Victoria Queipo
Últimamente observamos en la calle a más padres con hijos gemelos que antes. La frecuente utilización de las modernas técnicas de reproducción asistida ha contribuido a incrementar el número de embarazos múltiples, mayoritariamente mellizos. Por métodos artificiales o por factores hereditarios, ante el diagnóstico de un embarazo múltiple, la pareja puede reaccionar con alegría, con seria preocupación o con todo al mismo tiempo.
Criar a más de un hijo a la vez, además de agrandar la familia en un tiempo récord, supone multiplicar afectos y esfuerzos emocionales, físicos y económicos.
El papel del padre, aún más que en el caso del hijo único, será acompañar y sostener a la madre, demasiado exigida por la situación. Él deberá mantener la fortaleza en una etapa de grandes cambios en la familia. Su ayuda no admite titubeos.
Respetar las diferencias
Puede ocurrir que los padres, presionados por el cúmulo de obligaciones que supone criar a dos niños a la vez, se olviden de que sus hijos son dos personas distintas. La identidad sólo será otorgada por la capacidad de reconocer, a cada niño entre los dos.
Ser mirado de un modo distinto implica para el niño verse respetado en su propia individualidad y reconocido en su propio deseo. Los mellizos, sean idénticos o no, son personas diferentes. Una labor esencial en el devenir de la crianza es ayudar a que estas diferencias se mantengan, contribuyendo a su definición. Algunas actitudes permiten materializar la individualidad: vestirlos de distinto modo, no llevarles de paseo siempre juntos, comprarles objetos distintos, programarles actividades extraescolares en las que no coincidan, etc
Evitar el exhibicionismo
Sin embargo, a los adultos les encanta, les resulta simpático peinarlos y vestirlos de igual manera. Pero esto puede ser negativo para el desarrollo de sus aptitudes, porque dificulta la libre expresión de un modo de ser espontáneo y les coloca en una situación artificial y exhibicionista que despierta las miradas complacientes de todo el mundo.
Mantener el equilibrio
Teniendo en cuenta que entre los mellizos suele haber una personalidad más dominante que la otra, es frecuente observar que el menos fuerte se someta psicológicamente. En estas condiciones le cuesta mucho encontrarse a sí mismo y, aún sin quererlo, va adoptando el modo de ser del primero. Por todo lo dicho, la educación de mellizos es muy trabajosa.
Es un duro reto para los padres mantener el difícil equilibrio en ese esfuerzo de respetar en cada hijo su condición de sujeto único y singular, que es el requisito indispensable para una buena estructuración de sus identidades.
Identidad perdida
- Simbiosis extensiva. Nacer en compañía favorece en ocasiones una larga duración de la infancia más allá de lo recomendable. A la vez, fortalece el sentimiento de omnipotencia: ellos creen que juntos lo conseguirán todo. Para un mellizo, la simbiosis normal de los primeros tiempos de la vida puede no darse exclusivamente con la madre si no que, a veces, se hace extensiva al otro mellizo, dificultando la larga tarea de la individuación.
- Dolorosa separación. Separarse gradualmente de la madre es un proceso difícil que, en estos casos, se complica. Un gemelo puede convertirse para el otro en ese doble que siempre está ahí, acrecentando la idea de que nunca estará solo. Aceptar que el hermano que nació al mismo tiempo es otro distinto, del cual está separado, resulta doloroso.