Los inicios
“De pequeña sentía curiosidad por saber qué nos hacía comportarnos de una manera o de otra. Mi padre era un neurocirujano muy moderno y mi madre es pintora, con una visión del mundo muy particular. Intenté hacer clínica, pero me metía demasiado en la piel del paciente”.
Su mayor satisfacción
“En el fondo los investigadores somos cotillas. La mayor satisfacción es plantear una pregunta y ser capaz de responderla. Como cuando descubrimos, en un modelo de ratón trisómico, por qué la plasticidad necesaria para que la información quede almacenada no perdura. A partir de entonces se han abierto líneas de investigación”.
El papel de la mujer
“Por desgracia, sigue siendo un inconveniente. Aunque las bases sean femeninas, ellos tienen el poder de decisión. Creo que porque aún hay estereotipos que cumplir y en muchos centros no se apoya la movilidad, las interrupciones por maternidad, el teletrabajo…”.