En el arte de amamantar, el estado emocional de la madre determina la marcha del proceso. Cualquier mujer que haya amantado sabe del vínculo íntimo y profundo que se establece. Ella se encuentra después del parto en un estado de sensibilidad extrema y tiene que acomodarse a las necesidades de su hijo. El ambiente en que se produce el amamantamiento tiene que ser tranquilo y estar libre de tensiones, tanto internas como externas.
Al bebé, la vida le penetra por la boca. Junto a la leche materna se filtra otro alimento: el afectivo, que es fundamental para que la vida siga adelante. No obstante, el amamantamiento supone una intimidad que a veces asusta. Obliga a la madre a ponerse en contacto no sólo con la dependencia del bebé, sino también con la propia. Si la mujer se siente ansiosa, impaciente o tensa, el niño experimenta por contagio ese clima afectivo y se angustia con la leche. A la madre le influyen el ambiente actual y su historia emocional, pues también tiene una madre con la que inconscientemente se identificará.
Lucha interna
La pediatra y psicoanalista francesa Françoise Doltó cuenta esta sorprendente historia: cuando trabajaba en un hospital, una mujer tuvo un bebé del que dijo que no podía alimentarlo, no le subía la leche. Doltó le pidió entonces al médico que le preguntara a la mujer qué era para ella alimentar a un niño y qué tipo de relación mantenía con su madre. Con cierta incredulidad, el médico se lo comentó a una supervisora que se encargó de hablar con la joven madre. Le dijo que tendría que estar contenta. La chica se puso a llorar y dijo: "no puedo alimentarlo". "¿Por qué no puede?", le preguntó la supervisora. "Mi madre me abandonó", explicó la mujer. "¿Cómo es posible eso, con lo bonita que tenía que ser, igual que su bebé?", afirmó la supervisora. Entonces, la joven lloró en brazos de la supervisora que durante unas horas la cuidó como una madre. Poco después, la leche subió a los pechos de la joven madre, que pudo amamantar a su bebé.
La interpretación de Françoise Doltó de este caso es que la joven no podía amar al niño, a no ser que una mujer le permitiera expresar su dolor. La supervisora le dio la posibilidad de encontrar una relación maternal positiva diferente a la que ella había tenido. Este caso invita a reflexionar sobre los procesos inconscientes que actúan durante el primer lazo afectivo que se crea en la lactancia.
Siempre hay preguntas del tipo: ¿Cómo será la leche? La mujer se sentirá portadora de buenos o malos alimentos. Si ha elaborado la relación con su madre sentirá que posee buenos alimentos que ofrecer. ¿Es mejor poner horarios o dar de mamar cuando el niño lo pida? La primera opción es para que la madre pueda organizarse. Sin embargo, como en un primer momento el niño no distingue entre él y su madre, vive el hecho de no recibir la comida como una tensión. Los horarios libres, que tienen en cuenta el ritmo que el niño marca, tienen más beneficios psicológicos a la larga, aunque al principio puedan parecer más incómodos para la madre. El niño siente que ejerce algún tipo de control sobre el ambiente y que ese ambiente le entiende. Lo más conveniente es que cada madre siga los horarios que su sensibilidad le permita poner para sentirse bien y segura en la importante labor que realiza.
Cómo evitar errores
El destete debe ser gradual, porque si no el bebé se encontraría ante dificultades para integrar la experiencia vivida hasta ese momento de forma placentera. Este cambio no debe coincidir con otros, tales como la entrada en la guardería o un cambio de casa. Tampoco conviene dejar al bebé justo en estos momentos al cuidado de otra persona; si se necesita la ayuda de alguien, es mejor que esté antes. No hay que hacer caso a quienes atribuyen en primer lugar cualquier llanto del bebé a que la madre no tiene leche suficiente o que ésta no es nutritiva. Los llantos muestran, al contrario, que la alimentación es buena y el niño quiere más. La madre necesita tiempo para acoplarse a la demanda de su bebé.
¿Qué podemos hacer?
El deseo más importante del bebé es recibir el alimento de alguien que goza alimentándolo. Para que este placer se produzca, la madre no puede estar presionada. La ayuda que en primer lugar desea la madre es que el padre se comprometa en el proceso y la apoye en lo que sea necesario. Es importante que la mujer sepa y pueda compartir la tarea de alimentar a su bebé. La madre no debe asumir la hegemonía sobre el bebé; este afán la agobia a ella y perjudica al hijo.
Preparar un buen destete, que es aquel que hace el bebé solo y libremente porque ha tenido una buena alimentación. En tal caso, lo recibirá bien porque éste implica una ampliación importante al campo de su experiencia.