Bebés

¡Este niño no come!

  • La hora de comer se ha convertido en un campo de batalla y sufres porque es imposible que tu hijo pruebe lo que le pones en el plato. Mientras, piensas que se pondrá enfermo, que no come suficiente, que eres la peor madre del mundo, que deberías darle pizza todos los días con tal de que ingiera algo... ¡Fuera dramas! Lucía Bultó, dietista nutricionista y autora de “Los consejos de Nutrinanny” (Ed. Planeta Prácticos) te ofrece todas las claves para que tu niño lleve una dieta equilibrada, sana y sin tiraros los platos a la cabeza. Sigue estas claves, y lo conseguirás.

  • Infórmate bien. Para hacer las cosas correctamente necesitas información fiable, especialmente, sobre lo que tu hijo necesita comer (tanto en cantidad como en calidad) según su edad y su sexo. Para conseguir esa información pide ayuda al especialista adecuado, porque con lo que escuchas por la calle o lo que ves de vez en cuando por la televisión no es suficiente. Recuerda que el pediatra te guió durante la primera etapa de vida del niño, por lo tanto, ¿qué hay de malo en acudir a un nutricionista para que te enseñe qué debe comer tu hijo en las demás etapas de su vida? Por eso, ante la duda, consulta y pide información clara, con ejemplos, con menús, con alternativas y que sea compatible con tu estlo de vida.

  • Retorna a lo mediterráneo. Una cosa parece clara, en España no sabemos usar lo que tenemos. Nuestro país posee la mejor despensa de Europa. Surtimos de frutas y verduras al resto del mundo. Nuestro aceite de oliva es el mejor. También poseemos los mejores cítricos, el mejor arroz y pan de calidad. Pero, después, todo esto lo utilizamos mal. Recupera tu viejo libro de cocina  de la abuela y apréndete cuáles son los productos de temporada y las recetas que los saben aprovechar. Tu dieta y tu bolsillo te lo agradecerán.

  • Nada es bueno ni malo. La alimentación del niño debe ser variada y equilibrada. Lo que quiere decir que hay que distinguir muy bien los alimentos de frecuencia habitual y los de frecuencia esporádica. Porque no hay alimentos malos, sino frecuencias de consumo equivocadas. Por ejemplo: las patatas fritas, ¿son buenas o malas? Pues ni una cosa ni otra. Las patatas fritas, en sí mismas, son muy buenas, pero lo que jamás hay que hacer es plantear una dieta infantil en la que el niño lo acompañe todo con patatas.

  • No te dejes llevar por la emoción. La alimentación está muy ligada a los sentimientos. Para una madre no hay nada más satisfactorio que retirarle a su hijo el plato vacío y rápidamente. A eso le llamamos comer bien. Por el contrario, a la madre le duele cuando ve que ese niño se deja tres trozos de carne y la mitad de la verdura. Pero estamos equivocadas. No te puedes tomar la alimentación de tu hijo como una afrenta personal. El objetivo del niño no es fastidiarte ni el tuyo fastidiarle a él. A lo mejor, en vez de sentirte mal y desesperarte deberías plantearte si la cantidad que le has puesto en el plato es la adecuada. Igual le ha servido la misma cantidad de carne al pequeño que a tu hijo de 15 a años. Y eso no puede ser.

  • Ayúdate. Tenemos poco tiempo y eso mediatiza muchas cosas, entre ellas, nuestra alimentación. Por ejemplo, si no tienes tiempo de hacer caldo (un alimento muy necesario si hay niños en casa), no te atormentes más y cómpralo ya hecho. En la tienda hay caldos muy buenos, igual que son sanas las judías verdes congeladas, la salsa de tomate ya hecha, las legumbres ya cocidas... El “slow food”, esas recetas que requieren horas de preparación, está pasando a la industria alimentaria porque nadie nos pede regalar tiempo y la estructura familiar ha cambiado, la madre está trabajando y no puede comprar la verduras y el pollo, limpiarlo, ponerlo todo en la olla y cocerlo durante tres horas, colarlo, esperar a que la grasa suba en la nevera, retirarla y, entonces, hacer una sopa. Hay pocas madres que tengan tiempo para hacer esto y no hay que sentirse culpable por ello. Ahora, existe otra realidad y tienes que jugar con tus cartas. Tu realidad es que trabajando estás aportando un bienestar a la casa, económico y social, y si no tienes tiempo para cocinar, pues déjate ayudar.

