El vino siempre había formado parte de sus vidas. Pero un día, estas cinco amigas decidieron crear su propio caldo. El resultado, Lubol Rosado, es un éxito.
Son las 10 de la mañana. Brilla el sol, pero un viento helado nos recuerda que estamos en plena meseta castellana, a pocos kilómetros de Valladolid. Monique De Roux, Marisol Sáinz, Domi González y las hermanas Ortega acuden puntuales a la cita, en los viñedos que les han permitido lanzar su primer vino, Lubol Rosado.
Excepto Marisol, todas han cumplido ya los 50 años y tienen a sus hijos desperdigados por el mundo. Ahora, con la confianza que da la madurez, se han convertido en emprendedoras. “Nuestros hijos nos han empujado también –reconocen–, al confíar al 100% en este negocio para que no se quedara en un mero entretenimiento familiar”. De momento, este año han salido al mercado 24.000 botellas de Lubol, una producción limitada para que el resultado fuera de excelente calidad. Y ha sido todo un éxito.
Mientras el fotógrafo busca la mejor localización, las bodegueras charlan de vinos y más: la benjamina (y enóloga) del equipo, Marisol, tiene dos hijos pequeños y trabaja también para otras bodegas. Ella nos adelanta que el próximo Lubol Rosado, a punto de embotellarse, “será incluso mejor que el anterior, gracias a una cosecha excelente”.
Domi es la “capitana” del equipo, antigua propietaria del nombre social de esta aventura, Pinedo-Meneses, y veterana en esto de lidiar con sus vinos en una zona de larga tradición: estamos en Corcos del Valle, el corazón de la D.O. Cigales; aquí se elabora uno de los mejores rosados del país, el clarete. Las hermanas Ortega lo saben bien. Sus padres, dueños de unos viñedos familiares, les inculcaron la cultura del vino.
Sagrario trabaja como gestora administrativa en Valladolid, pero el destino hizo que su marido, conocido por su trabajo en unas bodegas de la Ribera del Duero, la animara a meterse “en este lío”, como dice ella riendo. Su hermana Beatriz siente estar lejos del “lío”: vive en Granada y no puede vivir tan de cerca el crecimiento de este Lubol que es sólo el primer apunte: Marisol nos dice que ya se están reuniendo para lanzar en unos meses Lubol Tinto, con denominación de origen de la Ribera del Duero, y Lubol Blanco, D. O. Rueda. Beatriz, ex azafata de vuelo, disfruta con la jornada campera. Excelente cazadora, casada con otro enamorado de la cinegética, lo mismo habla de sus viajes a África que de su vinculación a otro producto tan español como el vino: el aceite de oliva.
Monique es la bohemia del equipo, licenciada en Bellas Artes. Se dedica a la pintura y los grabados y, para ella, esta aventura es una nueva vertiente de su creatividad. “Y esto no ha hecho más que empezar”, dicen todas al unísono. Para ello, cuentan con el apoyo de sus maridos, quienes, mientras dura la sesión de fotos, preparan un almuerzo castellano: pan lechuguino, jamón, queso y chorizo. Todo regado, por supuesto, con un excelente vino.
ANATOMÍA DE UN ROSADO
Lubol Rosado procede de una selección de uva procedente de viña vieja, de color rosa cereza con matices violáceos que denotan su viveza.
En nariz se distinguen intensos aromas primarios a frambuesa y frutos rojos.
Con un paso de boca fresco, es glicérico, equilibrado y con un final largo . Se aconseja consumirlo de 8 a 10º C. www.lubolrosado.com.