Según un estudio de Ábaco Siglo XXI, en el 85% de las empresas surgen “malos rollos” por este motivo
Ana Calvo
Cada vez es menos habitual que las empresas cuelguen en agosto el cartel de “Cerrado por vacaciones”. Por eso, la época en la que antes la mayoría de los trabajadores disfrutaban de su período de vacaciones se ha dilatado y fraccionado mucho en el tiempo, y los centros de trabajo hacen que sus empleados se las repartan desde el mes de junio hasta octubre, en muchos casos, con los consiguientes “malos rollos”…
Las combinaciones para conciliar nuestras vacaciones con las de nuestra pareja, con el fin del campamento de los niños y el comienzo de los exámenes de septiembre y con la quincena en la que se queda libre el apartamento de la playa de nuestra suegra cada vez son más complicadas. A esto hay que unirle que la cada vez más palpable necesidad de que trabajen ambas partes de la pareja dificulta esta tarea, pues cuando sólo trabajaba el hombre o la mujer, era más sencillo cuadrar las fechas. Sin embargo, ahora ya entran en juego dos empresas.
Además, “para las empresas actuales cerrar un mes entero se traduce en una pérdida de productividad y lo más aconsejable es repartir los periodos de vacaciones a lo largo del año para no paralizar ningún proyecto por completo, es beneficioso tanto para la compañía como para el empleado, que al reincorporarse no se siente tan desconectado de sus tareas”, asegura Marta Merino, directora general de Ábaco Siglo XXI.
Antaño, agosto era el mes de vacaciones por excelencia y la mayor parte de los españoles tenían sus días de descanso en esta época. Sin embargo, las nuevas tendencias del mercado y de los servicios han hecho que, cada vez con más frecuencia, se tienda a repartir los períodos vacacionales por semanas o quincenas entre los empleados. Como no, dar gusto a todos por igual se convierte en una tarea, cuanto menos, complicada.
Por todo esto, según un informe realizado por la consultora de Recursos Humanos Ábaco Siglo XXI, el 85 por ciento de las empresas (especialmente las PYMES y las empresas del sector servicios) reconoce que el momento de repartir las vacaciones de verano conlleva discusiones entre los empleados. Muy pocos, por no decir casi nadie, está dispuesto a ceder parte de los días que le han tocado en el reparto por alguno de sus compañeros. Así, el viejo refrán de “arrieritos somos, y en el camino nos encontraremos”, se pone en práctica con mucha más frecuencia en los meses de verano.
Generalmente, se seguían criterios basados en la antigüedad y el cargo dentro de la empresa para asignar prioridades entre los trabajadores a la hora fijar el calendario vacacional. Sin embargo, los nuevos modelos de dirección cada vez tienden más a primar la consecución de objetivos y la productividad de los asalariados como elemento determinante de cara a la asignación de los turnos de descanso.
El periodo por el que más “se pelean” los trabajadores para disfrutar de sus vacaciones continúa siendo la primera quincena de agosto. Sin embargo, cada vez van siendo más lo que, probablemente movidos por los precios más asequibles de los que se pueden beneficiar en el sector turístico, se decantan por junio y, sobre todo, por septiembre.