Marisol Guisasola
Uno de cada mil recién nacidos sufre problemas severos de audición, según datos de la OMS. La detección precoz es fundamental para que el niño pueda aprender a hablar. Hasta hace poco, un bebé con hipoacusia tenía un futuro incierto. Pero la medicina está abriendo la puerta a soluciones antes impensables. Descubre en qué consisten.
Tenía apenas 13 meses cuando, en octubre pasado, entró en un quirófano de la Clínica Universitaria de Navarra. Los cirujanos explicaron a sus padres que la intervención podía dar un giro de 180º a las expectativas de desarrollo intelectual, personal y social de la pequeña Carmen. La niña nació con una enfermedad congénita caracterizada por la ausencia de nervios cocleares, que son los encargados de transmitir al cerebro los estímulos sonoros del exterior. Esta ausencia implicaba que a su cerebro no llegaba ni un solo sonido. Su sordera era total.
En una intervención de cinco horas, un equipo dirigido por los doctores Manuel Manrique Rodríguez, otorrino, y Bartolomé Bejarano Herruzo, neurocirujano pediátrico, realizó a la pequeña un implante auditivo de tronco cerebral, el practicado a edad más temprana en todo el mundo.
“Al cabo de mes y medio, la niña comenzó a oír y a volver la cara hacia el origen de los sonidos –cuenta el dr. Manrique–. Ya ha empezado a emitir sus primeras vocalizaciones. Es una satisfacción indescriptible para los padres y la mayor recompensa para nosotros, los médicos”, dice.
¿CUÁL ES LA CAUSA?
“La hipoacusia puede instalarse antes, durante o después del nacimiento”, explica el especialista. “Las prenatales pueden darse por razones genéticas o adquiridas. El 40% tiene origen genético y puede o no estar asociada a otras anomalías. Los problemas por factores adquiridos suman entre el 50% y el 60% de las pérdidas auditivas prenatales. Las causas más frecuentes son las enfermedades infecciosas en el embarazo (rubéola, citomegalovirus, toxoplasmosis, sífilis, herpes...) o la exposición a radiaciones, a productos tóxicos o alguna patología gestacional”.
Entre el 5% y el 20% de las faltas de audición en el recién nacido se producen en los momentos que rodean el nacimiento. Las causas más frecuentes son malformaciones craneofaciales, niños nacidos con menos de 1,5 kg, hiperbilirrubinemia, utilización de fármacos tóxicos para el oído, meningitis bacteriana, traumatismo obstétrico, sufrimiento en el nacimiento, ventilación asistida durante más de 10 días...
Finalmente, las que aparecen después del periodo neonatal (en los primeros 28 días de vida) son adquiridas y provocadas por otitis media crónica, infecciones generales que afectan al oído –meningitis bacteriana, paperas o sarampión– o empleo de ototóxicos. Los nervios auditivos conectan la parte externa de la vía auditiva con los núcleos cocleares, que se sitúan en el tronco cerebral y procesan la información que recibimos del exterior.
MEDIANTE ELECTRODOS
“En casos como el de la pequeña Carmen, no valen los audífonos ni los implantes cocleares, porque no hay nervios auditivos que procesen el sonido”, señala el otorrino. “De ahí que la solución pase por estimular directamente los núcleos cocleares mediante electrodos implantados sobre ellos, para que el impulso eléctrico llegue hasta el lugar del cerebro donde se interpreta”. Los cirujanos colocaron en la cabeza de la niña (bajo la piel) un receptor-emisor y también un micrófono (detrás de la oreja). De ese modo, el sonido se propaga por la vía auditiva hasta el cerebro, donde se procesan los impulsos eléctricos que recibimos.
Pero, ¿por qué no esperar unos años para realizar una intervención tan delicada, que exige practicar un orificio en el cráneo? La respuesta es que, cuanto antes se expone a un niño hipoacúsico a estímulos auditivos suficientes, más posibilidades tiene de desarrollar conexiones neuronales capaces de hacerle interpretar esos sonidos en el cerebro y de desarrollar habilidades de lenguaje. “De hecho, la capacidad de lenguaje se instala en los primeros 24 meses de vida, por lo que la detección y actuación precoz es esencial”, confirma el especialista.
