Victoria Queipo
Es muy habitual oír expresiones como: 'Bueno, ya se sabe, es hijo único', 'Claro, es el del medio' o 'Es que es el pequeño de su casa'. Estas generalizaciones que, en el caso del hijo único, tienden a retratarle con dificultades para compartir con los demás, con escasa tolerancia a la frustración o con problemas de adaptación, normalmente son injustas. Porque, aunque el lugar que se ocupe en la familia tiene su importancia, no es determinante.
Las características que generalmente se adjudican y presuponen a quien no tiene hermanos, se encuentran en personas que sí los tienen.
El privilegiado
Hay autores que señalan que, más que hablar de hijo único, se debería hablar de padres de hijo único (aunque tengan varios). Éstos educan a uno de manera distinta, convirtiéndolo en el favorito, el preferido. Puede ser el primogénito, el único varón entre varias mujeres, la única chica entre hermanos varones o el más pequeño. En cualquier caso, es quien recibe todos los privilegios. Se le sobreprotege, impidiéndole experimentar, gradualmente, las frustraciones que le prepararían para la vida adulta. Cuanto más excesos de cuidados reciba, menos capacidad de adaptación tendrá para afrontar las dificultades que implica vivir. Es el niño que sufre cuando está fuera del entorno familiar porque no puede tener el mismo lugar que ha ocupado en la casa de los padres. Busca la misma complacencia y, al no encontrarla, interpreta como agresión todo lo que no se ajusta a sus deseos.
A veces, estas condiciones coinciden con el hecho de ser hijo único, pero no tanto por no tener más hermanos sino porque los padres dedican todo su tiempo y sus energías en él. Sería beneficioso para el pequeño que sus progenitores actuaran como si tuviera hermanos.
Una vida feliz
Tener sólo un hijo no debe impedir su socialización. La dra. Françoise Dolto recomienda en su libro ’¿Tiene el niño derecho a saberlo todo?’ que todos los hijos y, sobre todo el único, debería tener contacto, incluso desde la cuna, con la vida de otros pequeños. Además, recomienda que en la casa haya animales, música y alegría.
La socialización
Es imprescindible que los padres favorezcan sus relaciones permitiéndole que se quede a dormir en la casa de sus amigos y aceptar que les invite a su vez. Deben ayudarle a desenvolverse de un modo autónomo favoreciendo, al mismo tiempo, su socialización.
Lazos afectivos
Aceptar que no somos el único objeto de amor de nuestros padres, resulta doloroso, pero es la única forma de establecer lazos afectivos con otras personas y de acceder así al mundo.