Una madre que pide demasiado amor a sus hijos ha sido una mujer que sufrió en la infancia carencias afectivas. Quiere compensar, con lo que siente por ellos, lo que no tuvo con su madre.
Con frecuencia ni siquiera recuerdan ese tipo de carencias, pero viven la maternidad como si se tratara de un sacrificio. Este tipo de madres no suelen tener una relación gratificante con su pareja y concentran en los hijos la recompensa a sus esfuerzos.Ése es el caso de Belén. Su problema comenzó un día cuando llamó a su hijo pequeño, Adrián, pero éste no le contestó porque se había ido de casa sin avisarla. Ella se enfadó. Pensaba que su hijo cada día era menos cariñoso y no la tenía en cuenta, ella que se preocupaba por todos y luego los demás iban cada uno a lo suyo. Toda la mañana estuvo molesta y, aunque en algún momento se dio cuenta de que estaba exagerando, no podía evitar seguir enfadada con él. Pensó en llamar a su hija, pero no lo hizo porque sabía que la diría que se preocupa por tonterías.
Carencias afectivas
Ese día, cuando Adrián, de 15 años, llegó a su casa, lo primero que escuchó fue a su madre diciéndole si le parecía bonito haberse ido sin despedirse de ella. Adrián comenzó a sentirse mal y le dijo que tenía un examen y estaba nervioso, entonces su madre se calmó y le dijo que no se volviera a ir sin decírselo. Pero Adrián volvió a hacerlo dos días después. Belén pide demasiado a su hijo.
Adrián, que hasta ahora no se ha sentido agobiado, comienza a actuar de otra manera porque desea escapar de lo que siente como un control materno. La historia personal de Belén determina la relación con su hijo. Es la pequeña de tres hermanas y su madre murió al poco de nacer ella. No tuvo la suerte de que alguna otra mujer hiciera con ella una labor de maternaje. Belén tejió en su mente una historia a la que pudo poner palabras en una psicoterapia. Había sentido siempre la carencia del amor materno y en su fantasía infantil llegó a culparse por la muerte de su madre. Esta traumática separación no pudo ser elaborada y ahora cualquier separación de su hijo le producía angustia.
Feminidad y maternidad
Cuando la madre ha sufrido carencias maternales puede experimentar una intensa necesidad de poseer el cariño de su hijo o hija. Parece amorosa, pero despierta mucho resentimiento en sus descendientes y un sentimiento de culpa.Al comportarse de ese modo no se da cuenta de que siente que no es digna de ser querida y, hagan lo que hagan los demás, nunca la cuidan bastante.
El narcisismo de una mujer puede intentar repararse por el camino de la maternidad, a la que puede consagrar todo su amor para después pedir demasiado y promover en los hijos más de un conflicto en sus relaciones afectivas. Si tuvo vivencias infantiles tempranas de desamparo y la hostilidad sentida hacia los padres aún permanece reprimida, llegará a los hijos transformada en un hacer maternal donde el sacrificio se pone en primer plano.Éstas mujeres obturan todas sus preguntas sobre qué les pasa en la vida más allá de la relación con los hijos. Han resuelto su feminidad equiparando y subsumiendo la mujer en la madre, es decir, suponen que ser madre lo cubre todo y que teniendo a sus hijos ya lo les falta de nada.
ClavesEstas madres que piden demasiado se comportan como niñas demandantes.
Algunas formas patológicas de solicitar a los hijos que les devuelvan su amor es refiriéndoles todo lo que se hace o se ha hecho por ellos. En estas ocasiones, las madres reprochan a sus descendientes lo que no pudieron reprochar a sus progenitores.
Este exceso de demanda es el que hace el niño pequeño sobre su madre y que irá transformándose según se realice la construcción psíquica que conduce a una identidad adulta.