¿A qué tienen miedo?

Isabel Menéndez

¿A qué tienen miedo?

Ante todo temen que los separen de su madre. Pero, lejos de representar un retroceso, se trata de un avance.

Diego había mirado con expresión de asombro la cara de aquel hombre e, inmediatamente después, empezó a sollozar ocultándose en el regazo de su madre. Ella, con ese radar interno que el ejercicio de la maternidad despierta, lo abrazó, susurrándole que no se preocupara, que era un amigo de la familia. Diego se tranquilizó mientras su madre, se sorprendía por este gesto; él nunca había reaccionado así. Era un niño alegre, que se reía mucho y no entendía el miedo que le había producido aquel encuentro. Tal vez, pensó, le asustaron las gafas.

LOS PRIMEROS PASOS

A partir de los ocho meses, los bebés pueden comenzar a tener miedo de las personas que no conocen. Antes, bastaba con sonreírle y él también lo hacía, le gustaba cualquier demostración de afecto. Ahora, hay que mantener la distancia con la gente que le atosiga. Le asustan los desconocidos, pone cara de asombro, como si estuviera reconociendo algo, y después se pone a llorar. ¿Por qué se inquieta cuando alguien se le acerca? ¿Se ha vuelto miedoso? ¿Por qué tiene miedo ahora que es más autónomo? ¿Es un paso atrás?

Desde los ocho a los 15 meses
, el niño pasa por un proceso en el que teme el encuentro con la gente que conoce poco, incluso en presencia de los padres. Le invade un sentimiento de inseguridad y amenaza. Esta actitud no tiene que ser motivo de preocupación, sino todo lo contrario, porque representa que está creciendo. El pequeño se asusta, porque teme que lo quieran separar de la madre. Lejos de representar un retroceso, se trata de un avance en su maduración psicológica, una prueba de amor y un reconocimiento de que puede perderla.

Durante los primeros meses, entre la madre y el bebé no existe propiamente un vínculo, pues todavía no hay dos personas diferenciadas. Se trata de una especie de condensación en la que ambos se entregan y se confunden. Durante esta etapa se siente seguro, su relación con ella no corre peligro. Pero, cuando el bebé se cerciora de que no es así, comienzan los peligros y éstos vienen representados por las personas extrañas que lo pueden separar de ella.

ALEJAMIENTO PROGRESIVO

En tales circunstancias, el niño llora, se protege con sus manos o busca el regazo de su madre. También es posible que tire de ella, indicándole que deben volver a la seguridad de lo conocido. Estas manifestaciones pueden ser muy variables, dependiendo del pequeño. Pueden ir desde un simple gesto de desconfianza hasta fuertes crisis de llanto. Pero todos los niños atraviesan esa etapa, que está relacionada con un momento importante de su crecimiento emocional. Se denomina en psicología “la angustia del octavo mes” y señala un desarrollo armonioso de la personalidad del pequeño.

En realidad, se trata de un paso necesario que permite al niño organizar su pensamiento. Ya se ha dado cuenta de que no vive en un estado de fusión con la madre. Presiente que él y ella son dos seres distintos y por eso teme que una persona ajena venga a separarlos. Si es capaz de diferenciarse de ella es porque cuenta ya con algunos recursos. Puede pensar y fantasear, y ha aprendido a esperar y el chupete o el peluche le ayudan a hacerlo. Sólo le queda despegarse progresivamente de la madre.

CÓMO ACTUAR

Jugar al "cu-cu-tras-tras" o "el escondite". La aparición de alguien que se había escondido alegra al niño, pues representa que, si la madre se va, después de un rato vuelve a aparecer. Estos juegos ayudan al pequeño a aprender que estar separado de la madre no es sinónimo de perderla. Es recomendable comenzar por separaciones de poco tiempo durante los primeros meses, para que el pequeño vaya aceptando, progresivamente, intervalos más largos.

• Alrededor del sexto mes conviene que el bebé tenga un objeto familiar que pueda manipular y llevar consigo a todos lados. Este elemento sustituye a la madre y le brinda seguridad. Por lo general, el objeto privilegiado suele ser el chupete, pero conviene que tenga algo más, como un muñeco o una manta, pues así le será menos difícil abandonar el chupete.

• Hay que tomarse su miedo muy en serio y no quitarle importancia. La mayoría de las madres se dan cuenta de que los niños pequeños tienen necesidad de determinados gestos que los tranquilizan. Algo que ayuda a un bebé a calmarse es hablarle, pues la voz de la madre alivia su inquietud, aunque no la vea.

CONSEJOS PARA EVITAR ERRORES

En el octavo mes, procura no separarte mucho tiempo del bebé.

Entre los ocho y los 15 meses, es recomendable que el pequeño no sufra muchas transformaciones, como empezar la guardería o cambiar de canguro. No obstante, en la práctica, lo superan sin dificultad.

La madre no debe sentirse mal por estas manifestaciones. Todo lo contrario, representan que su función de madre es buena.

No se le debe etiquetar de miedoso. Sentir angustia frente a la inseguridad es el precio que debe pagar para ser autónomo.

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