de la homeopatía entre los médicos: la que antes se consideraba casi una disciplina “marginal”, hoy es utilizada por más de 9.000 médicos españoles, la mitad de los cuales trabaja en un Centro de Salud de la Seguridad Social. “Cuando empecé a ejercer, en los 80, los médicos que utilizaban la homeopatía no pertenecían al Sistema Nacional de Salud”, nos cuenta el dr. Ignacio Torres, especialista en medicina familiar y comunitaria en el Centro de Salud Gamonal (Burgos), que prescribe este tratamiento desde hace 14 años. “Generalmente, eran profesionales que habían aprendido en el extranjero y ejercían en la medicina privada. Pero desde que, en 1995, los tratamientos homeopáticos dejaron de ser considerados “productos dietéticos” y la Agencia Europea del Medicamento los declaró “fármacos”, podemos decir que la homeopatía está en el sistema”.
Catarros de repetición, alergias, asma, bronquiolitis, tics nerviosos, problemas de aprendizaje, ansiedad, irritabilidad, eccema, hipertensión, fibromialgia, migrañas, náuseas del embarazo... son algunas de las patologías tratadas con esta terapia. “La rapidez de acción la homeopatía depende de lo agudo o crónico del problema y del acierto en la elección del tratamiento”, explica el dr. Torres. “Si el problema es agudo y el tratamiento adecuado, el efecto es rápido, incluso de minutos. En pacientes crónicos, el efecto es más lento, pero no menos rápido que el de un medicamento alopático tradicional”.
A favor y en contra
Los más críticos con la homeopatía atribuyen su acción al “efecto placebo”, es decir, a la sugestión. “Ese argumento cae ante la eficacia demostrada en bebés y niños pequeños, en los que no es lógico pensar en un efecto sugestivo. A la vez, ensayos clínicos y metaanálisis realizados con los mismos métodos que se utilizan para valorar los medicamentos tradicionales dan resultados favorables a la homeopatía respecto del placebo”, explica el dr. Torres. “El hándicap de la homeopatía está en que los tratamientos son siempre personalizados y eso complica la comparación con fármacos estandar”. Porque, ¿qué diferencias básicas hay entre un medicamento homeopático y uno alopático? Pues en que en homeopatía se utiliza una sustancia que produce los mismos síntomas, que la enfermedad que quiere combatir para estimular al organismo y hacer que actúe frente a ella. Por ejemplo, emplea cafeína para el insomnio, cucaracha para la alergia a los ácaros o cebolla para los estornudos y los ojos llorosos. Eso sí, las dosis son infinitesimales, casi indetectables. Además, la homeopatía tiene la ventaja de no producir efectos secundarios, interacciones o intoxicaciones. “De hecho, yo utilizo tratamientos homeopáticos en embarazadas, niños pequeños... en los que muchos fármacos convencionales pueden estar contraindicados”, expone el dr. José Javier Aranaz, médico de familia, especialista en homeopatía y coordinador docente de Estudios Propios de Homeopatía de la Universidad de Zaragoza.
100% segura... y cara
Una de las primeras causas de ingresos en hospitales es por mal empleo de medicamentos alopáticos. Con la homeopatía, se evitarían estos ingresos y, de paso, mucho dinero. Pero hablando de costes, aparece uno de los problemas de estos tratamientos en España: que no están financiados por el sistema de salud. “Eso hace que muchos pensionistas acaben optando por fármacos convencionales que, justamente en personas mayores, tienen más probabilidades de producir interacciones”, afirma el dr. Aranaz.
Formación universitaria
El otro problema es el intrusismo: “Parte del escepticismo respecto a la homeopatía nace de su utilización por personas sin formación médica –afirma el dr. Torres–. Ahí se producen errores graves. El médico puede decidir simultanear un tratamiento homeopático con uno alopático, para conseguir mejores resultados. Eso también requiere el título y los conocimientos de un licenciado en Medicina”. Diversas organizaciones médicas colegiales han recogido el testigo y están realizando gestiones con el Ministerio de Sanidad para regular definitivamente la práctica homeopática. “El médico debe documentar y probar los conocimientos en homeopatía antes de ponerla en práctica”, explica el dr. Aranaz, y ése es el objetivo de cursos como el de la Universidad de Zaragoza. “Todo hace prever una larga conversación entre la medicina convencional y la homeopatía”.
UNA BUENA OPCIÓN PARA LOS NIÑOS
Los medicamentos homeopáticos son un gran aliado en el tratamiento de las enfermedades infantiles, por su eficacia y rapidez de acción, la rara presencia de efectos adversos, una perfecta tolerancia y una presentación ideal, en forma de pequeñas bolitas de sacarosa y lactosa.
Según explica el pediatra Jorge Manresa Martínez, homeópata y experto en terapéutica homeopática: “Esta terapia se han mostrado de gran utilidad en el tratamiento de las patologías de repetición que colapsan las consultas de Atención Primaria: bronquitis, otitis, amigdalitis, laringitis... en las que consiguen limitar e incluso desaparecer las recaídas”.
También es útil en patologías alérgicas, respiratorias, digestivas y problemas de comportamiento. Y en cuanto a la gripe en general, resulta un excelente aliado para toda la familia, tanto para prevenirla como para curarla o limitar su duración.