Educando

El TDAH y la pastilla milagrosa (y III)

Con los ejemplos que le puse la semana pasada no quiero decirle que no vayan bien las pastillas de medicamentos. Porque van bien y ¡muy bien! Pero su efecto es puntual y temporal, porque no solucionan los problemas de fondo desencadenantes de las situaciones que le expuse.

Comparo el tratamiento medicamentoso del TDAH con una corrección óptica: al niño le ponen unas “gafas” (medicación) porque antes “no veía bien” (déficit de atención) para que ahora “vea bien”. En otras palabras: antes veía borroso y ahora, con las gafas, ya ve claro. Pero, ¡ojo!: esto no quiere decir que “entienda bien” lo que ahora ya “ve bien”. El que entienda bien lo que ahora ve es un segundo paso, otra etapa del programa terapéutico. Para ello, quizá habrá que enseñarle a poner codos al estudio, o ponerle una ayuda extraescolar, o remediarle su trastorno de comprensión subyacente al TDAH (por ejemplo, una dislexia), o desactivar el bullying escolar que está sufriendo, o quizá decirles a sus padres que no se pelen delante de él… Todo no acaba con la pastillita milagrosa.

Paso a exponerle, amiga lectora, la metódica que utilizo en mi trabajo con pacientes con TDAH. Lo primero que hago es calibrar la magnitud de su trastorno. Valorar cómo afecta éste a sus relaciones familiares, escolares y sociales. ¿Los hermanos están en contra de él o ella? ¿Se pasa el día castigado, tanto en casa como en la escuela? ¿Está aislado, sin amigos? ¿Los padres están al borde de un ataque de nervios? ¿Sufre acoso escolar? ¿Le amenazan con expedientes disciplinarios?... Y una vez tomado el pulso de cómo están las situaciones cotidianas, opto por unas medidas terapéuticas u otras.

Así, si la gravedad no es tanta, tengo mayor margen para explorar la efectividad de sencillas pautas educativas o tratamientos alternativos (dietético, psicoterapéutico, etc.) sin usar, de entrada, medicaciones específicas para el TDAH. Pero, cuando las circunstancias son de máxima urgencia y no hay tiempo para la espera (el niño está al borde de la expulsión escolar, hay consumo de sustancias, severa conflictividad familiar, etc.), no me duelen prendas y echo mano a los efectivos fármacos de que disponemos en la actualidad.

Vea, pues, querida lectora, que la cuestión fundamental es no precipitarse ni empecinarse en una sola línea de tratamiento (1).

1.- Castells P. Nunca quieto, siempre distraído. ¿Nuestro hijo es hiperactivo? (Ceac, 2009)

PAULINO CASTELLS

PAULINO CASTELLS

Patrono y representante de la Fundación Alia2. Doctor en Medicina y Cirugía, especialista en Pediatría, Neurología y Psiquiatría y Profesor de la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, Paulino Castells (www.paulinocastells.com) también es padre de cuatro hijos y abuelo de cinco nietos. Por eso, semana tras semana, nos irá contando cómo educar a nuestra familia con auténtico conocimiento de ...

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