Victoria Queipo
En el periodo inicial del rito alimentario se crean círculos viciosos, una dinámica de relación, a veces difícil de modificar, entre la madre y el bebé.
En primer lugar, las madres se sienten juzgadas en su función si sus hijos se alimentan mal. Si el bebé recién nacido no succiona bien el pecho o si la madre tiene poca leche, ellas se sienten culpables y angustiadas, y suponen que algo no hacen bien. Las madres suelen acudir a las abuelas en busca de consejo; ellas hablan con normalidad desde la autoridad que les da la experiencia y responden como si siempre hubieran sabido qué hacer.
Pero tanta sabiduría sólo confirma el sentimiento de incapacidad de una madre inexperta e insegura. Cuando el niño es muy pequeño casi no hay separación entre lo que siente él y lo que vive su madre. Si a la hora de comer, ella está angustiada, él también lo estará. Los bebés son verdaderas esponjas, expertos en captar el clima emocional que los rodea, sobre todo lo que no se expresa verbalmente sino a través de gestos, miradas... No sólo será la madre quien estará preocupada por la comida, sino que el niño ya no comerá bien.
Claves para saber qué ocurre
Madres angustiadas: ’malas comedoras’: Ocurre con frecuencia que las mamás que se angustian porque sus hijos no comen, fueron de pequeñas ’malas comedoras’. Inconscientemente, reproducen su propio conflicto con la comida sin saberlo.
Respetar los ritmos: Hay algunos problemas que podrían evitarse, ya que se deben a la falta de comprensión de los ritmos propios del bebé. Como dice una famosa psicoanalista infantil, Françoise Dolto: ’Hay niños que ya no pueden comer porque la alimentación ha perturbado su ritmo: les dan una cucharada y, antes de que la hayan tragado, les dan otra. A la tercera, guardan el alimento en la boca y ya no tragan nada para asegurarse que no les van a dar otra más. Las madres no caen en la cuenta del tiempo de masticación y de reposo necesarios entre los bocados. El niño es lento, no va al ritmo de su madre’.
Un vínculo afectivo: No hay que olvidar que la comida es un lugar de intercambio, un lugar de relación. Comer no es sólo alimentarse, es satisfacer el apetito en el marco de una relación afectiva entre el niño y quien le alimenta.
Cuando prefiere caminar o hablar: Los padres deben saber que cada vez que el niño alcanza una nueva adquisición, como la motricidad o la palabra, pierde interés por el alimento durante algunos días. Descubre un nuevo placer que le ocupa por entero. Por ello es importante que pueda disfrutar de su nueva habilidad, y no debe interpretarse la falta circunstancial de apetito como un trastorno alimentario que no existe.