AUDÍFONOS O IMPLANTES
Por supuesto, hay muchos grados de hipoacusia infantil y cada una tiene un tratamiento específico. “En el caso de hipoacusias permanentes o neurosensoriales de grado leve, moderado o severo, están indicados los audífonos”, explica el otorrino. “Estas prótesis se encargan de recoger los sonidos a través de un micrófono, los amplifican y los presentan en el conducto auditivo externo”.
Cuando la pérdida de audición es de grado profundo y si el origen está en la cóclea o caracol, el tratamiento es un implante coclear. “Sólo cuando no hay cócleas o nervios auditivos, como sucede en el caso de Carmen, está indicado un implante auditivo de tronco cerebral”, señala el médico. Ambos dispositivos transforman la señal sonora en impulsos eléctricos que, por medio de electrodos, estimulan directamente el nervio auditivo (en el caso de los implantes cloqueares) o directamente el tronco cerebral.
DESDE EL PARTO
Según los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), uno de cada mil recién nacidos padece hipoacusia severa o profunda. Si, además de la sordera profunda, se incluyen otros grados de esta enfermedad, la incidencia aumenta hasta llegar a cinco de cada mil bebés.
Hoy existen dos estrategias para saber si un recién nacido tiene problemas de audición. La primera es realizar estudios auditivos a niños que al nacer presenten factores de riesgo. Esto ocurre en un 4% de los recién nacidos, de los cuales el 7% tendrá finalmente hipoacusia.
“Esta estrategia reduce el número de exploraciones, pero tiene el inconveniente de que hay un 50% de niños que nacen con una pérdida de audición y no presentan ninguno de los factores de riesgo conocidos”, explica el doctor. “Por ello, cada vez es más frecuente recurrir a la detección universal”, que significa llevar a cabo pruebas de detección en todos los recién nacidos.
“Si, a pesar de las revisiones periódicas, tienes la más mínima sospecha de que tu hijo tiene problemas de audición, consulta al pediatra y pide que le sometan a pruebas de hipoacusia. Cuanto antes actúes, mayores probabilidades tendrá tu hijo de alcanzar todo su potencial”, señala el especialista a los padres en su consejo final. Después de haber devuelto la capacidad de audición a tantos niños, el dr. Manuel Manrique sabe de lo que habla.
POSIBLES CASOS
Cuando un bebé tiene hipoacusia...
• No reacciona a sonidos intensos.
• No responde ni reacciona a la voz de los padres.
• No utiliza la voz para emitir sonidos simples cuando por su desarrollo ya se puede esperar esa habilidad.
Si un niño tiene otitis media puede...
• Frotarse la oreja.
• Tener fiebre.
• Parecer distraído o poco atento.
• No comprender las órdenes de los padres.
• Pedir a menudo que se suba el sonido de la tele o la radio porque no lo oye.
• Mostrarse irritable sin que exista una razón aparente.
La pérdida de audición puede ser...
• Leve: el umbral auditivo mínimo para percibir un sonido es de entre 21 y 40 dB. Cuando existe audición normal, este nivel se sitúa entre los 0 y los 20 decibelios (dB).
• Moderada: no oye por debajo de entre 41 y 70 dB. Este tipo de hipoacusias generan limitaciones relevantes en la comunicación y hacen aconsejable el tratamiento.
• Severa: el umbral auditivo es de entre 71 y 90 dB. En niños, estas hipoacusias producen graves alteraciones en el desarrollo del lenguaje. Es imprescindible su tratamiento.
• Profunda: el sonido debe superar los 91 dB para ser percibido En niños, impide el desarrollo de un lenguaje oral. Su tratamiento es imprescindible y debe ser adoptado de forma temprana una vez que se ha diagnosticado el problema.
¿CÓMO FUNCIONA EL DISPOSITIVO?
1. El sonido llega al micrófono, situado detrás de la oreja.
2. Un procesador lo codifica en impulsos eléctricos.
3. La bobina envía las señales al receptor que se ha instalado bajo la piel.
4. Los electrodos transmite a los núcleos cloqueares las señales eléctricas en las que se han transformado los sonidos recibidos desde el exterior.
5. El cerebro recibe e interpreta las señales como si fueran sonidos.