La amistad es algo que se aprende poco a poco, y no significa lo mismo a los cuatro años que en la adolescencia.
Diferntes etapas
Cuando el niño es muy pequeño, su vida gira en torno al adulto y sus iguales apenas le importan. Dedica sus primeros dos años a diferenciarse y a afirmar su persona; por ello, todo lo quiere hacer solo. Pero, cuando empieza a tomar contacto con otros niños para jugar, surgen los primeros conflictos derivados del descubrimiento de la existencia de los intereses de otro. Sin embargo, este incipiente reconocimiento de la diferencia entre él y los demás será la base para la construcción de las futuras amistades.
A los cinco años, aún está muy influido por los valores de los padres y prefiere amigos que satisfagan a éstos. Al mismo tiempo, hace sus elecciones según una lógica propia: me gusta fulanita porque es pelirroja.
El valor de tener un amigo
Con seis años, la amistad cobra importancia y el niño sufre mucho la exclusión cuando, por ejemplo, su amigo prefiere a otro.
A partir de los siete, la maduración del pensamiento favorece la capacidad de ponerse en el lugar del otro y así comienza la época de los juegos en grupo. Alrededor de los 10 años, es el tiempo de la verdadera amistad y las relaciones, que normalmente se producen entre niños del mismo sexo y que son llamativas por su intensidad. Estos vínculos anticipan a los primeros amores que vendrán más adelante.