Las estadísticas no dejan lugar a dudas, cada vez son más los niños que padecen problemas de obesidad en nuestro país. Las causas son claras: una mala alimentación y una falta de ejercicio físico. Prevenir esta enfermedad está en la mano de cada familia, que debe supervisar las dietas de los pequeños e intentar dar ejemplo, para que los niños vean que los padres cumplen sus propias recomendaciones.
Una manera de mejorar su alimentación es variando la forma de cocinar los alimentos: los fritos deben ser sustituidos por asados, hervidos, guisados o productos a la plancha, y hay que potenciar el consumo de legumbres, de pescado y de frutas y hortalizas, tanto crudas como cocinadas. Cuando se consumen conjuntamente alimentos ricos en proteínas de origen vegetal como las legumbres con el arroz, la pasta, el pan, la patata o las verduras, las proteínas se complementan y aumentan su calidad.
Otras recomendaciones pasan por organizar los horarios en el núcleo familiar compartiendo el mayor número posible de comidas con los hijos, lo que crea relaciones afectivas. Este efecto se incrementa si incluimos a los niños en la preparación de los alimentos, consiguiendo así que se sientan partícipes del proceso y los consuman con más entusiasmo.
Ya desde el principio hay que iniciarles en la costumbre de desayunar de forma completa, incluyendo siempre fruta fresca (entera o en zumo), y relegar a un segundo plano de forma tajante los dulces, chucherías y refrescos. Del análisis de los hábitos alimentarios infantiles actuales se desprende que hay un escaso consumo de frutas enteras, aunque se consume una gran cantidad de zumos industriales.
Desde casa y desde el comedor del colegio se debe insistir en que los niños consuman fruta natural. Además, se observa que los niños muestran una cierta reticencia a tomar hortalizas, especialmente verduras. No hay que ceder a este rechazo, sino seguir incorporando ensaladas y verduras de forma diaria, bien sea como platos principales o como guarnición de los pescados, carnes y huevos, siempre con el objetivo de estructurar hábitos alimentarios saludables.
A esto hay que sumarle, por supuesto, el ejercicio físico. Si bien es cierto que a estas edades los niños son aún muy activos, es importante empezar a acostumbrarles a evitar el sedentarismo para que en el futuro no pierdan el hábito y eviten, en la mayoría de los posible, estar todo el día frente a la video consola o la televisión.