“Echarme una mano no es suficiente. Repartamos la responsabilidad por igual”. No es un extracto de una educada conversación entre marido y mujer, sino el eslogan de una campaña a favor del reparto equitativo de responsabilidades.
El objetivo es lograr que los hombres se integren en el día a día de los quehaceres domésticos, una meta aún lejana. De hecho, el español es el europeo que más trabaja fuera de casa y menos en el hogar, según un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Tanto es así que éste es el país de la Unión Europea donde hay más desigualdad en el reparto de tareas: ellas invierten el triple de tiempo que ellos. Es decir, que aunque las mujeres se hayan incorporado en masa al mercado laboral, no se han producido otros cambios, como la reasignación de tareas en casa.
¿El resultado? La doble jornada femenina, que según los expertos implica un aumento del estrés y de los problemas de salud que acarrea. “Hay diversas causas –explica Alicia Puleo, filósofa y directora de la Cátedra de Género de la Univ. de Valladolid–. Para empezar, por el distinto reconocimiento entre el mundo laboral y el doméstico. Pero también por la resistencia de muchos hombres a aprender nuevos roles, una desgana que se traduce en torpeza o incapacidad para las tareas domésticas. Con lo cual, aunque digan que quieren hacerlas, su pareja opta por evitar delegarlas y se perpetúa la división de roles tradicionales. Un tercer motivo es que hasta hace poco se socializaba a niños y niñas de forma diferente”, concluye.
Cambios legales.
Causas aparte, lo cierto es que millones de españolas deben ser mujeres multitarea para llegar a todos los frentes, aunque a nadie se le escapa que es una situación poco justa. De ahí los intentos por equilibrar la balanza, que han llevado a reformar leyes, plantear medidas de conciliación, ofertar flexibilidad en las empresas... ¿Un ejemplo? El art. 68 del Código Civil establecía que los cónyuges “están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente”, pero con la reforma de la Ley de Divorcio hace tres años se aprovechó para añadir que “deberán compartir las responsabilidades domésticas y el cuidado y atención de ascendientes y descendientes y de otras personas dependientes a su cargo”.
Doble jornada.
Incluso desde la Comisión Europea se ha querido fomentar el reparto equitativo de las tareas del hogar para acabar con una de las causas por las que las mujeres ganan menos y tienen menos oportunidades profesionales, el mismo objetivo de nuestra Ley de Igualdad de 2007. Pero, según los expertos, aún queda mucho por hacer. “El propio ordenamiento jurídico reproduce la atribución de roles a hombres y mujeres en relación con la actividad doméstica y profesional. Un ejemplo es la Ley de Conciliación de la vida familiar y laboral “de las personas trabajadoras”, cuyo contenido se dirige en un 90% a las mujeres –argumenta Beatriz Quintanilla, profesora de Derecho del Trabajo y Seguridad Social en la Universidad Complutense de Madrid–. Por ejemplo, aunque ya se ha regulado un permiso de paternidad de 15 días, se pueden apreciar estas diferencias de trato en relación a las reducciones de jornada”, apunta. Sin embargo, parece que ellos dan pasos, aunque sean tímidos.
Pero, ¿llegaremos en España a la situación de Noruega, donde hay un reparto al 50%, en el que hombres y mujeres suman el mismo número de horas de trabajo remunerado y doméstico? “Los procesos de ajuste suelen ser largos –dice Alicia Puleo–. Las mujeres no vamos a renunciar al mundo laboral porque un salario implica autonomía. Ahora les toca a ellos dar el siguiente paso”. Un paso que resulta una utopía para algunos, pero que es una realidad para otros. Como Maru Rodríguez y Antonio Cano, padres de Julia y Gonzalo. Ellos acordaron, antes de que nacieran sus hijos, que se repartirían las tareas de la casa y la crianza de los niños a partes iguales, y lo cumplen a diario. “Hay que organizarse mucho: planificar horarios, escoger vacaciones para que uno de los dos esté siempre con ellos cuando vuelven del campamento, repartir los permisos si se ponen malos, que cada vez sea uno el que pide el día cuando ellos tienen fiesta en el cole... Nos sentamos con un calendario en la mano e intentamos que cuadre todo, aunque es complicado y surgen imprevistos, así que toca improvisar”, explica Antonio. Por eso, su día a día está más o menos planificado en una agenda: Maru se encarga de cocinar, aunque Antonio prepara la comida de los niños; ella recoge los cuartos mientras él pasa la aspiradora y hace la compra; las primeras horas de la mañana Maru se encarga de los niños hasta que se va a trabajar y por las tardes están más tiempo con su marido...
Malabarismos.
No niegan que sea sacrificado, pero merece la pena: “Si no te involucras al 100%, te pierdes un montón de cosas y yo disfruto muchísimo siendo padre. Es cuestión de prioridades y de organizarse para compaginar todo”, dice Antonio. El malabarismo está en conseguir que tanto la faceta profesional como la familiar se vea afectada. “Los dos tenemos un trabajo –continúa Maru– y hay que ser formales con él. No quiero ser la última de la empresa por ser madre, aunque tengo claro que mis hijos son lo primero. Sin embargo, se puede llegar a todo si las cosas se reparten entre dos, aunque sea estresante”, asegura. Sobre todo si sus familiares, que podrían echarles una mano, viven en lejos, como es su caso. De ahí que también su tiempo de ocio tenga que dividirse. “Si él tiene una cena, por ejemplo, yo me quedo con los niños y al revés. De todas formas, son cosas puntuales, no es difícil organizarse”, explica Maru. “Lo más complicado es que ellos se conciencien de que deberían apostar tanto por la familia como por el trabajo. No basta con “ayudar”, porque hablamos de responsabilidades que son de los dos”, dice. ¿Su momento preferido de la semana? Cuando cierran los ordenadores durante dos días: “Nos hemos acostumbrado a ir con los niños a todas partes, a hacer planes juntos”, dice Maru, mientras Julia y Gonzalo juegan a mamás y papás. Julia tiene un muñeco en brazos. Gonzalo otro. Cada uno acuna al suyo antes de meterlo en el carrito. ¿Cuestión de ejemplo?
LA DESIGUALDAD, EN CIFRAS
• Las españolas dedican 6 horas diarias al cuidado de los hijos y trabajos domésticos, mientras los españoles destinaron 2 horas y 20 minutos a las mismas labores, según los últimos datos del Instituto de la Mujer, correspondientes a 2006.
• Desde 1993 hasta 2006, la situación de las mujeres en España ha variado: hace 15 años ellas pasaban 8 horas diarias atendiendo el hogar frente a las 6 actuales. Sin embargo, en este tiempo los hombres no han modificado sus rutinas (en 1993 ya dedicaban 2’30 horas a tareas dentro de su casa), por lo que se deduce que el tiempo restante es cubierto por familiares o empleados que colaboran en las realización de esas tareas.
• La Comisión de las Comunidades Europeas concluye que la desigualdad en el reparto de responsabilidades frena la carrera profesional de las europeas: mientras la tasa de empleo de las mujeres con hijos no supera el 62,4%, la de los hombres llega al 91,4%. Además, una de cada tres mujeres tiene contrato parcial frente a uno de cada 10 hombres.