1. CONVIENE ESPERAR a que el niño alcance la madurez necesaria para controlar los esfínteres (entre los dos y tres años) y no acelerar el proceso. Hay que darle tiempo.
2. HAY QUE ESTAR ATENTOS para que no tome líquidos dos o tres horas antes de irse a dormir.
3. DEBEMOS RECORDARLE que es necesario ir al baño antes de meterse en la cama y hacer con él siempre las mismas cosas y a la misma hora. Los rituales nocturnos antes de acostarse tranquilizan al niño y le ayudan a separarse, de una forma más natural, de los padres.
4. LOS PEQUEÑOS TIENEN “antenas” especiales para detectar las preocupaciones de los padres o su mal humor. Por lo general, suelen culpabilizarse de lo que les ocurre a sus progenitores.
5. LES PUEDE ALTERAR un cambio de canguro o de profesor. Si se les da la oportunidad de hablar sobre lo que han hecho durante el día, se van a la cama más relajados y no necesitan descargar la excitación acumulada mientras duermen.
6. SI NO SE RESUELVE el síntoma y la incomodidad empieza a ser alta, conviene consultar con un psicoterapeuta infantil, que ayude a nuestro hijo a elaborar lo que le ocurre y nos oriente sobre las medidas que hay que adoptar.
PARA EVITAR ERRORES
●Nunca se debe castigar ni humillar al niño, que es el que peor lo pasa porque no está orgulloso de lo que le ocurre. Además, no puede controlarlo.
●Hay que hablar de ello con sencillez, diciéndole que, seguramente, se le pasará en poco tiempo. No es conveniente borrar el rastro de pis nocturno sin decir nada, como si no hubiera ocurrido, y con la excusa de que el niño es pequeño para hacer frente a la situación. Esta actitud puede retrasar su autonomía.
●Nunca hay que tomárselo como algo que el niño hace contra los padres. En el caso de que esté expresando celos de un hermano o malestar ante una situación, lo que subyace en el fondo es el temor de no ser bastante querido por sus padres.