Ángela nunca imaginó que un día se vería pidiendo ayuda en la parroquia. “No me queda otra”, reconoce. Divorciada, en paro, madre de dos hijos, con un ex marido que le pasa la pensión “cuando puede, que en los últimos meses es casi nunca”, no consigue desde hace casi un año que las cuentas le cuadren. Se siente en un callejón sin salida: “La crisis nos ahoga a todos, sí, pero a algunos más que a otros”. No le falta razón: forma partede los nuevos pobres que han comenzado a aflorar con la crisis y que, en situaciones extremas, se ven obligados a solicitar ayudas de programas sociales o de entidades caritativas. En el caso de Ángela, a la precariedad laboral y económica común a millones de españoles se añade un factor de vulnerabilidad: el de ser cabeza de una familia monoparental.
EN RIESGO. La relación entre monoparentalidad y probabilidad de pobreza no es nueva. En 2006, un estudio presentado por Lluis Flaquer, catedrático de Sociología de la Universidad Autónoma de Barcelona, evidenciaba que los padres y madres que encabezan núcleos monoparentales tienen “unas condiciones de vida inferiores a las de los que viven en pareja, y ello influye en gran medida en las oportunidades de sus hijos”. Según este estudio, la tasa de pobreza en estos núcleos alcanza el 40,3%, frente al 22,7% de los hogares con dos progenitores o el 18,9% de las familias sin hijos. Y si esto era así en los años de bonanza, la actual tasa de paro de cuatro millones de personas ha recrudecido el problema.
Un informe de la Fundación La Caixa revela que las familias numerosas y las monoparentales son las principales afectadas por la crisis, y las mayores solicitantes de ayudas sociales (el 45,4% de los beneficiarios de 2008 fueron niños de hogares monoparentales). La red de acogida de Cáritas atendió en 2009 a 597.000 personas, un 50% más que el año anterior, y el número de personas que han pedido ayuda se ha incrementado en un 80% en los dos últimos años.
Pero, ¿por qué hay relación entre monoparentalidad y pobreza? En España hay un millón y medio de hogares monoparentales; el 80% está encabezado por mujeres. Según Lluís Flaquer: “En España, como en otros muchos países, el paro, la temporalidad, la precariedad laboral y los salarios más bajos, afectan más a las mujeres. El riesgo de caer en la pobreza de los hogares formados por mujeres y sus hijos es mucho mayor”.
Además, en tiempos de crisis y precariedad se espera que sea el varón el que conserve el puesto. Mark Smith, de la Grenoble École de Management, explica que “aún hoy, un 42% de los europeos piensa que, si hubiera que elegir entre él o ella, sería el hombre el legítimo titular del trabajo”. Y Mercedes Rodríguez, consultora de recursos humanos, lo ratifica: “En la mayoría de las empresas se tiende, en igualdad de condiciones, a despedir a la mujer; se piensa que ella va a tener a un hombre detrás, mientras que él tiene una familia que alimentar”. Esta mayor vulnerabilidad laboral se complica aún más cuando el matrimonio se rompe. Toda separación con hijos –excepto, tal vez, los de familias con rentas muy altas– supone un empobrecimiento para los dos miembros. Y esto, en plena crisis, es todo un problema.
SIN SALIDA. “Estoy ahogada, no hay mes en el que no le tenga que pedir ayuda a mis padres o hermanos… Mi ex marido es comercial, la mayoría de sus ingresos vienen de las comisiones y ahora apenas vende. Dice que no me puede pagar los 750 € que me pasaba por los tres niños. Unos meses me da algo y otros, nada. Yo hago traducciones y los clientes me han bajado los precios en más del 40%. Mis gastos fijos son de 1.400 € y no llego”. La situación de Rosa, traductora de 46 años, es común. Justo Sáenz, presidente de la Confederación Estatal de Padres y Madres Separados, señala: “Desde mediados del 2008 vemos cómo la crisis afecta a los divorciados: están en el paro, han agotado sus prestaciones o su salario ha cambiado. También afecta a los progenitores custodios, mayoritariamente mujeres. En muchos casos el hombre no puede hacer frente a la hipoteca en común ni a la pensión alimenticia de los hijos”.
