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En la pubertad, las ideas de los padres se convierten en una fuente de conflictos y los adolescentes comienzan a intimar más con sus iguales.
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La etapa más rebelde
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Es importante explicar al niño, con palabras que entienda, la intervención a la que le van a someter.
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No hay que cuestionar constantemente nuestra labor como padres ni pensar que vamos a transmitir a nuestros hijos conflictos propios.
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No es lo mismo mentir a una edad o a otra, y no es lo mismo si el niño tiene un objetivo o si para él, es sólo un juego.
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Es importante que los niños aprendan que, aunque sus padres les dejen solos por un breve período de tiempo, van a volver y tienen que esperarles.
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No todos los movimientos repetitivos que haga nuestro hijo se convierten en algo crónico.
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La agresividad de un niño irá disminyendo cuando conozca los límites y aprenda a diferenciar las situaciones.
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Que un niño sea hijo único no quiere decir que haya que educarle aislado del mundo.
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Es importante contestar a las preguntas de nuestros hijos con respeto y naturalidad.