“No puedo pelearme a diario con mi hijo. Apenas lo veo unas pocas horas al día y prefiero que esté feliz durante ese rato”. Esta frase resume una de las causas, quizás la mayor, del fracaso escolar, un problema que repunta en nuestro país: en el último año ha crecido en 1,1 puntos el número de alumnos que abandonan los estudios o se perpetúan sin conseguir superar el curso, hasta situarse en el 29,6%, de acuerdo con los últimos y polémicos datos del Informe Pisa.
El profesor de secundaria David Rabadà i Vives ha estudiado mas de un millar de casos de alumnos cuyo rendimiento académico y su conducta en clase dejan mucho que desear. “El núcleo de la cuestión del fracaso escolar es la falta de tiempo de calidad entre padres e hijos, tanto para sancionar como para premiar”. Después de un largo estudio, ha publicado un libro “¿Educar? Educamos todos. Fracaso Escolar: recetas para curarlo” (Ed. Lectio), en el que enumera los perfiles de los docentes y los padres que, con su actitud, no educan correctamente a los niños y adolescentes.
A LA COLA DE EUROPA
“El problemas es grave –dice Rabadà, profesor desde hace 20 años–. Los informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) sitúan a España, desde hace cinco años, en la cola de Europa. Y eso es preocupante”. España se encuentra a 10 puntos de la media (82%) y a 14 de la de la Unión Europea (86%). Además, sólo el 61,6% de los alumnos acabó el segundo ciclo de Educación Secundaria en 2006 –en Europa la media fue de 77,8%–. Además, la dificultad de los quinceañeros a la hora de comprender lo que leen también es preocupante: la tasa es del 21,1%. España tendrá que adaptarse a la meta impuesta por la UE, reducir este porcentaje hasta el 15,5% en 2020.
Mientras tanto, ese mismo problema en Finlandia, el país con mayor éxito escolar de Europa según el Informe Pisa y con el mayor gasto público en educación (el 6,51% del PIB, por el 4,3% del PIB en España), no supera el 5,7%. Finlandia se encuentra entre los países que cuentan con un mayor grado de autonomía y equidad en sus centros y su rendimiento escolar es ejemplar, aunque los niños empiezan la escuela un año más tarde que en España y tienen un 23% menos de horas de clase que en nuestro país.
Rabadà ha detectado el origen del fracaso escolar en hogares donde los padres no dedican tiempo de calidad a sus hijos: “Casi no están con ellos y, aún así, en vez de aprovechar la cena para una conversación, comen con la televisión encendida”. Sin embargo, no cree que la culpa, de ninguna manera, la tenga solamente la familia. El colegio, la Administración y la sociedad también son responsables. “Hay ciertos valores que deben recuperarse. Antes, si un chaval tiraba un papel y lo veías, se lo reprochabas y no pasaba nada. Ahora, si lo hacemos, viene el padre y dice: “A mi hijo no tiene que decirle nada”. Olvidamos el papel educativo de la sociedad”.
Sin embargo, el psicólogo educativo Jesús Ramírez resalta que el alumno “es el máximo responsable, porque no dedica el tiempo necesario al estudio. Es más interesante chatear, hablar por teléfono, enviar mensajes, jugar con el ordenador, ver la televisión… Y esto va en detrimento de la lectura, la escritura y el estudio”. Sin olvidarnos de ellos, repasamos con Rabadà los tipos de padres y profesores que entorpecen los estudios de sus hijos.