Actualmente, hay un millón de personas en España sin ingresos de ningún tipo. La abogada de familia Soledad Benítez-Piaya explica que esto ha llevado a que se hayan iniciado muchas más ejecuciones dineraria. “Pero no es posible obligar a pagar al que está en paro y no puede hacerlo. También proliferan los procedimientos de modificación de medidas, en los que el divorciado pide que se le reduzca la pensión, o que se le exima de ella”.
La crisis golpea a los dos, es cierto, pero, como apunta Ángela, “es el que se queda con los niños quien se tiene que buscar la forma de que coman, se vistan, tengan para el autobús… La responsabilidad diaria es sólo para mí”.
Ella no es la única que ha acudido a la parroquia. “Muchas las separadas con hijos, por primera vez, necesitan recurrir a nuestros servicios de acogida –señala Javier Ferrandis, responsable de programas familiares de Cáritas Diocesana de Valencia–. “Más del 40% de las familias a las que atendemos son monomarentales y, en los últimos meses, llegan muchas mujeres separadas, de familias bastante normalizadas; el ex marido ha perdido su empleo y no tienen recursos”. Con la crisis también ha cambiado el perfil de las mujeres que solicitan ayuda a la Fundación Isadora Duncan de Familias Monoparentales. Una de sus responsables, Derly Alzate, lo cuenta así: “El año pasado no tuvimos ninguna consulta de mujeres españolas; éste, llevamos más de cien. Y, como hay tanto paro y las españolas piden los trabajos que antes hacían las extranjeras, las más perjudicadas son las familias inmigrantes monoparentales”. Como paliativo, la Generalitat de Catalunya ha creado un carné para familias monoparentales con rentas bajas, para que puedan disfrutar de los mismos beneficios y ventajas que tienen las familias numerosas: subvenciones para viviendas, rebajas fiscales, descuentos en el transporte público... Es sólo un primer paso, pero puede ser el inicio de un camino que alivie los costes económicos de la monoparentalidad.
“Podría con la crisis o el divorcio; pero no con los dos”
LOLA NÚÑEZ. 40 años, divorciada y madre de un niño “Mi situación económica es complicada por dos razones: la crisis, que está siendo terrible para mi negocio, y mi divorcio, que nos ha empobrecido tanto a mi ex marido como a mí. Podría salir adelante con una de las dos circunstancias; el problema es que se han unido las dos y resulta difícil salir adelante. Tengo un restaurante de menús económicos y en los últimos tiempos no hay movimiento: estamos dando un 60% menos de comidas y ha habido meses en los que he perdido dinero. Ya no es que ganes más o menos, es que te vas comiendo los ahorros. Mis gastos fi jos mensuales son muy elevados: cuando me separé, compré a mi ex marido su parte del piso, y para eso tuve que pedir un crédito personal, que se suma a la hipoteca que ya teníamos. Tengo que pagar también el alquiler del local, el sueldo de mis empleados, la seguridad social… Y los únicos ingresos que entran en casa son los del negocio. A mi ex también le va mal. Era empleado en el restaurante y, cuando nos divorciamos, dejó de trabajar allí. Ahora tiene un empleo temporal, sin estabilidad y con cambios constantes de horarios. Total, que del niño me tengo que ocupar yo porque él no puede asegurarme si va a poder ir a verlo o no. Me pasa la pensión justita, pero, en cuanto surge un extra, como pagar unas clases particulares, hay que negociarlo. Yo sé que su situación es difícil, porque, con su empleo, no le dan un crédito para comprarse una casa. Así que ha optado por una solución delicada: ha alquilado un habitación en casa de mi madre. Si el negocio marchara como antes, no habría problema: podría afrontar todos los pagos. Y si mi ex tuviera más estabilidad, supongo que también sería todo más fácil, no tendría la sensación de ser yo sola la que tiene que “apechugar” con todo. Creo que debería haber más ayudas para los que se separan, porque es difícil rehacer la vida de esta manera”.