Unas han decidido dedicarse en exclusiva al hogar; otras intentan compaginar la vida familiar con un trabajo fuera de su domicilio. Analizamos con ellas las ventajas e inconvenientes de cada elección. Dos amas de casa -Paloma Romero y Ana Arranz- y dos trabajadoras -Teresa García y Ana Asín- defienden su estilo de vida y repasan sus pros y contras.
¿Consideran las amas de casa que se “pierden” algo?
PALOMA ROMERO. Yo nunca me he sentido mal por no trabajar; es cierto que tengo mucha suerte porque nunca lo he necesitado y es distinto ser ama de casa y vivir bien que estar bregando todo el día sin resuello. Soy, en ese sentido, una mujer privilegiada. Hice la carrera de Restauración, pero nunca he sentido la necesidad de ganar dinero, alcanzar algún puesto o sentirme realizada en mi profesión. Como madre y como mujer, me siento ya completa: tengo tres hijos fantásticos, llevo 30 años con la misma persona y no paro de hacer cosas.
TERESA GARCÍA. A mí, trabajar me aporta mucho. Y creo que, en general, es beneficioso. Me encanta mi trabajo. Me permite estar en contacto con la gente, compartir cosas, arreglarme para ir a la oficina… Si estuviera en casa, me pasaría el día en chándal y, al final, me embrutecería. Es bueno trabajar, siempre que te guste lo que haces y que te lo reconozcan, como es mi caso. Para los niños, desde luego, es mejor que una madre esté con ellos. Nadie puede desempeñar mejor ese papel. Pero esta sociedad te prepara para que te desarrolles fuera de casa y luego los niños pasan muchas horas en el cole y te sientes sola.
ANA ASÍN. Yo, por mi forma de ser, necesito trabajar y relacionarme. Pero mis hijos son una parte fundamental de mi vida y creo que ahora que son pequeños es importante que su madre esté a su lado. Les llevo al colegio, les recojo y estoy con ellos en casa, aunque sigo conectada al despacho con la Blackberry. Es duro compaginar las dos cosas, pero necesito trabajar, por razones económicas y vitales. Ya tendré tiempo, cuando me jubile, para hacer esas cosas –leer, jugar al pádel– con las que todas soñamos. Nunca dejaría de trabajar.
ANA ARRANZ. Todo depende de lo que lleves dentro. A veces es duro estar sola en casa, pero para mí ha sido muy enriquecedor. La entrega a mi familia me ha sido devuelta con creces. Me ha ayudado a encontrarme a mí misma y a verle un sentido a mi vida. Ahora, mis hijos me ven más contenta y son más felices. Yo dejé de trabajar –soy licenciada en Derecho– y de preparar oposiciones a juez, y no me arrepiento. Me siento realizada. He criado a mis hijos y les he acompañado en su desarrollo. Pero, al margen de ser madre y esposa, soy una persona con aspiraciones y preguntas.
¿Un empleo es más satisfactorio que cuidar del hogar?
P. R. Teresa, dices que necesitas el empleo porque no quieres sentirte sola en casa. Pero yo nunca me he sentido así. Claro que no paro en casa. También dices que te gusta tu trabajo. Pero la realidad es que hay muy pocas personas contentas con su empleo. El resto trabaja por necesidad, en puestos alienantes y por mil euros o menos. Eso es lo normal, aunque luego haya gente como vosotras, con puestos fantásticos.
T. G. Tampoco tú eres el modelo típico de ama de casa. No cargas con todas las responsabilidades del hogar y te dedicas a actividades personales. En esas condiciones, tal vez no me importaría ocuparme del hogar.
A. AR. Hombre, he tenido crisis muy gordas, de sentirme sola. Siempre había estado trabajando o estudiando y, de pronto, me encontré sola en una casa con la responsabilidad exclusiva de los hijos. Y pensé: “¿Qué hago con todo esto?”.
T. G. A mí me parece un trabajo tan monótono... Los niños al cole, la limpieza, la comida... y así un día y otro. Y sin fines de semana. Para los niños, lo mejor es que su madre esté en casa. Para la madre, no.
A. AR. Sí, hay momentos muy duros, en los que me pregunto qué hago ahí, fregando platos. Pero en el fondo me siento encantada. Siempre he tenido claro que no me pondría a trabajar para pagar mi sueldo a una señora que se ocupara de mis hijos. Quería estar presente en sus vidas.
