Aun cuando la cirugía sea imprescindible, es importante no descuidar el estado emocional del niño. Pueden desatarse fantasías inquietantes que es necesario neutralizar. El niño, independientemente de su edad, debe conocer, con antelación suficiente, la naturaleza de la intervención. Con palabras que entienda, se puede hablar sobre el sentido de la operación. Se trata de que él mismo pueda fundamentar el por qué. Dice la psiquiatra Françoise Dolto en su libro ’Trastornos de la infancia’ (Ed. Paidós): ’A los cuatro o cinco años, un niño asume completamente todo lo que le ocurre a su cuerpo, si las palabras le dan un sentido’. La compañía de los padres, y de la madre en particular si el hijo es muy pequeño, le proporciona seguridad en momentos tan delicados. Más aún después de la operación.
Encuentros convenientes
Es aconsejable que la presencia de los adultos sea tranquilizadora y comprensiva y que no impidan el llanto del niño, pues puede ser la manera de expresar su malestar. También conviene entender pequeñas regresiones, como, por ejemplo, comportarse como un bebé cuando ya no lo hacía. En el tiempo de la hospitalización, las distracciones le harán más llevadera la estancia. Si el hospital no acepta las visitas de niños, sería conveniente que fueran a verlo a casa. Estos encuentros pueden ser muy convenientes, pero cuando un adulto le promete una visita es esencial que pueda cumplirla.
Además, si es pequeño, conviene llevarle muñecos con los que pueda jugar a la situación que atraviesa y, de esa manera, elaborar la experiencia traumática: por ejemplo, muñecas que puedan representar enfermeras, médicos, pacientes, etc. Estos objetos, que fueron sus compañeros durante la hospitalización, le facilitarán el vínculo entre el hospital y su hogar. En este mismo sentido, si la hospitalización es larga, ayuda al niño que se hable de lo que ocurre en casa y de las novedades producidas en su ausencia.