Victoria Queipo
El sueño es tan importante como el alimento. Esta necesidad, que empieza en el niño nada más nacer, durará toda la vida, y el ritmo y su duración variarán según la etapa y la persona.
Los adultos, por diversas circunstancias, padecemos alteraciones a la hora de dormir, etapas de insomnio o periodos donde nos despertamos al poco de conciliar el sueño. Los bebés y los niños también sufren ansiedades, y es común que se manifiesten en cambios del sueño y pesadillas. Cuando un niño ha estado sometido a tensión, ésta continúa en las horas del sueño, pero adquiriendo formas inquietantes, terroríficas o fantasmagóricas. También ocurre coincidiendo con periodos de frustración propios de la maduración psíquica. Según su momento evolutivo, el contenido de las pesadillas cambiará.
Dibujar el sueño
Si el niño es más pequeño podrá incluir leones, lobos u otros animales feroces. Un poco más adelante, la amenaza podrá adquirir formas humanas. Entre los cuatro y los siete años, los temas habituales con los que sueña el niño son situaciones de peligro para sus padres o crímenes de los que se siente injustamente acusado. Puede pacificar la angustia del pequeño estimularle a que relate lo soñado. Siempre hay que evitar juzgar como exagerado el contenido de la pesadilla y hacerle saber que a su edad todo el mundo las sufre. Hay autores que aconsejan, si el niño aún no dispone de lenguaje suficiente, que represente su sueño en un dibujo. Si ya puede hacerlo, que lo escriba, dándole forma de cuento. Dibujando, escribiendo o simplemente contándolo, la angustia disminuye.
CÓMO ACTUAR
Ambiente propicio
Los trastornos del sueño pueden ser muy variados. Es posible que cuando el niño comienza a dominar la actividad muscular se niegue a dormir para no abandonar esa adquisición que le hace sentirse orgulloso. En algunas ocasiones, puede ser incapaz de dormirse y en otras, aún conciliando el sueño, éste se interrumpe varias veces por la noche. Lo importante es establecer costumbres tranquilizadoras para el momento de ir a la cama. Una preparación al sueño (con la ayuda de cuentos, una luz suave, peluches...) le proporcionará la calma y la seguridad necesarias para separarse de sus padres y dormir tranquilo.
Ayuda especializada
Los trastornos pueden llegar a desesperar a los padres. Aunque no resulte nada fácil, es custión de tiempo y paciencia. No obstante, si a pesar de nuestro esfuerzo por lograr un ambiente apacible que propicie el sueño, el pequeño sigue planteando dificultades para dormir o se levanta muchas veces en la noche, es aconsejable acudir a un especialista para esclarecer lo que está pasando.