El ictus, el cáncer y los accidentes de tráfico son los tres principales enemigos de la salud de la mujer en España. Otras amenazas para su bienestar son el sedentarismo, la obesidad, los trastornos de alimentación, el alcohol y el tabaco.
En nuestro país ellas tienen más esperanza de vida que ellos y eso conlleva un mayor riesgo de desarrollar enfermedades como la osteoporosis o el Alzheimer.
Además aunque viven más, suelen presentar un estado de salud peor que el de los hombres.
Tras muchos de años de investigar en varones y aplicar los resultados en mujeres, la situación está cambiando. En esta década ha aumentado el interés por estudiar y corregir las desigualdades de género.
Ejemplo de ello han sido iniciativas como la creación de un Grupo de Género y Salud Pública en el seno de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS) o más recientemente la puesta en marcha de la Red Temática Investigación de Salud y Género (RISG).
En 2004 se creó en España el Observatorio de Salud de la Mujer para introducir la perspectiva de género en las políticas de salud y promover actuaciones específicas encaminadas a conseguir la igualdad entre hombres y mujeres en este ámbito. “Esto es lo ideal pero luego la realidad demuestra que llevarlo a la práctica es muy complicado”, comenta profesora Carme Borrell, experta de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.
Esta experta aclara que, aunque lejos de los países más avanzados, España cada vez investiga más incluyendo la perspectiva de género. Se trata, según los especialistas, de saber que aparte de los factores puramente biológicos, es decir de las diferencias genéticas, hormonales o metabólicas, existen otros elementos que deben ser tenidos en cuenta y que son esas diferencias que se construyen socialmente por el hecho de haber nacido mujer u hombre.
“Desde el Ministerio de Sanidad y Política Social hay voluntad por avanzar pero también es verdad que se requiere más presupuesto para investigar temas sociales, de género, clase, etc. En cualquier caso, los avances se incorporan poco a poco y debe incorporarlos la sociedad en su conjunto y ahí entran los medios de comunicación, la televisión, los juguetes con los que los niños se divierten,… Porque al final es la sociedad la que genera que las mujeres tengan unos roles determinados, unos poderes u otros, y todo esto tiene su efecto sobre la salud”, asegura.
Políticas sanitarias
En el último informe (noviembre de 2009) de la OMS sobre mujeres y salud, esta organización destacó la necesidad de emprender acciones urgentes no sólo desde el sector sanitario, sino también desde otras áreas para mejorar la salud y la vida de las mujeres y niñas de todo el mundo.
A diferencia de los países nórdicos, en España aún es preciso seguir insistiendo en la importancia de replantear políticas sociales y sanitarias para lograr, por ejemplo, una efectiva conciliación de la vida laboral y familiar entre mujeres en términos de igualdad con los hombres. Los trabajos realizados hasta ahora demuestran que aún hay una falta de sensibilidad de género en las políticas sanitarias, en concreto en los planes de salud, con desigualdades significativas entre comunidades autónomas. Incluso en aquellas con más sensibilidad la implantación práctica es escasa.
Un estudio firmado, entre otros especialistas, por la profesora Borrell analizó hace unos años 13 planes de salud para comprobar el grado de sensibilidad de género. “El resultado fue que los planes apenas tenían en cuenta la existencia del género como categoría y tampoco abundaba el desarrollo de acciones para aminorar las desigualdades, explica.