Ser Madre

Cómo comunicarte con tus hijos

  • Cómo comunicarte con tus hijos - Imagen 1 Cómo comunicarte con tus hijos - Imagen 1 I. Menéndez

  • Cómo comunicarte con tus hijos - Imagen 2 Cómo comunicarte con tus hijos - Imagen 2 I. Menéndez

  • Cuando comienza un nuevo año se hace balance del anterior, evaluando lo conseguido y lo que no hemos podido lograr. Es un momento para reflexionar sobre nuestra vida y nuestra labor como padres. Los protagonistas de las vacaciones de Navidad son los niños.

Cuando comienza un nuevo año se hace balance del anterior, evaluando lo conseguido y lo que no hemos podido lograr. Es un momento para reflexionar sobre nuestra vida y nuestra labor como padres. Los protagonistas de las vacaciones de Navidad son los niños. Entre los buenos propósitos de cambio que los adultos nos hacemos para el año que comienza podríamos incluir la mejora de la relación con los hijos.

Nada es tan frágil ni se lleva a cabo con tantas dificultades como la historia emocional entre hijos y padres. Pero, al mismo tiempo, pocas cosas nos ofrecen más satisfacciones que comprobar que nuestros hijos se manejan bien en la vida y que los padres hemos contribuido a ello.

Si los niños son pequeños, podemos aprovechar estos días para dedicarles tiempo, jugar con ellos y escucharles.

Saber hablar

Alrededor de los 12 años, edad en la que comienza la pubertad, conviene establecer con ellos una comunicación donde puedan expresarse y manifestar lo que más les ha gustado en el año y las expectativas que tienen para el próximo. En esa etapa en la que comienza el proceso adolescente, los hijos empiezan a experimentar también una gran transformación corporal que va inevitablemente acompañada de cambios psicológicos. Tienen que comenzar a pensarse como mayores, lo que está lleno de dificultades. Es importante que puedan poner palabras a las fantasías que tienen sobre su futuro y que nosotros seamos capaces de escucharlas. Pero también debemos respetar sus silencios y comprender que cada vez callarán más cosas porque tienen que empezar a separarse de los padres.

Ahora bien, para que la adolescencia no sea más conflictiva de lo necesario, la comunicación hay que establecerla desde mucho antes. De hacerlo así, la confianza entre padres e hijos estará instalada y eso es la mejor base para una buena autoestima. Mientras anotaba los cumpleaños en la agenda del 2010, Elsa pensaba en lo que se proponía conseguir este año. Cuando llegó a la fecha en la que había nacido su hijo, empezó a apuntar los acuerdos que tendría que alcanzar con él para que le hiciera más caso. Su marido le reprochaba a veces que no se impusiera, porque su hijo Daniel no la obedecía como a él. Tenía 10 años, era muy desordenado, y sólo hacía caso a las reglas que le ponía su padre.

Actos de amor

Cuando Daniel llegó a casa, Elsa le dijo que ese año tendría que aprender a ser más ordenado porque se estaba haciendo mayor. Daniel le contestó riéndose de tal modo que su madre dudó si sería posible. Quizá era incapaz de imponer su autoridad. Elsa esperó a última hora y, mientras le preguntaba sobre las materias que tenía para el día siguiente, Daniel fue organizando la mochila hasta que la dejó preparada. Cuando se iba a la cama, su hijo le dio un beso y ella salió muy contenta de la habitación. Pensó que quizá el hecho de que su hijo no le hiciera caso cuando le decía algo se debía a que ella trataba de imitar el estilo del padre, dándole órdenes, lo que no le salía bien. Elsa había tenido una madre bastante fría y rígida, a la que no sentía próxima, y un padre tierno y cariñoso al que sí. No quería que su hijo la notara alejada de él, por eso era muy tolerante y le costaba mantener una posición firme, cosa que a su pareja le salía de forma natural, lo que le permitía a ella tener con su hijo la relación que le hubiera gustado que su madre hubiera mantenido con ella.

Elsa educaba a su hijo mejor de lo que ella hubiera pensado. La aparente rebelión de Daniel ocultaba el esfuerzo por separarse un poco de la unión que sentía hacia ella. El niño la quería demasiado y ahora que se acercaba a la pubertad tenía que rebelarse un poco para sentirse más seguro, menos niño, más como su padre, al que sí le hacía caso, porque además era muy claro en lo que le pedía. Esto favorecía el crecimiento de Daniel. Aunque su padre también decía algo importante, y es que los hijos te quieren cuando les pones límites adecuados a su edad. Si los propósitos para el próximo año están guiados por el deseo de sentirnos mejor con nuestros hijos, aprenderán ellos y también lo haremos nosotros.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

Reducir el tiempo para ver la televisión y sustituirlo por juegos que podamos realizar con ellos. Hay que ofrecerles el tiempo, el lugar y los materiales para que desplieguen su mundo de fantasía. A través de él expresan su individualidad y maduran emocionalmente.

Organizar reuniones con otros niños de su edad y que ellos sean los que decidan el tipo de encuentros en los que quieren participar. Les gusta jugar juntos. Tienen un nivel parecido de destreza en los juegos y crean apoyos entre ellos, lo que les lleva a organizar alianzas afectivas que les ayudan a crecer.

Llevarles a explorar la naturaleza. En ella pueden aprender muchas cosas sobre la vida.

Los proyectos que acordemos siempre tienen que estar medidos para que sea posible realizarlos. Es importante no faltar a la palabra que les hayamos dado, pues eso mermaría la confianza en nosotros.

Publicidad
Publicidad