A. AS. Pero ellos están muchas horas en el colegio. Si yo me quedara en casa durante ese tiempo, no sé, ayudaría en una fundación o a una ONG… Yo dedico gran parte de mi tiempo a mis mellizos. Les visto, les doy el desayuno, les llevo al cole, corro al trabajo, la mayoría de los días no como y los recojo de nuevo. Meriendo y juego con ellos y, cuando los acuesto, termino en el ordenador los asuntos de la oficina. Mis hijos son lo máximo para mí.
P. R. Las mujeres que trabajan fuera tienen una relación más plena con sus hijos que las que están en casa; sobre todo, más que las que tienen mentalidad de ama de casa, una expresión que detesto porque me parece peyorativa. Una mujer entregada a la casa, sola durante horas, acaba amargada. Piensa que no tiene tiempo para ella, que es un cero a la izquierda... Pero entre las amas de casa, como entre las madres trabajadoras, hay un abanico de personalidades muy amplio. Que no trabajes no implica que estés en casa con la colada, puedes realizar mil actividades satisfactorias.
A. AR. A mí, que me llamen ama de casa no me molesta.
P. G. Yo prefiero ser maruja. Me siento maruja y me encanta.
A. AR. Todo depende de cómo te sientas en tu casa. Para mí es un lugar donde soy feliz. Me siento ama de casa porque no salgo a trabajar por un sueldo. A. AS. ¡Eh! Tú haces un trabajo por el que te pagan, aunque sea indirectamente.
A. AR. Quiero decir que no cuento con una cantidad a fin de mes. Si te sientes amargada en casa, la culpa no es de la plancha o el potaje. Si eres feliz con tu marido, como yo, y tienes a tus hijos, eso te colma; además, yo no paro, hago cursos de temas que me interesan y me falta tiempo para hacer todo lo que quiero. La riqueza está dentro de una y no depende tanto de lo que hagas como de lo que sientes que aportas y cómo ves lo que haces.
¿La sociedad valora la labor de las amas de casa?
T. G. Creo que vuestra labor está muy poco reconocida. Los hombres tienden a valorar más a una mujer que sale fuera, porque es como si estuviera en el mercado. Si estás todo el día en tu casa, pierdes valor ante los demás. Es así de triste.
A. AR. No creo que nos vean sólo como alguien que está para limpiar. Nuestras madres se limitaban a eso; nosotras no.
P. R. No, no. Hoy, la lucha debe centrarse en que las amas de casa busquen su hueco en esta sociedad. Las trabajadoras han encontrado su sitio; nosotras lo hemos perdido.
A. AR. Me da igual lo que opine la sociedad. Me importa lo que ven los demás en mis hijos, que sean buenas personas.
P. R. ¿Tus hijos te preguntan por qué no trabajas?
A. AR. Claro que sí.
P. R. A mí también. Y yo les contesto que no lo hago porque no me da la gana.
A. AS. A mí me ocurrió todo lo contrario: “Mamá, qué suerte tiene Miriam, su mamá no trabaja. ¿Por qué tienes que hacerlo tú?”. Le dije: “Cariño, es que es mucho mejor así. Si luego quieres una videoconsola o ir al cine, tengo que trabajar”. Por mi trabajo, tengo que salir muchas noches. Dejo a los niños bañados y acostados, y oigo a mi hijo: “Mamá, ¿por qué te tienes que ir?”. Pero son unos privilegiados porque les llevo y les recojo del colegio, no les mando en el autobús.
¿Qué sacrifican las mujeres que trabajan?
T. G. Yo, cuando llego a casa me dedico completamente a mis hijos, pero no me preocupo ni de cenas ni de baños.
P. R. Sí, pero, ¿qué pasa con la pareja? Llegas a casa cansada y te apetece estar con tus hijos. Y a él, ¿en qué plano lo dejas?
T. G. En el mismo. El también quiere estar con los niños. Yo les dedico todo el tiempo posible y sacrifico otras cosas.
P. R. A tu pareja…
T. G. No, a mi pareja no, pero sí mis gustos personales.
A. AS. Al final, somos las madres las que más nos ocupamos de los hijos. Aunque seas independiente, él sigue pensando que tú tienes más obligaciones. Él aporta lo que puede, pero, si hay algún problema para recogerles o llevarles al médico, el problema es tuyo.
