Ser Madre

Guía para madres primerizas

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Niños más sanos e inteligentes, madres con menor riesgo de cáncer y un importante ahorro son las ventajas de la lactancia. Descubre todo lo necesario sobre esta forma de alimentación.

La naturaleza es sabia y, como mamíferos que somos, durante todo el proceso de gestación se desencadenan cambios hormonales en la futura madre que hacen posible la lactancia. Por tanto, lo natural y lo deseable es amamantar al bebé en exclusiva al menos durante los seis primeros meses de vida y después empezar a completar esa dieta con otros alimentos hasta los dos años, según recomienda la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Pero en España estamos bastante lejos de las cifras deseables: se estima que, aunque el 80% de las mujeres inician la lactancia justo tras dar a luz, sólo el 25% sigue haciéndolo cuando el bebé tiene seis meses. Estos datos deberían mejorar, ya que existen sólidas bases científicas que demuestran que la lactancia es beneficiosa para el niño, la madre y la sociedad, explica la coordinadora del Comité de Lactancia de la Asociación Española de Pediatría (AEP), María Teresa Hernández Aguilar.

Lo más ventajoso
La leche materna es el mejor alimento que la madre puede ofrecer a su hijo, porque contiene los nutrientes específicos que ese niño necesita para un desarrollo óptimo y sano. Además, aporta una alta cantidad de anticuerpos que defienden al niño frente a muchas enfermedades. Y, a largo plazo, está más protegido frente a afecciones cardiacas, asma u obesidad. En los países desarrollados se ha observado un descenso significativo en la cifra de ingresos en niños lactantes, en comparación con los que toman leche artificial. Esto supone un ahorro en medicamentos, en la utilización de servicios sanitarios y una reducción de absentismo laboral de los padres, indica la doctora Hernández. Pero, las ventajas van más allá. Esta forma de alimentación natural mejora el coeficiente intelectual de los niños, según un estudio realizado en Bielorrusia, que contó con el seguimiento de casi 14.000 niños. La lactancia materna prolongada influye en que los niños sean más inteligentes, recalca la pediatra. No obstante, también beneficia a la madre, porque la protege frente a patologías como la osteoporosis, el cáncer de mama o el de ovario. Sin olvidar que, además, ayuda a la mujer a recuperar más rápidamente su peso anterior al embarazo, reduce las tasas de obesidad y fortalece la autoestima materna.

Necesidad de aprendizaje
Una cosa es clara: la lactancia materna es como montar en bicicleta, requiere aprendizaje. Algunas mujeres tienen dificultades al principio, por dolor en el pezón o por temor a que la leche no sea suficiente para el niño. Normalmente, si hay molestias suele ser por una mala postura o técnica de amamantar, y la segunda cuestión no se debería plantear ya que la leche materna va cambiando su composición y se va adaptando a las necesidades del bebé. No es la misma para un niño recién nacido (calostro), que para uno de cuatro meses. De hecho, tampoco es la misma al principio de la toma (mayor parte de proteínas y azúcares) y al final (más grasa y vitaminas). Y nunca habrá escasez porque el ritmo de producir la leche se amolda a las necesidades del bebé. Cuantas más veces se agarre el bebé al pecho de la madre, y cuanto mejor se vacíe éste, más leche se produce. El volumen de la leche se asemeja al tema de oferta y demanda, recalca la coordinadora del Comité de Lactancia de la AEP.Tras un parto natural la lactancia suele ser fácil. Lo ideal es ofrecer el pecho al niño precozmente, a ser posible en la primera hora tras dar a luz para estimular el reflejo de eyección o la subida de la leche. Respecto a la forma de dar el pecho, los expertos recomiendan una postura cómoda, ya sea sentada o echada para evitar futuras molestias. Lo más importante es que la madre tenga un buen respaldo y que se sienta a gusto. Si decide reclinarse, lo mejor es hacerlo entre 15º y 60º. Por su parte, todo el cuerpo del niño debe estar en contacto con el de la madre, en línea recta, de forma que se junten tripa con tripa; el pezón debe situarse a la altura de su nariz y hay que evitar ponerle la mano detrás de la cabeza de tal modo que pueda echarla hacia atrás y moverse libremente. No obstante, es conveniente sujetarle por la espalda. De forma instintiva, el bebé abrirá mucho la boca, encontrará el pezón y empezará a succionar. Los signos de una mala postura son el dolor de pecho o de espalda para la madre o si al bebé se le escapa el pecho o se le oye hacer ruidos sin que trague, detalla la doctora Hernández.

Medicamentos prohibidos
Asimismo, son muchas las madres que en algún momento pueden tener dudas sobre la compatibilidad de la leche materna con algún medicamento o planta medicinal. La mayoría de ellos no tiene ningún efecto sobre la calidad o cantidad de leche, ni sobre la salud o bienestar del lactante. Es más, suprimir la lactancia sin un motivo importante puede ser un riesgo innecesario para la salud, explica el dr. José María Paricio jefe de servicio de Pediatría Hospitalaria Marina Alta de Denia (Alicante). Por ejemplo, el paracetamol o el ibuprofeno, y casi todas las hormonas (menos los estrógenos) son compatibles con la lactancia. Si es necesario un antibiótico, casi todos permiten poder dar el pecho. La anestesia local, las ecografías, las radiografías y las resonancias tampoco impiden la lactancia, según recoge este experto en la Guía rápida para profesionales sobre lactancia y medicamentos. Una compatibilidad casi siempre posible.

Las mamíferas, de Edurne Uriarte

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