  • Aprende a leer las etiquetas. Para escoger bien entre todos esos productos del supermercado hay que saber leer las etiquetas. Otro factor que te puede ayudar a escoger bien es consultar en internet qué empresa se encuentra detrás de ese producto y si tiene un departamento de nutrición que le asesore.

  • Vigila las cantidades. Desgraciadamente solemos pensar que un niño gordito es un niño que come bien y otro que no rebaña todo lo que hay en el plato es un mal comedor, pero no es así, de hecho, un pequeño con sobrepeso nutricionalmente no va bien y otro puede estar delgado y perfectamente sano y bien nutrido. Solución: no te empeñes en atiborrar a tu hijo. Por ejemplo, ¿por qué insistes en que tu hijo pequeño se tome un plátaño entero si es la misma cantidad que tomas tú? Un niño pequeño tomará medio plátano y con eso tendrá más que de sobra, porque sino tu tendrías, proporcionalmente, que comerte tres. Otro ejemplo que te ayudará a entender a lo que nos referimos: evidentemente, no le pones a tu hija tus zapatos, sino unos de su talla. Pues con la alimentación sucede lo mismo, tu hija no come como un pajarito, es que es un pajarito y debes ponerle comida como a tal. Y eso no quiere decir que su alimentación no sea variada, equilibrada y suficiente. Si no sabes si el niño come suficiente o no, fíjate en él. Su aspecto y actividad nos da muchos datos. Un niño delgadito, pero que no se pone enfermo, que está alegre y rinde en el colegio está bien nutrido. Recuerda: tú no puedes decidir el hambre que tiene tu hijo.

  • Respeta su hambre, no su capricho. Una vez superado el primer punto, no atiborrar al niño, hay que pasar al segundo: aprender a negociar con su hambre y no hacer caso de sus imposiciones (por mucha rabieta que se pille). Lo que no vale en ningún caso es que el pequeño diga que no tiene hambre para comerse el filete pero repita patatas, porque si no tiene hambre para una cosa tampoco debería tenerlo de la otra. ¿Cómo solucionar estos enfrentamientos? Con sentido común. Si el niño dice que no tiene hambre cuando le ofreces fruta para merendar, pero te pide un yogur, no es que no tenga hambre, es que no quiere fruta. Entonces, lo puedes hacer es darle un yogur con trocitos de fruta.

  • Implica al niño. Los conflictos en la mesa se deben solucionar con negociación, diálogo y desdramatizando la situación. Hay que ir por la vía del convencimiento y de la implicación. Al niño hay que implicarle en su alimentación, por ejemplo, pidiéndole a preparar una ensalada o el aliño; llevándole al supermercado; preguntándole qué fruta le gusta más... Que el niño también pueda hablar y formar parte de lo que le llega en la mesa.

  • Pon límites... y calma. El niño debe comer de todo (ten presente a la hora de elaborar sus menús la rueda y la pirámide de los alimentos, la rueda te habla de la cantidad de cada tipo de alimentos que debe haber en su plato y la pirámide de su frecuencia) y realizar entre cuatro y cinco ingestas diarias de comida. Pero tan importante como lo que debe comer es cómo lo debe comer. Tiene que comer con tranquilidad, en familia, con la televisión apagada, sin traumas, pero con disciplina. Si un niño de tres años no quiere ponerse calcetines, se los pones porque si no enferma. Y si un niño que hasta hace un año se tomaba cada cuatro horas un biberón de leche, de repente, no quiere ni verla delata que algo está pasando. Quizá ha habido un paso de biberón a vaso mal hecho o de puré de verdura a verdura en trocitos o de puré de frutas a fruta en pieza. Si este es tu caso, échale paciencia y consulta con un especialista que te dará las pautas para poder disciplinar la comida de tu niño.



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