Sin amenazas
Según cómo los padres hayan vivido sus propias separaciones del entorno familiar, transmitirán esa experiencia a sus hijos. Si lo que se privilegia es lo negativo de ese proceso, es difícil que los cambios puedan ser vividos con cierta tranquilidad por los niños. Cuántas veces los adultos anuncian el ingreso en la escuela como si se tratara del fin de la buena vida: ’¡Pórtate bien o te castigarán!’; ’Ahí vas a ver lo que es bueno’... Convertir la escuela en una amenaza marca la forma que asumirá su primera socialización y su futuro escolar.
Si atendemos a estos ejemplos, no nos extrañará ver a niños que lloran o a los que hay que arrastrar por la calle, porque no quieren entrar al colegio. Hay otras maneras de acercarse, hay niños que esperan ese acontecimiento con impaciencia y alegría. Los que van por primera vez, necesitan que los padres les anticipen con palabras lo que van a encontrar, ése recuerdo les servirá de compañía, ya que les resulta difícil pasar tantas horas alejados de los padres. Es importante considerar que, cuando son pequeños, les es muy difícil contar lo que les pasó en el colegio aquel día. Sólo pueden hablar de lo que está pasando en ese momento. Es inútil enfadarse porque no sepan contarlo.