La tarde arranca como otra cualquiera. A las cuatro te levantas, te lavas los dientes y te atusas el pelo. Preparas la merienda – un plátano, quesitos, un bollo de pan de los que le gustan, un poco de agua, ¡siempre tienen sed! –. Coges el abrigo y las llaves del coche, y sales con tiempo, que luego no hay quien aparque, con tanto padre y tanto autobús.
Las madres forman corrillos a la entrada; la cancela está cerrada hasta la hora en punto, no se vaya a escapar alguna de las criaturas a lo loco, sin controlar. Hoy no te has esmerado mucho, vaya pintas… estabas casi dormida, a punto de caer cuando ha sonado la alarma: hora de la recogida. Tenías al menos que haber combinado un poco el bolso con el abrigo o no llevar los mocasines viejos que no pegan ni a la de tres.
Primero salen los pequeños. Adorables. ¡Tan monos! Con las manos pegajosas y las bocas pintarrajeadas, las manos manchadas de algo parecido al chocolate. Corren hacia sus madres dando gritos de alegría. Muchas son chicas bastante jóvenes; a algunas no las has visto nunca.
Los niños siguen saliendo, con cuentagotas. Ahora, algunas niñas, en grupitos. Tiran la mochila al suelo y se ríen entre ellas. Dan un beso a sus madres y vuelven al círculo, dando mordiscos a los bocadillos y hablando, riendo…libres, por fin.
Allí a lo lejos…¿es la tuya? Salió esta mañana, como siempre, tan contenta. Un beso y sonrisa con prisas, pero bien. Le haces una seña con la mano; qué raro, será que no te ha visto, ¿será posible? Pero si te ha tenido que ver. Corres para alcanzarla porque ya está a más de tres metros, en fuga hacia la puerta… la alcanzas a duras penas; pero donde vas, ¿es que no me has visto? Sí, claro pero no hace falta que grites; pero, como, protestas, si yo no he gritado…ay, mamá…
Camina tres metros por delante, sin mirarte, como si tuviera mucha prisa. Espera, le dices, ¿qué pasa? Pero no vayas tan rápido que no puedo correr.
Y de repente, lo ves claro: vergüenza de que la vean contigo.
Por la mañana era ado-rable y de repente, se ha convertido en ado-lescente. Y entre ambos estados no han transcurrido ni veinticuatro horas.
Bienvenida al club, se acabó la niñez.