A media voz

Lucía Juan

A media voz

Autor: ImageLibrary

U n 5% de la población, aproximadamente, sufre algún trastorno de la voz que requiere la atención de un especialista. Hablar mucho o muy alto, con una intensidad o con un tono más alto al que corresponde, cantar con una técnica inadecuada o forzar la voz son errores bastante habituales que, tarde o temprano, acaban por pasar factura. Un mal empleo de las cuerdas vocales causa problemas que afectan sobre todo a las mujeres.

ORIGEN FUNCIONAL

Existen muchos factores que pueden provocar trastornos de las cuerdas vocales, aunque en un 80% de los casos suelen tener un origen funcional, es decir, no hay ninguna lesión, sino que están provocadas por un mal uso o el abuso. Esto hace que las cuerdas vocales se congestionen e inflamen, lo que dificulta su vibración normal y se produce un sonido alterado o “voz ronca”. Si es un episodio puntual y, después, no se vuelve a forzar la voz durante unas horas, la disfonía puede desaparecer sin más. Pero, si ese periodo de recuperación no se cumple y se vuelve a abusar, la inflamación puede hacerse permanente.

En menor medida, las afonías y disfonías pueden tener un origen orgánico, es decir, están provocadas por una lesión. Las más frecuentes son los nódulos. Aparecen a cualquier edad y de forma predominante en las mujeres. Entre los hombres son más habituales los pólipos.

Las disfonías también pueden tener su origen en enfermedades, como la laringitis aguda, un catarro fuerte, o afecciones más graves como un tumor canceroso de laringe. También algunos problemas digestivos, como el reflujo gastroesofágico, pueden afectar. Otras posibles causas son las alergias o un importante traumatismo en la zona.

Las personas de entre 25 y 45 años son, generalmente, las que más afonías y disfonías sufren. Por sexos, son más habituales entre las mujeres, sobre todo en las que utilizan la voz como instrumento profesional (profesoras, locutoras…) y no porque hablen más fuerte, sino porque su voz es más aguda. Eso hace que sus cuerdas vocales reciban más impactos por segundo que las del hombre si están el mismo tiempo hablando y en las mismas condiciones ambientales. Los niños, sobre todo entre los seis y los ocho años, también pueden sufrir frecuentes las ronqueras, así como en la adolescencia, coincidiendo con la maduración de la voz, tanto en chicos como en chicas.

TRATAMIENTO COMPLETO

Cualquier persona con trastornos de la voz debe acudir al otorrinolaringólogo cuando la alteración se prolongue durante más de 15 días o si se repita con frecuencia. Las bases del tratamiento incluyen medicación, rehabilitación y cirugía, según los casos.

En primer lugar, es necesario el diagnóstico de un especialista mediante una exploración de la laringe, un análisis acústico y una historia clínica para estudiar todos los factores de riesgo de cada persona.

APRENDER A VOCALIZAR

En cuanto a la rehabilitación, los especialistas enseñan técnicas para mantener una adecuada postura del cuerpo, una buena coordinación entre la respiración y la fonación y una vocalización correcta. Para conseguirlo, se utilizan técnicas de respiración abdominal-diafragmática y ejercicios tonales. Las técnicas de respiración son indispensables para lograr la coordinación fonorrespiratoria. Esto se consigue mediante ejercicios repetitivos y rítmicos que implican los órganos articulatorios y la fonación, y que se complementan con ejercicios posturales.

La rehabilitación incluye movimientos de articulación dirigidos a ampliar la caja de resonancia mediante la relajación de la mandíbula y los músculos. Se potencia, además, el entrenamiento de las vocales y las consonantes. Por último, los ejercicios de impostación y proyección vocal, que se realizan normalmente en la última fase del tratamiento, están diseñados para exagerar la melodía y entonación de la voz y aumentar el tono hacia el agudo.

Una vez iniciado el proceso de recuperación, el tiempo medio para obtener resultados visibles suele ser de, aproximadamente, tres meses. Cuanto menos crónica haya sido la disfonía, más fácil resultará que desaparezca y que la calidad de voz no se vea afectada. Es recomendable acudir al médico lo antes posible, sobre todo si, pasado el catarro o la alergia, la ronquera continúa.

GUÍA PARA CUIDAR TU GARGANTA

Los expertos apuntan una serie de medidas y consejos para prevenir los problemas de la voz y contribuir a mantener la garganta sana. Toma buena nota, sobre todo si tu trabajo te obliga a hablar sin parar.

Bebe mucha agua para mantener bien hidratadas las cuerdas vocales. Evita las bebidas alcohólicas y la cafeína, porque producen deshidratación.

No fumes. El humo del tabaco, además de causar cáncer de garganta, provoca irritación, sequedad de la laringe y cambia el tono de la voz de forma permanente.

No grites ni eleves mucho la voz. Si la garganta se reseca mucho o la voz se vuelve ronca, es aconsejable dejar de hablar lo antes posible.

No tosas con fuerza. Si carraspeas con frecuencia, debes acudir al especialista, eso puede inflamar las cuerdas vocales.

Duerme suficiente. La voz es muy sensible a la falta de sueño, y descansar menos de seis horas diarias favorece la aparición de problemas vocales.

Mantén una postura corporal correcta para no forzar la garganta.

Evita los cambios bruscos de temperaturas. El aire acondicionado demasiado fuerte o mal dirigido y la calefacción muy alta acaban resecando la garganta.

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