Isabel Menéndez

Autor: AFP
Dolor, rabia, satisfacción y aflicción. Los recién nacidos expresan con lágrimas estas emociones. Con paciencia y tiempo, las madres aprenden a diferenciar su llanto.
Hugo dejó de llorar cuando su madre, Elena, lo estrechó contra su pecho, como si el sonido del corazón de su progenitora detuviera sus lágrimas. Pero en ese mismo instante Luisa, la suegra de Elena, sentenció: “Lo vas a acostumbrar mal si lo coges en brazos cada vez que llore”.
Elena sonrió y no contestó. Tenía claro que no dejaría llorar a su bebé. Cuando ella era pequeña, lloraba mucho durante la noche. Ya de mayor, comprendió que las razones de aquel llanto tenían que ver con una sensación de profundo desamparo. Por razones familiares, Elena fue separada de su madre demasiado pronto y no estaba dispuesta a que su hijo fuera víctima de una inseguridad semejante.
Cuestión de enfoque
La actitud hacia las lágrimas de un hijo evoca la educación emocional de la madre en los primeros momentos de su vida. Todas las madres desean entender a sus bebés. Si hay algo que les preocupa es averiguar los motivos por los que llora. No ignoran que el llanto es una petición de ayuda y se apresuran a interpretar lo que le ocurre.
Algunas personas consideran que no se debe dejar llorar a un niño. Otras, por el contrario, son partidarias de esperar antes de atenderle, “para que no se acostumbre mal”. La madre primeriza se siente desorientada ante opiniones tan opuestas. Lo mejor es que siga su criterio tras averiguar las razones del llanto de su bebé. Según el pediatra y psicoanalista infantil D. W. Winnicot, hay cuatro clases de llanto, que expresan las siguientes emociones: satisfacción, dolor, rabia y aflicción. Puede resultar extraño que las lágrimas se relacionen con la satisfacción, pero así es. Cualquier ejercicio del cuerpo es bueno desde el punto de vista del niño. Los bebés lloran porque se sienten ansiosos e inseguros y eso les ayuda. Se trata de una descarga emotiva, que en ocasiones resulta placentera. El placer interviene en el llanto tanto como en el ejercicio de cualquier función corporal que libera al cuerpo de un malestar.
Dolor y seguridad
El llanto que corresponde al dolor se reconoce enseguida porque su sonido es agudo y penetrante. Además, el niño suele señalar con la postura corporal o con la mano dónde le duele. Si le molesta el estómago o el intestino, encoge las piernas; si le duele un oído, se lleva la mano a él. El llanto de dolor no es placentero y levanta en quien lo escucha el impulso de hacer algo enseguida. El hambre, para el recién nacido, es también una forma de dolor, de ahí que llore de forma desesperada cuando la comida se retrasa.
Otro tipo de dolor es el que se refiere a la sensación de inseguridad: cuando se le cambia de ropa, por ejemplo, al bebé se le cambia mucho de postura y se le deja desnudo, con lo que se nota poco seguro. A veces el pequeño llora cuando está sucio, pero no porque deteste sentirse así, sino porque asocia esa situación al cambio de ropa, que se producirá. Winnicott denomina a esta reacción “llanto aprensivo” y dice que su base es el dolor, pero un dolor recordado que sabe que se repetirá.
Las lágrimas que provienen de un ataque de rabia tienen, aunque parezca contradictorio, su lado bueno. Indican que el bebé confía en la madre, aunque se enfrente a lo que ella le propone. Un pequeño que ya no cree que pueda cambiar las cosas llora de forma triste o golpea la cabeza contra la almohada, pero no dirige su grito hacia nadie. Es saludable que el bebé conozca el alcance de su rabia. Cuando está enfadado no se siente desvalido. Si llora con rabia, pero quienes le rodean se muestran tranquilos y no dan señales de haber sido heridos, esta experiencia le permitirá comprender que lo que él siente como verdadero no es necesariamente real, que la fantasía y la realidad son cosas distintas.
Algunas personas viven dominadas por el temor a enfadarse, temen lo que pueda ocurrir si muestran su rabia. Por algún motivo, no la pudieron expresar de pequeños, quizá porque su madre tenía miedo a estas manifestaciones.
El consuelo
Las lágrimas por tristeza se producen cuando el niño ha recorrido ya un camino en el desarrollo de sus sentimientos. El motivo suele ser la culpa: cree que la madre desaparece de su vista porque ha sido malo. Ya no reacciona frente a lo que ocurre, sino que se hace responsable de cuanto le sucede. Con el tiempo, aprenderá a discriminar su responsabilidad real de la imaginaria. Cuando un bebé está triste, hay que consolarlo. Necesita amor y comprensión, pero no que le diviertan para que se olvide de lo que siente. Esta actitud le enseña a no tener miedo de sus sentimientos, a expresarlos y a no negar sus emociones.
¿QUÉ PODEMOS HACER?
• El llanto del bebé es una expresión de vitalidad que conviene comprender para actuar en consecuencia. Es una señal que tenemos que aprender a interpretar.
• Las madres deben dejarse guiar por lo que su sensibilidad les dice acerca de las quejas de su bebé y no por orientaciones rígidas con las que ellas no se sientan cómodas: es el amor por su hijo lo que más le ayuda.
• La madre debe saber que, aunque quiera evitar por todos los medios que su pequeño llore, en ocasiones no podrá hacerlo. Y es que el llanto es una forma de expresar emociones que el bebé necesita para crecer. Pronto aprenderá a diferenciar y comprender unos llantos de otros.
• Las madres no deben tener miedo a que su pequeño llore de rabia: es una descarga que les enseña a diferenciar su capacidad de destrucción real de la imaginaria.
• Conviene reflexionar sobre los sentimientos que tiene la madre cuando el niño protesta. De esta forma ella comprenderá mejor la manera de actuar con su hijo.
• Es conveniente huir de las actitudes rígidas. Éstas dependen más de las difi cultades en el adulto que de las necesidades del bebé. En todo caso, la madre no debe hacerse reproches si no entiende los primeros llantos.