A. AR. Bien, pero vosotras tres contáis con ayuda en casa. Si tuvierais que volver del trabajo y ocuparos de toda la casa, ¿qué haríais?
A. AS. La señora que tengo en casa no sabe cocinar y yo, a las ocho de la mañana, a lo mejor estoy haciendo albóndigas para la cena.
P. R. Entonces eres una mujer 10…
A. AR. A mí el tiempo se me va en organizar la casa. Somos cuatro en deshacerla y sólo una para recoger.
A. AS. Oye, que yo no me siento en el sofá a dar órdenes a la señora, me implico en todo. Pero las mujeres tenemos más capacidad de trabajo que los hombres.
T. G. Lo ideal es no sacrificar tu vida, a tu marido o a tus hijos, sino encontrar un equilibrio que te permita compaginar tu papel de mujer, madre y esposa con el ámbito profesional, y poder realizarte en ambos.
P. R. Ése es el problema. La mujer que quiere aspirar a lo más alto, al menos hoy y en una empresa española, tiene que sacrificarlo todo.
¿Es un riesgo renunciar a un salario?
A. AS. Creo que, en previsión de lo que le depare la vida, una mujer no debe dejar nunca de trabajar. Te puedes separar o quedarte viuda con 40 o 50 años y, entonces, ¿qué?
P. R. Yo llevo 30 años con mi marido y considero que la mitad de su sueldo es mío. Me lo he ganado. A. AR. Pero yo nunca estaré con alguien por una solución económica.
P. R. Creo que llega un momento en que cada uno elige su vida. Yo pude trabajar como restauradora, viajando fuera de España, y decidí que no me compensaba. En otras circunstancias, no me habría quedado más remedio, pero pude elegir. Desde luego, vosotras dos sois independientes y Ana y yo, por más que nos moleste, no lo somos, aunque tengo mi cuenta y mi tarjeta y Luis me ingresa un cantidad todos los meses.
T. G. Dependes del dinero de él y hay maridos espléndidos y otros que no lo son. Nosotras no trabajamos sólo porque nos guste, necesitamos el dinero. Si a mi marido le pasa algo, la que tiene que sacar adelante a la familia soy yo. Necesito sentir esa seguridad económica.
A. AR. Si tuvieras dinero, ¿continuarías trabajando?
T. G. ¿Si me tocara la lotería, por ejemplo? No; buscaría cosas para complementar mi vida, como ayudar a otra gente.
A. AS. A mí también me preocupa mucho la estabilidad material de mi familia. Me acabo de separar y por ahora mi ex se porta muy bien, pero, ¿y si mañana se une a otra que le pregunta cuánto dinero le pasa a su ex mujer? Además, me pregunto cómo habría superado la separación si no hubiera estado trabajando. Y doy gracias a Dios por haber seguido haciéndolo. Estuve un tiempo sin trabajar y pasé a ser lo menos valorado por mi marido.
T. G. Sí, mientras las cosas funcionan en la pareja, bien. Pero cuando empiezan las discusiones y te sueltan: “Oye, que aquí el dinero lo traigo yo”, te sientes como si no hicieras nada.
P. R. A lo largo de 30 años con mi marido, a veces ha surgido esa frase y es tremenda. Pero yo, desde el principio, he dejado claro que he pasado tres partos de espanto, me he jorobado el tipo y he sacado adelante a los niños. Eso no tiene precio. Y, además, no les quito ojo a mis hijos, porque hay que estar a su lado cuando son pequeños, pero mucho más cuando llegan a la adolescencia.
NUESTRAS MUJERES
1. Teresa García (33 años). Trabaja en un departamento de recursos humanos. Tiene tres hijos: Pablo (15 años), Samuel (13) y Diego (2).
2. Ana Asín (40 años). Dirige una empresa de comunicación y eventos. Tiene dos hijos: Ana e Iñigo (5 años).
3. Ana Arranz (47 años). Ama de casa. Tiene dos hijos: Ana (14 años) y Gonzalo (11 años).
4. Paloma Romero (46 años). Ama de casa. Tiene 3 hijos: Marta (16 años), Guillermo (13) y Natalia(9).